Como es arriba, es abajo | Filosofía

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El gran símbolo de Salomón

Si el racismo dependiera principalmente a lo que nuestros ojos ven (color de piel, facciones de la cara, complexiones e indumentarias), el humano fuera un ente meramente estético, fundamentado de un Todopoderoso que le dicta qué se ve bien, qué se ve mal.

Y este Todopoderoso bien podría ser un diseñador de modas cósmico.

Pero, aunque a veces sí tomamos en cuenta estos aspectos fisiológicos, la xenofobia va más allá de un simple mirar. Tenemos miedos al otro, a lo extraño, al misterio que creemos que no nos compete.

Regularmente el humano sostiene que el caos es un espacio de la preexistencia y su misión es generar orden con poderes divinos y mortales. Lo que no sea parte de ese orden, es parte del caos, del infierno, de esa oscuridad que nos apelmaza, ese lugar donde castañeamos con los dientes y vemos en tonos negros y azules, una zona meramente infernal y, por lo tanto, enemiga de nuestra existencia.

Cuando un humano se encuentra con otro humano con diferentes usos y costumbres, es casi como una relación de flirteo, donde dos razas de la misma especie se miran y dialogan para ver si son compatibles; en dado caso que la experiencia sea infructuosa, estas dos personas comienzan a morderse o categorizarse como infielesfariseos de su propia cosmogonía.

El miedo los cala, y la única salida es la violencia, la búsqueda del orden por medio de una psicósis desenfrenada que es acabar con la vida del otro hasta que el caos desaparezca.

Y el miedo también se esfume.

No obstante… Hoy en día, por más rubios o morenos que seamos, la gran mayoría de los humanos provenimos de un gen común, o genes hermandados, genes que nos hacen ser básicamente familia, lo queramos o no. No digo con esto que existió un tal Adán y Eva, o Ragnar y Grunilda, o un tal Popocatépetl con penachos en su cabeza y una Iztaccíhuatl entre sus varoniles brazos.

No.

Quién sabe de dónde provengamos, pero de lo que estamos seguro, es que entre nosotros podemos aparearnos, generar multitud de mestizajes, y al final, el producto que sale, que sale; sí; ese; ahí vene; ya vien…

Ese producto es… Es…

Un humano, un bebé humano, con una máscara a la que llamaremos “raza”.

Los filipinos vienen de los españoles; una multitud de tribus filipinas, como los bontoc, ibaloi, ifugao, isneg, kalinga, kankanaey y tinguian, y un montón más.

Los mexicanos, venezolanos, argentinos, ecuatorianos, peruanos y demás latinos venimos de los españoles. Nomas con los mexicanos y peruanos vemos la gran cantidad de mezclas que se han hecho entre varias razas precolombinas y coloniales.

En Europa los llamados barbar o bárbaros fueron godos, visigodos, mongoles y muchos más; del norte, este u oeste, pero todos tribus guerreras o pacíficas que en alguna etapa de la breve historia de la humanidad fueron víctimas o victimarios de otra civilización, fornicándose entre sí y al final, con o sin exterminio de alguna raza, se genera otro tipo de humano, con o sin la misma cultura… Y después este tipo de humano entra al ciclo sin fin del uróboros de la mezcla violenta del humano, donde sangre, sémen e ideales convergen para volver a caer en lo mismo.

Sería impresionante que un alto y rubio alemán de ojos avellanados se percate que tiene sangre mongól o persa.

O un americano que sea crea tan único e irrepetible, pero en su ADN toda la historia de la humanidad se cuenta entre sus cromosomas, y lo que en verdad lo hace único es que en su ser está todo nada al mismo tiempo.

Y nos volvemos a preguntar: ¿por qué el racismo? ¿Por qué el odio entre humanos?

Si como es arriba, es abajo… Somos uno, pero tendemos a generar factores para dividirnos y odiarnos, incluso a nosotros mismos, suicidándonos ontológicamente, anulándonos lentamente hasta que toda raza humana nos odie y desaparezcamos en la historia de la humanidad como los malos de la película.

¿Será que nos sentimos bastardos de nosotros mismos? ¿Será que nuestro Madre o Padre del código genético humano, existan o no, tengan que volver a nosotros para entendernos?

¿Por qué el odio?

¿Por qué la destrucción?

¿Por qué las ansias de mantener todo categorizando hasta hacerlo añicos?

Enre Eros y Tánatos la lucha persistirá hasta que el humano entienda que las dos facetas son la misma, son Uno, sin necesidad de adentrarse al misticismo ecléctico que se ha forjado desde hace añales.

Tan sólo el humano tiene que darse un tiempo, mirar las estrellas… Y saber que es una pulga en medio de un infinito ser cósmico, somos parte de él, pero existamos o dejemos de existir qué importa, sólo somos algo más que cambia su constitución energética y listo.

Como las estrelas y planetas que se abrazan en sus movimientos circulares para coexistir miles de millones de años, nosotros también deberíamos pensar seriamente en aprender de los astros y dejarnos de pendejadas y salir adelante como un Todo.

Pero si el Universo también puede ser violento en su constante creación espacial… ¿Será que el humano es el vivo reflejo de la muerte y vida de la eternidad cósmica?

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