Esperanza redituable | Superación Personal

¿Has pensado que todo se acaba de la noche a la mañana? ¿Que los sueños sólo son parte de nuestra superviviencia contra la crisis existencial que nos acecha?

¿Te han llegado más preguntas que respuestas?

Se dice que los dioses antiguos crearon la esperanza para los humanos como una maldición, pero, como ningún dios ha sido perfecto hasta en nuestros tiempos, esta jugarreta les salió remal, un revólver que disparó por la culata, mientras el cañón se mantuvo frío, aunque letal.

La esparanza es un arma de dos filos: para la gente honrada con cierto grado de sabiduría puede ser una virtud, la cura de todo mal; en cambio, para aquellas personas con una energía sumamente negativa, narcisista, egoísta, y de tendencias caóticas, es el cáncer que necesitan para traspasarlo a otros seres, sean de su raza o ajenos a ella, contaminando el universo con su convulsa existencia que se enfoca más en destruir que construir.

La esperanza.

Bella mañana.

Dulce miel.

Nepente para los pacientes.

Si pensamos en el desagrado que le tenemos a la vida, posiblemente la vida nos pague o cobre con lo mismo,  una malversación de la energía, deprimiéndonos hasta la médula. Sin embargo, el que quiera encogerse, se encoge.

Pero para el que quiere seguir, soñar, y actuar, la existencia se volverá el teatro con la historia y final que más o menos nosotros representemos al compás de nuestros pasos, pasos que solamente la esperanza dan fuerza, comustible del destino que queremos pavimentar en aquel recorrido que creímos pesaroso, ahora honroso.

No obstante, la tristeza, el enojo, las perversiones y los fracasos son parte de nuestro ser, sea este binómico o superior a ello; tenemos un caldo cuajado con miles de ingredientes, pero nosotros decidimos cuáles son los que les darán más sabor a la suculenta sopa, sea esta amarga, dulce, salada, ácida, o agridulce.

Podremos esperar que todo tipo de advenimiento suceda; incluso podemos tomarnos un café mientras el mundo se acaba afuera de la ventana, pero es nuestra la responsabilidad que las esperanzas se enfoquen en un mundo útil, postivo, constructivo, mágico, fático para nuestros logros, no para nuestros ogros.

Si sientes que tu vida llega a un fin, olvídalo, eso no lo tendrás tan seguro, no eres vidente ni un anacoreta bendecido por lso dioses, no, aun con una enfermedad terminal no puedes predestinarte, porque, vaya, en lo único que tú decides es qué sentir en los últimos de tu vida, y tener la esperanza que en ese punto-y-final seas feliz por todo lo que lograste y no por todo lo que no hiciste.

No le tengan miedo a la esperanza, tampoco la utilicen como una herramienta narcisista para malograr su vida, sino como un elemento altruista que tal vez algún día cambie la vida de nosotros y del universo entero.

Tómense un cálido y rico té. Respiren. Dejen su mente en blanco. Y hánganle caso a la diosa de la esperanza, otra de nuestras tantas madres que nos quieren dar ese amor incondicional que nunca sobrará.

Mediten.

Algún día verán —o veremos, me incluyo— lo redituable que es mantener la esperanza a que llegue un mundo mejor.

Abrazo para todos.

Paulo Coelho Sonriendo

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