La procesión del virus Conciencia | Filosofía

conciencia

  1. f. Conocimiento que el ser humano posee sobre sí mismo, sobre su existencia y su relación con el mundo.
  2. Conocimiento detallado, exacto y real de algo:
    conciencia social, medioambiental.
  3. Capacidad de discernir entre el bien y el mal a partir de la cual se pueden juzgar los comportamientos:
    remordimiento de conciencia; tengo mala conciencia por haberle mentido.
  4. a conciencia loc. adv. Rigurosa y detalladamente, sin fraude ni engaño:
    hizo una limpieza a conciencia de toda la casa.

— WordReference, Online Language Dictionaries


La conciencia (del latín conscientia, «conocimiento compartido», y éste de cum scientĭa, «con conocimiento», el mismo origen que tiene consciencia, ser conscientes de ello) se define, en términos generales, como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno. También puede referirse a la moral o a la recepción normal de los estímulos del interior y el exterior por parte de un organismo.

— Wikipedia, La enciclopedia libre


virus

  1. m. microbiol. Microorganismo de estructura simple, constituido por ácido nucleico (ADN o ARN) y proteína, que necesita multiplicarse dentro de las células vivas y es causa de numerosas enfermedades:
    la gripe y el sida son enfermedades causadas por virus.
  2. inform. Programa que se incorpora a un ordenador a través de disquetes u otros sistemas de comunicación, y que se ejecuta automáticamente en determinados momentos modificando o destruyendo los datos contenidos en el ordenador:
    siempre compruebo que los archivos que introduzco en mi ordenador no contengan virus.

— WordReference, Online Language Dictionaries


En biología, un virus​ (del latín virus y este del griego:ἰός «toxina» o «veneno») es un agente infeccioso microscópico acelular que solo puede multiplicarse dentro de las células de otros organismos.

Los virus infectan todos los tipos de organismos, desde animales, hongos, plantas, hasta bacterias y arqueas. También infectan a otros virus; en ese caso reciben el nombre de virófagos. Los virus son demasiado pequeños para poder ser observados (…).

— Wikipedia, La enciclopedia libre


Teniendo en cuenta la UN POCO EXTENSA información conceptual de las dos palabras claves para esta breve plática —Conciencia y Virus—, al menos se intentará “orientar” esta lectura, sea porque aquí el viaje será tortuoso; y no es que en sí el tema sea complicado, sino porque su servidor tiende a divagar o llenar sus textos de maravillosos anacolutos.

(…).

Bueno.


Desde un más allá, o un más acá, una oscura procesión serpentea como una caliginiosa muchedumbre llena de estelas e ideas…

Así emite un canto monótono a algunos oídos, pero a los más finos, esta comitiva lanza múltiples tonos compuesta en una armonía perfecta, o catastrófica si se le escucha de más cerca…

Y allí convergen el todo y la nada, generando luz y sombra, fractales tornasoladas que de vez en cuando infringen las primitivas normas que conocemos como leyes de la física… Y para eso existe… Para seguir… Seguir… Y seguir…

Hasta que una parte de ella se desprendió creando una anomalía, o más bien un radical libre que siempre cierta temporada sale para crear galaxias, universos o realidades… O conciencias.

(…).

Un día cierto animal mamífero similar a nosotros cambió su dieta y poco a poco notó las diferencias dentro todo su ser; sus células se amontonaron para debatir sobre qué hacer con esta nueva manera de alimentarse, pero súbitamente “un espíritu” poseyó a una célula, esta se dividió creando a otra, diferente a ella, aunque más compleja, caótica, sin embargo, demasiado intelectual para su gusto. Así este virus mutagénico se esparció por todo el reino celular, hasta que…

Este animal sintió una punzación en alguna parte intangible de su vida, tal vez se somatizó, quién sabe, pero lo seguro es que este mamífero le tocó la coincidencia de estarse lavando la cara, puede que para expiarse de ese dolor tático, como una pena que llega sin previo aviso, la cual se queda y sacude sin piedad.

Y sus manos abrieron la puerta a un claro reflejo desde el agua: he aquí el pre-humano, el animal que se percató de tener dos manos, dos ojos, cejas, cabeza completa; también se acomplejaron los sentimientos como la sorpresa, admiración y meditación. El pre-humano se autoconcientizó. El pre-humano se percató de su conciencia, aquel individuo que desde sus células se disputó un poder magnánimo que nadie pudo contra él.

Primero el susto por la sorpresa; luego la admiración por la curiosidad; por último la meditación que tomó como filtro a la filosofía, el traductor principal de nuestra conciencia, de la cual automáticamente nos sentimos propios, nosotros de ella, o ella de nosotros.

El virus no nos mató… Pero nos convirtió en un ser aparte.

Aun cuando ese pre-humano se sentía distinto, todavía su cuerpo estaba presente: su aparato reproductor clamaba atención; sus intestinos orquestaban un llamado a la ingesta o depuración de ésta; él o ella veían con sus ojos, porque ellos se asumían como los principales espejos de aquella compleja y complicada realidad hermandada de su conciecia; así es como el pre-humano reconoció que su ontología formaba parte de la naturaleza, aunque esta lo confundía y lo hacía sentir una fiebre existencial que hasta la fecha ninguno de sus sucesores ha sabido curar en su totalidad.

Pero como todo ser mamífero social, siempre a la vanguardia de no sentirse solo y sobrevivir por medio de algún tipo de reproducción, el pre-humano sintió las ansias de inmortalidad porque sabía que el reconocimiento de su conciencia será infinito, así que, como todo buen portador del virus, el pre-humano esparció su conciencia por todos sus congéneres, esta misma patología existencial que tanto era virtud como vicio la reprodujo por medio del habla y la carnalidad, un don y una enfermedad, para que esta no acabe hasta que en verdad tenga que acabar, si es que esta odisea metafísica tiene alguna conclusión.

Porque si la conciencia es infinita… Su camino no tendrá fin.

La conciencia es vivo reflejo del Universo, ese todo que es una nebulosa que resguarda un eterno misterio por resolver; ahora somos los hijos del pre-humano, los humanos, los detectives que tienen como misión encontrar respuestas a este caso siniestro que es no saber nada y por eso hay que encontrarle sentido, propósito y, tal vez, fe. ¿Fe a qué? El humano, ser numenoso, sea por su conciencia virulenta tiene el mandato místico de ser el inspector holístico de lo que le rodea, porque hay una voz etérea que le dice “Busca el significado, busca el significado, porque dentro de él está el propósito”,  y así, junto a la conciencia, tergiversó ideas, palabras, mundos.

Existen las conciencias naturales, sociales, religiosas y científicas.

Y las caóticas.

Este amasijo de poder concienciador creó familias, tribus, sociedades, minutas o mayúsculas civilizaciones que se desarrollaron por medio de casi todos los tipos de conciencias, estas en constantes procesos evolutivos, sea porque la bendita conciencia religiosa casi siempre ha sido el principal anti-viral de esta infección, por eso siempre ha tenido que haber un balance, si no un escabroso oscurantismo comenzará estancar temporalmente al género humano.

Y entre conciencias chocan, convergen o se eliminan.

Como un sanguinoliento rituo de pasage, las conciencias pasan por procesos de añadimiento o desprendimiento, por eso las disputas políticas, batallas comerciales o  catastróficas guerras.

A fin de cuentas, el humano es humano, sus sentidos y mente son catalizadores de conciencias, la filosofía su filtro dentro de la sinapsis, luego el silogismo, después la epistemología; somos imanes o satélites de conciencias, tenemos las mismas funciones y propósitos, pero a nuestros ojos nos vemos con diferentes marcas (razas), creyendo que somos ajenos del uno del otro, no obstante, somos lo mismo, provenimos de los mismos elementos que la gran mayoría de este mundo de seres vivos y no vivos contienen: carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, sulfuro y fósforo.

La conciencia puede ser una herramienta constructora o un arma destructiva, semejante a un clavo y martillo, o una bomba atómica llena de ideas contradictorias con el objetivo de aniquilar otras conciencias para prevalecer ante las demás.

La conciencia ha sido una terrible procesión que nunca terminará.

El humano tiene una gran responsabilidad mientras se confunde entre conceptos y patologías psicológicas. Sea con antropocentrismo o universalismo, es irrefutable su posición como portador de la conciencia que ha cargado por milenios, y si acaso algún día se comunica con una ser similar dentro o fuera de esta galaxia, tendrá que comportarse de manera sensata como humilde para formar parte de este universo sin anteponerse a él.

Porque, hasta que nada “superior” venga a decirnos lo contrario, somos parte de este todo y lo más probable es que seamos otros subalternos de esta creación.

Nada más.

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