El Gatopardo y la política poco «polite» | Política

 El “gatopardismo” o lo “lampedusiano” es en ciencias políticas el “cambiar todo para que nada cambie“, paradoja expuesta por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957).

Wikipedia, la enciclopedia libre.


“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

“¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”.

“…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.

Fragmento de la novela El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.


“Plus ça change, plus c’est la même chose” (cuanto más cambie, es más de lo mismo)

Alphonse Karr (1808-1890.


Polite = Políticamente correcto, o ser buena onda con modales.

Yo, intentando traducir algo in inglich.

Pasa por una noche acogedora, allá en los montes regios, a lo alto donde las nubes zumban silenciosamente, el Gatopardo expande su pecho jaspeado y ruge como un gato.

Posiblemente creerías que este animal rugiría como un león o pantera, pero más bien te dan ganas de ofrecerle unos Whiskas y llamarle Misifús II. Hasta ganas dan de ponerle un collarcito, llevártelo a casa y grabar vídeos sobre sus ocurrencias.

Pero no, este Gatopardo es un animal feroz desde sus entrañas, si te acercas a él te aruña, incluso si se topa con tu cadáver lo comería sin remordimiento alguno, ya que, como todo felis silvestris catus, a fin de cuentas piensa en él y su supervivencia, tú sólo serás un medio que lo apoye o le obstruya en su camino lleno de placeres felinos.

(…).

Hoy en día los líderes del mundo humano giran entre las facciones ultra derechistas, o solamente son los nuevos radicales porque carecen de trato cordial o humanista.

El humano se enfadó de ser humano, o está harto de deshumanizarse, en ambos casos busca siempre la respuesta más radical: optar por lo opuesto, por el otro lado del binomio, deconstruyendo sus concepciones para así volver al ciclo sin fin del gatopardismo o lampedusianismo.

Ultimadamente, sólo le damos la vuelta a la tortilla con la que comeremos el mismo taco.

(…).

¿Habrá otra manera para un verdadero cambio? México pende de esta intriga, entre si este fenómeno presuntamente necesario se efectúe. En EUA la cosa no es tan distante, hace dos años se optó regresar por la derecha republicana después de tantos años de una izquierda democrática rancia, y esta fue suplantada por una xenófoba, incordial, impulsiva, prepotente, materialista y nacionalista; en Italia igual o peor, sin atisbo de una lógica bien planteada, izquierdas con derechas que se juntan para cambiar más las cosas y así dejarlas igual.

Ups, esto último también pasó en Mexico, con la segunda potencia política del PAN-PRD.

Y sigue igual.

Del mismo modo pasa con las religiones, guerras y las ya mencionadas ondas políticas: es un fastidioso ciclo inmortal que nos ahoga en el mismo vaso de aguas negras que se han vuelto nuestra placenta, esa sincronía fatídica que no nos ha dejado “salir”, no nos suelta y posiblemente no nos dejará en paz por muchas décadas o siglos más.

Y lo importante es que castramos nuestro aprendizaje para satisfacer nuestras emociones o placeres. Aprendemos lo aprendido pero lo olvidamos, o aprendemos y escondemos nuestro aprendizaje.

Los republicanos, el PRI, el PAN, La Liga del Norte, sionistas, demócratas rancios, izquierdas derechistas, la putrefacta monarquía de algunos países europeos, en especial la española, el Estado Islámico que rememora a los yihadistas de los tiempos de las cruzadas; a todos los pones en una misma olla, los calientas por horas, días, no importa el tiempo, porque al final todos saben igual, la diferencia radica en la obstinación de cometer errores ya cometidos, o equivocarse como si no hubiera una guía en la filosofía e historia para tener cierto éxito.

Se puede pensar que la ciencia y tecnología avanzan a la par, en una corriente paralela pero distante a la evolución psico-histórica del humano. ¿Irónico, verdad? No obstante, qué importa si muchos genios se juntan para descubrir la vida eterna, automóviles voladores o  saber dónde se localiza el paraíso hebreo o hindú, la cosa es que todo es representación de la mente humana, filtro y esencia con la que proyectamos la realidad con base en interpretaciones filosóficas y trastornos psicológicos; si un arma es un arma, es porque la conciencia del humano sigue siendo violenta y destructiva, en contrastante balance al altruismo y actitud constructiva.

Conciencia.

Conciencia de nuevo.

El Gatopardo tiene una actitud que nunca muere, más inmortal que los dioses del Olimpo que beben al son de los músicos de Baccus, y esta es la necedad de creerse superior, la cualidad de ser narcisista experto en disfraces.

El mismo vampírico narcisita que nunca muere, el Gatopardo que siempre volverá a nuestras sociedades, mientras nosotros lo alimentamos, aun cuando desgarra nuestras pieles con su voracidad, todo porque su semblante nos parece cute.

Vaya conciencia.

Y la pregunta es… ¿Qué nos hace ser mejores o más “aptos” para vivir en este universo?

(…).

Ah, esta demagogia.

(…).


PD: Amo a los gatos.


PD 2:

Resultado de imagen para karl urban star trek
¿A poco Peña Nieto no se parece a Karl Urban?

 

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