“De dioses, los míos” | Filosofía

Todas las noches, antes de quedarme inconsciente sobre la cama, termino preguntándome a qué dios le rezo, o si acaso alguno existe, y en dado caso que exista, ¿qué dirá de mí, un piojo de la Vía Láctea? Es decir, si acaso este dios, o algunos de ellos, es o son amorosos, ¿me escucharán como un padre o madre? ¿Estarán atento de las cosas buenas y malas que haga? ¿Llegarán hasta acosarme entre pensamientos y deseos, lo más privado que puede tener un animal consciente? Digo, ¿no se les hace esto un poco asfixiante? O, algo más curioso: esto, además de lo delirante, es también muy humano, un constructo antropocentrista.

Solamente los seres conscientes son dignos del reino de los dioses.

¿Qué tal de las suricatas, lagartijas, pulgas y xoloescuincles? También son conscientes a su manera, ¿no? Difícil comparar de una manera demasiado cercana entre nuestra especie a las demás de nuestro parcial universo, pero, a fin de cuentas, básicamente somos lo mismo: átomos que persisten en dar círculos demenciales para dar vida a otros más átomos, así crear comunidades y construir moléculas, con estas se crean seres o minerales más complejos, hasta llegar a nosotros, luego a planetas, soles, galaxias, universos, megauniversos, metauniversos, parauniversos, protouniversos…

Y volvemos con las pulgas. ¿Irán al cielo también?

¿Y qué es el cielo?

Rezo, o me quedo en el acto de “querer hacerlo”, por ese sentimiento que ronda entre el vacío existencial y el deseo de trascendencia. Si la trascendencia está ligado a “subir”, o en otras palabras, “ascender en la escala evolutiva o espiritual”, y “sentirse mejor”, ir al cielo es como trascender, no obstante, sólo tu alma lo hará, no tu cuerpo, no aquellos átomos que dieron su energía para dar vida a todo tu complicado ser.

Entonces, elucubrando un poquitín más… Rezo para sentirme mejor, no exactamente para ir al cielo, porque, de algún modo ya estamos en el cielo, pero muy abajito de él. Rezar es terapéutico, ya que, en vez de un psicólogo apuntando tus decenas de complejos, y maldeamores, está uno o más dioses poniendo atención a tus desventuras humanas que con gusto algún día remediaran. Claro, con tu disposición y ayuda, porque de otro modo los milagros no se generan.

Pero… ¿Y qué tal si existen entes divinos, o extraterrenales, entre nosotros o más allá de nosotros? ¿Los podríamos comprender con nuestra consciencia humana?

… ¿Estarán realmente interesados en nosotros?

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