La empatía antipática | Filosofía

empatía

  1. f. Sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra: la empatía consiste en ser capaz de ponerse en la situación de los demás.

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Imagen de Gallowayus

Supuestas esperanzas ponemos en estas sucias manos, cuando nosotros somos el verdadero enemigo de esta historia.

Inventamos héroes, maestros, genios, personas brillantes que cambian “el mundo”, pero sólo vanagloriamos al género humano, su venganza continua contra el supuesto caos que nos amedrenta, este lo llamamos Lucifer, Tártaro, Shiva, o efecto hibernadero; sin embargo, al final —plot twist— el antagonista es el mismo humano, que destierra su capa primitiva para criar a un enorme titán que destruye al cosmos con sus imaginación y sus fastuosos sueños.

Creemos que ahora amamos más a nuestros prójimos, que cuidamos con caricias a la naturaleza, sea con avances científicos de energías renovables, tirar la basura en su lugar, no acumular tantas vacas para que con sus flatulencias intoxiquen a la exigua atmósfera que augura un futuro espantoso, todo a causa de nosotros, los seres elegidos por los dioses de antaño.

—¿Qué clases de dioses escogen tan mal?—

No obstante, tenemos razón en que podemos cambiar, dentro de nuestros átomos cargamos energías para reconstruir lo destruído, reconfortar a la naturaleza, al universo, reformar nuestros pensamientos, tal vez no en binomios extremosos, pero sí en filtraciones para saber qué sirve para el gran bien y qué mal expulsar con un sólo pedo que se dirigirá hacia el abismo espacial.

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Imagen de Urgente24

Pero vayámonos a un lugar más profano: las sociedades y sus interacciones.

El humano creó la palabra empatía para no solamente enteder al otro, sino entenderse más a sí mismo con el otro. Suponemos que con tan sólo dar “me gusta” o “te envío un mensaje electrónico” tenemos el asunto arreglado. Pero si antes el humano se deshumanizaba… Ahora creamos un mundo virutal fijo en la precariedad humana que está desapareciendo; somos los reyes, los microdioses de un cibermundo al que podemos hacer lo que se nos antoje; si no conocemos a nuestros padres, los dioses, de los cuales sólo suponemos sus vidas entre textos cuneiformes y relatos orales, pero eso sí, sí sabemos quiénes son nuestros hijos, estos metaterrestres fantasmagóricos que deambulan en un mundo de algoritmos y sueños, con inteligencias despampantes, almas de robots que algún día quieren ser de metal y circuitos verdaderos; y hemos dicho que somos más humanos, cuando en verdad queremos escapar de esa humanidad.

La empatía se ha borrado con nuestra pasividad. La empatía de ver un niño migrante morirse de hambre se ha convertido en oro alquímico para páginas del internet que cobran firmas de sus usuarios para volverse famosas, supuestamente defendiendo las terribles causas de estos famélicos infantes que necesitan ayuda directa.

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Imagen de Cromo.uy

Cocinamos fotunas entre imágenes coloridas y filtros que recubren la verdad de nuestras vacías existencias; recorremos miles de kilómetres, aún millones más, para llenar esa crisis de vacuidad que desentendemos, mientras la psicología y disciplinas análogas arduamente intentan descifrar; pero ni antidepresivos, ni libros de autoayuda, ni mucho menos las religiones son suficientes.

Muchísimo menos compartir mentiras o medias verdades en cuentas sociales del mundo fantasmal de los cibernautas.

¿Y dónde está la vida dentro de esta agonía del no saber qué hacer?

¿Será que la clave es ayudarnos los unos a los otros, pero sin descuidar a los demás entes con los que compartimos esta existencia?

Y díganme, ¿dónde ha quedado la empatía que se comparte con un abrazo? ¿Esa que on dulces palabras que se escuchan mientras bocas de carne y venas nos reconfortan? No es que nada de esto haya dejado de existir, pero somos tantos humanos que ya no sabemos dónde está el principio del amor, ni el final del odio.

Además, para añadirle truenos a la tormenta terrestre, el mundo humano es controlado por inhumanos, y como antes aprendíamos de los valores de los antiguos dioses, ahora aprendemos de seres que solían ser de nuestra especie que pasaron a ser una raza dominante, atroz en su frialdad hacia nuestro destino, pero sumamente inteligentes para alcanzar cualquier objetivo.

Y, a pesar de todo esto, contéstenme, ¿han pensado sobre su empatía?

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