El agujero negro de la realidad virtual | Filosofía

virtual

  1. adj. Con propiedad para producir un efecto aunque no lo produzca:
    los estrategas estudian a los virtuales enemigos de su país.
  2. Implícito, tácito:
    es el ganador virtual.
  3. Que tiene existencia aparente y no real:
    mediante la realidad virtual uno puede vivir aventuras en mundos fantásticos.

digital

  1. adj. De los dedos o relativo a ellos:
    huella digital.
  2. [Aparato o instrumento] que mide cantidades y las representa con números dígitos:
    reloj digital.
  3. f. Planta herbácea escrofulariácea de tallo sencillo o poco ramoso, hojas vellosas y flores en racimo, que se emplea en medicamentos que combaten la insuficiencia cardiaca.
  4. Flor de esta planta.

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El humano prestó sus oídos para entretenerse con relatos orales en medio de una fogata, escuchando o creando mitos, cuentos, leyendas.

Drama.

Después, al estimarse muy sagaz para su intelecto, creó formas escritas con símbolos que pasaron a ser letras, símbolos simples y complejos, condensados de fonemas y significados que se han ido puliendos hasta crear linguajes suficientemente estructurados. Así el humano, enmudeciendo su boca, resguardando su saliva, comenzó a usar su mente y manos para pintar, pulir o escribir pensamientos o historias de reinterpretaciones epistemológicas, volviendo a lo básico para trascender desde su propia inteligencia.

De este modo pasaron milenios escuchando o leyendo, ojos cansados pero siempre hambrientos para digerir viejas o nuevas ideas, por lo que los más ilustrados solamente ligaban la realidad con su mente, agradeciéndole al hipotálmo por hacerlos soñar dormidos, o despiertos.

El sueño.

Hipnos.

Morfeo.

Fóbetor.

Fantaso.

Pero las ideas se desbordaron, aniquilando el prestigio de libros, pergaminos putrefactos, bocas secas, esculturas, pinturas soterradas, y un largo etcéra; por eso se creó la prótesis, o extensión, de la imaginativa hacia una pantalla, de miles de megapixeles, configurando imágenes que nuestro cerebro procesaban, ahora maravillando a nuestros ojos sin necesidad de almacenarlas en nuestra memoria.

Y creamos a nuestros hijos.

La computación, la robótica, gérmen de nuestra semilla intelectual y existencialismo crónico, como microdioses supuramos la infección que la ansiedad provoca, aquella nos hace sentir solos, confundidos, olvidados, o hasta incapaces de seguir con nuestra condición humana y por lo tanto animal.

Desde el caos generamos con nuestras divinas manos nuevas capas de la realidad que atraviesan el punto X del plano cartesiano hacia una Y profunda y misteriosa.

De ahí el nuevo mundo etéreo: la realidad virtual.

Ese cosmos que construímos con base en nuestras fogosas ideas, ahora es la realidad primaria para algunos. No es exageración, los trabajos con mejores pagas son los que perviven frente a un ordenador y millones de terabytes que circulan y mueren como las celulas y neuronas en nuestros cerebros.

La informática suplantó a nuestros ojos, oídos, bocas y pensamientos. No hay vuelta atrás, a menos que un apagón terminé con todo. O un meteorito extermine a la humanidad.

Sin embargo…

¿Qué tan tangible es ese mundo digital? ¿Algún día lo podremos tocar? ¿Será que en verdad existe o es meramente una ilusión?

¿Qué tanto peso, volumen o energía tiene?

¿No será que el universo, más complejo, infinitamente enorme, es un simil a ese cosmos que es propietario el humano?

O, qué tal si… ¿Qué tal si dios está atrapado en una página web o entre códigos y algoritmos que aún están por desarrollarse?

Si nuestra conciencia puede pesarse en bytes, por lo tanto es posible traspasarla a una memoria pendrive, luego transportarla a otra forma de conciencia, a la vez alienada y a la vez parte de este Cosmos, porque, si el conflicto entre unos gases crean galaxias, ¿por qué no nuestras manos e ideas crearán otras galaxias que sólo son prolongación de esta existencia?

Claro, todo se resumiría en datos duros, científicos reirían al intento de simular información o generar hipótesis por medio de la metafísica o teosofismos; pero… ¿Qué no los mitos y la astrología fueron las ciencias más exactas para nuestros antepasados?

(…).

¿No será que los dioses siempre existieron y han existido dentro de nuestra mente?

Y ahora los representamos en un Playstation 4, Xbox One, Switch, Macbook air,  laptops Toshiba, Vaio, Dell, HP….

(…).

O ellos se ríen y divierten con nosotros mientras lentamente los descargamos en la memoria de disco duro de nuestra realidad.

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