El descarado | Cuento | Política

I

[Qué congoja es tener todos los días que lavar el carro sólo por unos pesos que ni para la soda de mi torta diaria alcanzan… Yo, por eso, me he convertido en un sexo servidor pruactivo… ¡Bueno, bueno! Así me dijo que debería de ser mi manayer. Él tiene mejor láxico que yo.]

[¿Así le empezamos?]

[Órale pues.]

[La cosa no es nomas andar de aquí y allá taloneando ¿no?, o que “Mira, esta ‘ñora anda necesitada de un siemental como tú” o que tienes mucho verbo, a las doñas, morras, les encanta, o  en medio de una pachanga te encuentras una rica changa y te paga los tacos de cabeza de la mañana siguiente después del cogidón de su vida; no, no, nada de eso, la mera onda es establecerte como un negocio prendedor, o encendedor, o como se diga, una de tantas palabras sé de mi manayer; así con todo y lujo de decir “Aquí pura calidá”, uno se encuentra su manayer, o sea, un compadre que te haga el paro con el jale, o te ayude pues, pa’ que me entiendas, en conseguir chamba, clientes y publicidá, etcétera, para que uno trabaje día y noche… Yo, por lo pronto, como soy muy laborioso, trabajo todito el día, sin escatimar la hora.]

[Y me la paso a toda madre.]

[Eso sí, chole con que mi ex vieja me quitaba mucho tiempo. Nanais, pura madre vuelvo al hoyo de una sola coneja.

[Nel.]

Ahora me encuentro como esa abejita que va de flor en flor, pero ayudando a satisfacer los hoyos de mis clientes, al mismo tiempo que haciendo lana… De la buena, uan jandred percen legítima, ¿qiúbo?…. Y así la vida, así las cosas; no me ando con tabures de que disque está mal eso de vender tu cuerpo por dineros, que el pecado y el infierno, que la sida o la herpes, no… Al fin y al cabos todos nos vamos directitíto al infierno, con todo y trapos, y si Dios manda, hasta con botas y una sits de wait card, mi preferida, porque esa la conocí en Tijuana en tiempos de cuando era ayudande di obra.

[‘Íñor.]

[Pues fíjense que no les cuento a diokis esto, porque todo tiene un por qué y un por cuál. Cómo no.]

[Pus, pus… Un día, como otros, yo andaba ahí tirando barrio con mi compadre Toño, mi manayer… ¿No hay pedo si digo su nombre? … Bueno, de todos modos ya saben qué pasó, ¿no? … ‘Tá bueno… Pues cuando dos que tres polis que ya conocíamos, que por cierto, muy corruptos los jijos de la chingada, llegaron y que preguntaron qué estamos haciendo en un lugar público, luego que llevamos todo el día haciéndonos pendejos en una esquina o frente del mercado, y una sarta de molestias que contestamos con risas y el típico “No sean así, mis chotitas”. Pa’ acabarla de fregar andábamos bien motorolos, así se aguanta la jornada, pero nos vinieron con “No los vamos metemos al bote y los mandamos a violar si nos hacen un favor”, y que les responde mi Toño “No la chingues, capi Tiburcio, si mi compadre hace favores que yo le consigo, ya se la sabe pero todo por un precio módico, no nos pasamos de verga y hasta damos a tiempo el moche. La chamba lo que es”; anque no hubo respuesta, pero sí un carón por parte del Tiburcito, el más tronador de los chotas que estaban ahí, yo ofrecí este ingenioso plan: “Sobres, un favor pa’ ustedes, ni modo, ya me he cogido y me han cogido unos que otros güeyes, ya que, pues, favores siempre hacen falta”, pero en cambio recibí un trompazo, no tan fuerte como antes me los ha dado, porque se notó que nomás lo hizo el tal Tiburcio porque no andaba de humor, o… ¿Será que soy muy bueno para aguantar golpes? Que en mi chamba me han surtido algunos, eso sí, por una cuota adicional, of cors.
[Y pues… ¿Qué más? Ah, este, el oficial, él se dirige a mí y me sentencia más o menos con “No digas esas mamadas, maricón, anque te la des que te rifas a medio mundo, estás más
feo que la chingada, no somos putos, y el favor no es para mí, ni para un oficial, pinchi baboso. Si quieres que te demos permiso para que trabajes en el centro,
acompáñanos de una vez y no abras más el hocico, que te apesta”.]

[Bueno, yo me cepillo los dientes de perdida una vez al día… “¿Cómo que no me lavo los dientes?”, eso pensé en ese mero momentito.]

[Y mi error fue que le acepté el favor, pero hubiera sido mejor que me dejara violar por un firumancio en el bote. De todos modos… Ahí lo vi justo y necesario, como si fuera casi acto de la divina providencia. Por supollo que mi compadre Toño no me
dejó atrás, me acompañó, ya que él era más interesado que yo por la lana, porque hasta a veces cogía por amor al cogiarte… Y pues, por qué no decirlo, de todas maneras ya se sabe todo, pues, mi compadre tenía toda una tropa de prostitutas y putos, pa’ que me entiendan que hay de los dos géneros, muy open mainded, equitativo el pedo, cero de esas madres de patriarcado o matriarcado, todo para la banda que quiere trabajo digno…  Pues fue con el pretexto de estar seguro que yo estaré bien y que la madre… Aún más sin embargo es lógico que es para hacerse purita publicidad de su trabajo, porque al chile, a veces le valía madre que amaneciéramos todos zarrapastrosos o moreteados por la clientela.]

[Así es este Toño, muy prendedor.]

[Bien bien… La caso siguió de inmediato, estos polis estaban requete apurados… Que tomamos esta calle, luego otra que estaba tupida de carros, eso que ya era de noche, después un bulevar y dejé de mirar más porque me di cuenta que Toño se había
camareado a los polis con destreza… Muy lelocuente… ¡Aaah! Qué buenas pero graciosas palabras me enseña mi compa Toño.]

[Cómo lo quise.]

[Nos encontrábamos casi fuerita de la ciudad y el chofer, creo que se llama Alfredo Benítez o Alberto Manríquez, no sé, la neta no me acuerdo, la cosa es que este poli estacionó el carro enfrente de una casa color beich de un piso… Y simón, ahí nos bajamos del carro policía, Tiburcio mantenía un carón que ni ganas de decirle que tenía un moco colgando en la nariz… El capi Tiburcio mandó al otro poli, un tal Alfredo, a que sacara algo de la cajuela, este era uno moreno con ganas, más o menos como yo, sólo que
yo soy más sexy… ¡Aaah! … Y pus este fue a que sacara algo de la cajuela, esto de la
cajuela lo sé porque se lo dijo con la mirada, y lo seguí al mentado Alfredo como cámara de cine hasta que sacó una bolsa de plástico grueso… Rapidito el capi Tiburcio me toma con violencia de un brazo, luego a Toño lo empujan hacia donde nos llevaban,  hacia dentro de la casa, como si nos hubieran secuestrado o reptado, bien loco… Creiamos que todo bien y esas madres… Pero nel… Yo por mi parte casi me cagaba los pantalones, anque soy valiente, bien vergas, pero no conocía bien a ese Tiburcio, ya me habían dicho que está medio mal del coco y está bien dentro del narco… Yo con el sexo servicio me quedo… O quedé.]

[Adentro de la casa todo parecía estar entre ordenado y desordenado, porque la cocina estaba más limpia que las nalgas de un morrillo pipirisnais, pero la sala de la entrada estaba llena de colillas de cigarros, bachas de la María Juana, y en la mesa una bolsa de… ¿Lo digo? Ya pues, también todo mundo lo sabe que los chotas son muy pericos… Para qué tanto misterio, ¿no? … Era un cochinero… Parecía que hubo un fiestón, hasta había bolsas negras, esas que dan en los expendios para los sits pacs y demás ondas que  una buena pachanga amerita… Lo que me dio un chingo de miedo es ver en unas sillas dos
cuernos de chivo más arregladitas que unas quinceañeras… Nos sentaron a mí y a Toño en un sofá que apestaba a pacuzo… ¿Qué es pacuzo? ¿A poco no sabe? Mira nomás, le falta calle… Significa patas, culo y zobaco, PA-CU-ZO.]

[Pa’ acabarla de amolar otros polis estaban ahí, y nos preguntaron si queríamos coca, de la que se inhala, les dije a los polis que no, no ubstante Toño sí quiso porque a este güey sí le mete a todo, menos jeroína, lo cual lo puso muy prendido al cabrón, los ojos muy abiertos y sacándole más curas a los polis cuando se volvieron a calmar… O eso creía yo.]

[Pa’ esto Tiburcio desaparece por un pequeño pasillo que daba a un cuarto hasta el fondo de ahí; abre una puerta, se cierra de prisa, se escucha como que algo cae en seco, dos
veces requte repetidas, y con cada golpe los otros dos polis que se quedaron con nosotros se quedaron calladitos, como que incómodos… La onda ya estaba más que rara con decirles que la zona en la que estábamos era en las orillas de la ciudá, donde el desmadre más cabrón pasa… Y la cosa se puso peor cuando al rato volvió Tiburcio con su típico carón y las manos hinchadas y con costras de sangre, tanto que no parecían de él… Después el capi Tiburcio se fue pa’ la cocina, donde dejó el tal cabo Alfredo la bolsa de plástico gruesa, este tomó esa bolsa, la tiró y luego la abrió en una mesa de
centro: un uniforme de policía, uno parecía que era más o menos de mi talla, los otros pura madre; levantó el de mi talla hacia el aire… Lo vio por un rato, después otro rato a
mí… Ahí merito supe que yo tenía que vestirme ese uniforme policía y pensé que esos polis quería que los agarrara a macanazos… ¡Con mi macana! ¡Aaah! … No, no, la neta creía que tal vez un importante poli pervertido estaba dentro de la casa y este loquito quería cogerse uno de sus similares, típico de muchos clientes que son muy creativos, y como yo tengo dotes de actor, pos me salía muy bien la chamba… Ojalá hubiera sido así; pero madres, que fue por otra cosa…]

[No se pidió de favor que me engalanara con un traje de policía, no, no, le afirmo que no, para nada; me exigieron con boca cerrada y ojos de matón que hiciera lo que tenía que
hacer. Hasta creí que de a tiro les caí bien mal, sólo por ser sexo servidor medio de baja calidá, mientras mi manayer tenía toda la fortuna de hasta contar chistes colorados con ellos y empolvarse a lo pendejo… Nervios, nervios sentía…. Nada cómodo, nada tranquilo…. Estos pinchis chotas te hacen sentir eso todo el rato.]

[La onda que sigue no está para puritita madre suave, me cae de a madre, es algo que cambió mi la vida y también las ganas de salir a rifármela en las calles… Yo sé que es lo que más quieren oír, ¿verdad? Pos aquí también les va… Pa’ eso estoy aquí.]

[Yo ya iba pomposo a que me fusilaran o me dieran una sarta de macanazos o lo que sea que tenga que ver por haberme trajeado de poli; que por cierto me encueré enfrente de los cabrones estos, parece que hasta les gustó el shou cuando me vieron como diosito me trajo… Seguidito se dispusieron a llevarme casi de mano sudada hacia el pasillo que anteriormente Tiburcio se metió a remeterle a alguien unos buenos chingazos… Me lo había imaginado bien todo antes de entrar a ese méndigo cuarto, como si fuera vidente de esos que te leen la mano y ya saben que tu vieja se cogía al vecino desde mayo del año antepasado.]

[En el fondo del pasillo había una puerta, como un cuarto escondido, oscuro, ni una ventanita en las cuatro paredes, como para armarse unas pinchis pasadas que el malviaje no se quita o coger a lo pendejo sin vernos las carnes… Me detienen justo delante de la puerta, que era blanca, pero bien madreada, y Alberto Benítez, o ese vato, poli, el chofer pues, se mete junto con el oficial Tiburcio, luego cierra, mientras otro cabrón que pa’ nada recuerdo su nombre se quedó con mi mánayer, y yo a penitas pude ver que había un bulto tirado en el suelo, y un bulto vivo. Ahí que mis pelos estaban filosos, me estaba cagando de miedo, así meritas palabras; comí muchos
tacos de cabeza con mucho chile en la mañana para andar al cien, pero me salió contraproduncente, porque ahora andaba bien topo, más por el pinchi culo que tenía, culo macizo.]

[Me esperé un tiempesito y dije “Ya ni la chingan”, lo cual se me salió sin querer eso con la boca temblorosa. Sale de vuelta el tal… Ése, el chofer, me hace con el dedo; este dedo,
el que le dicen índice… Bueno, el que sea, pues, y que me meto al cuarto de a buenas porque parecía baboso esperando afuera con la puerta abierta… Todo estaba muy oscuro; pero me ya me acuerdo que sí había una ventana de gota de agua que estaba casi pegada al techo, hacía que se metiera un poquito de luz, no estaba tan oscuro el lugar como me lo imaginaba.]

[Y así pude ver que el bulto que se encontraba tirado en el suelo era un joven vendado y esposado, de no más de veinte años, bien madreado, madreado a chingazos en la cara, se notaba por la boca partida en gajos, un ojo que de seguro parecía más un
pinche culo de gorila por lo negro que estaba… ¡No’ombre! Quería echarme a correr… Tenía miedo que ese morro me viera, que me cachen y a los pendejos culeros de estos polis y que me crean policía también, ¡no! Yo que sólo culeo o me culean por dinero, nada que ver, nada que ver.]

[En eso, chingado, el pinche Tiburcio le da una ligera patada al morrillo en el muslo, pero no responde el morro, como que estaba inconscistente. ¿Inconsssciente? Simón, eso… Entre capi Tiburcio y el chofer se dijeron cosas despacito, algo así de “Este pinchi mamón está más madreado de lo que les pedí a los otros hijos de la chingada”, mientras el chofer le respondió con una sonrisa en la boca “Chinguesu, pobre morro, pero la
que le espera, ya lo había amenazado el gobernador”.]

[Escuché “Gobernador” y quise darme la vuelta, pero estos me cacharon en media acción e inmediatamente me agarró Tiburcio del brazo y me dio un sope el condenado. Me amenazó con voz bajita “Mira cabrón, así está la cosa: tú eres un puto, un pinchi-coge-todo-que-se-le-acerca y ahora te vas a coger a este morro, pero te lo vas a coger duro, que le duela al puto” y yo entre tartamudeos le contesté “Pe-pero no está chilo mi oficial, este morro está hecho pedazos, ap-parte que no le hago a las violaciones, no es mi pedo” ¡Y ZAS! !Que me lanzó un golpe en el estómago y me saca todo el aire y un pedo! … De suerte el cerote no se me salió.]

[Me quedo tirado un rato en el suelo un buen pinchi dolor… Este poli Tiburcio era un hijo de la chingada bien dado y los chingasos que daba eran de acero… ¿Qué me dijo despuesito? Pues me dijo “¡Para que se le quite lo pendejo! Usted se lo va a culear todo, porque nosotros no queremos hacerlo, aunque tal vez otros lo hubieran hecho con mucho gusto; estos policías que te trajeron aquí no tienen ni la pizca de ser jotos como tú, cabrón”, tomé aire, respiré hondo y creo que me tragué orines y caca del suelo, de seguro el morro ya había estado días en ese cuarto que parecía de película de terror.]


II

«“¡Te levantas, pinchi grillero!”, le da una patada, “¡Ándale cabrón, que disfruto darte en los huevos! … ¡Si no te levantas te doy más duro!”, el pobre muchacho empieza gemir del dolor y a toser sangre. Un cabo ríe y comenta: “¿Cómo aguantan estos estudihambres, no, Pepe?”, el otro le responde “No digas mi nombre, pendejo”; el sexo servidor —todavía anónimo—, se percata que la circunstancia en la que se encontraba es altamente delicada. Un oficial, por la fuerza, le baja los pantalones al estudiante, el cual probablemente sea el joven desaparecido Luis Francisco Peñúñuri Gámez.»

[“Ahí está, cógetelo”, me dijeron los condenados… Pero nel nel, le sacaba, y se dio cuenta de eso el capi porque vio mis ojos de zacatón… El muy condenado me agarra de los huevos y me grita “¡TE LO CULEAS O TE CORTO LOS HUEVOS!” y ni modo que decirle “No, no, ni pedo, todavía tengo otros de repuesto en mi cantona”, no, no, no no, ese cabrón siempre se metía con tus huevos para austarte y yo ya estaba literal cagándome… Y por eso sí me lo cogí… No se me olvida… Nunca se me olvidará… No se me olvidan los gemidos de dolor cuando le hice el sexo… No puedo… Vi cómo lo oscurito medio dejaba ver su cara; le volví a ver el ojo moreteado, lloroso, y, en algún puto momento, ¡lo vi, lo vi! Vi que me miraba pidiéndome ayuda, pero a la vez era como que este morro también aceptara que ya valió madres todo, que su vida, su pinchi dignidá, sus huevos, hombría, ¡todo! Pero todo todito había terminado… Todo… Qué hijo de la chingada fui.]

[Me arrepentinaré toda mi vida.]

«El muchacho fue violado con agresividad. Los policías que hacían público al terrible abuso, según el testigo de la historia, no pestañearon ningún momento. Le gritaban “¡Más duro!”, “Pa’ que aprenda el cabrón”, “Así dejará de andar en babosadas”, “A la mejor y ya le gustó”. El entrevistado anónimo nos confesó que uno de los oficiales se estaba tocando furtivamente mientras la violación procedía.»

[Me pidieron que me viniera en su cara y lo hice… El pinche chorro salió muy a huevo porque ni la tenía tan parada cuando me vine…]

[Luego escuché un balazo, vino de afueritas del cuarto… Luego se descargaron chingatamadral de balazos más que hacieron un chingo de hoyos a la puerta… El morro otra vez había quedado inconsinen… Inconsciente… Traté de zafarme del pedo, porque ya se veía regachísimo, pero como que huele a carne asada y volteo a los lados: el policarpio chofer estaba tirado en el suelo con la mano en la verga, como tirando la hueva, aun más sin embargo con varios agujeros que soltaban humo… Al muy culero le tocaron muchos plomazos que se metieron al cuarto… Tiburcio parecía herido, porque en una esquina se recargó, pero luego lo vi de rodillas quejándose, mientras sacaba su fusilote… Escucho desde afuera de la puerta, que ya no tenía perilla, un grito que creía que era de mi comapdre: “¡Jijos de su pinchi madre! ¿Con que nos querían matar después de turbio pedote? Ahora yo me los trueno, pero duro” ¡A huevo que era la voz de Toño! Pinchi manayer con huevos, puro pinchi cabrón valiente este compa… El muy astuto de Tiburcio se arrastró hacia la puerta sin ruidito alguno, se quedó quedito enseguida de ella, como que esperando a que alguien entrara… Me ve, me vio el poli Tiburcio y su vista parecía la de un vato bien tumbado, que no le importa si se acribilla a su jefa, nel nel, bien loco… Me apunta con la pistola cuando entra otra pinchi ráfaga de disparos, yo ya estaba lleno de mierda en los pantalones, ni hablar de los meados y mecos, pero el Tiburcio saca el brazo y ¡pum, pum!]

«Dentro de la información adquirida, se sabe que hubo un intercambio de disparos con armas de fuego de alto calibre dentro del solar. No está claro si todos los oficiales murieron, sin embargo, cuando el equipo de forenses fueron a revisar la casa, no había cuerpo alguno para inspeccionar. Ya se había efectuado limpieza con bastante premeditación.

[Los dos valieron madre… Ni el estudiante gemía ni nada… Y pos ahí me di cuenta que perdí a mi Toñito… Chingado.]


III

—Acláreme esto: ¿cómo pudo salir vivo de ahí, señor Aquiles Mumulmea?
—Mire, yo no recuerdo muchos detallitos, sólo sé que me hizo obligar tener sexo con un morrito. De dónde están o cómo están los polis o el supuesto estudiante ese, no sé.
—Pero, es extraña la situación, ya que usted en su crónica de la revista Retroceso afirma que los dos policías se referían a la víctima como un estudiante, ¿está de acuerdo con ello?
—Yo quiero decirle una cosa: yo estuve bien desesperado y, pa’ que vea que soy muy honesto, andaba bien marihuano cuando me entrevistaron para esa tal trónica. Hasta me obligaron a decir cosas de más.
—Crónica-
—Eso.
—Hmm… ¿En serio? Si hay un teléfono descompuesto o ficción entre la versión grabada, la crónica y lo que ahora nos ratifica… ¿Qué le pasó a su… Compadre Antonio Preciado, qué fue del capitán y del estudiante Peñúñuri Gámez? Los resultados de lo que se pudo rescatar, tanto de la grabación y la crónica, sólo testifican que él murió, mientras, usted, que seguía en la habitación donde se produjo la violación, escapó de alguna manera, tal vez por arte de magia o un milagro. ¿Qué me puede decir de esto? ¿No había más oficiales por el perímetro?
—Yo soy un hombre muy honesto y de mente muy abierta, como ha de saber por tanta verdad que dije en lo que me grabaron con esa máquina, y lo único que puedo decir es que pude irme de ese lugar quién sabe cómo, sólo sé que desperté tirado afuera de la casa de mi mamá. Del capi no sé…
—¿Tiburcio, verdad?
—Bueno, no recuerdo, creo que nomás por decir un nombre lo llamé así, ¿qué no?
—Pues usted apuntó…
—Chintrolas, ¿a poco no me cree? Pude haberme dedicado al servicio del sexo, pude haberme recostado con raza de mi mi mismo sexo, pero no es que eso me haga decir puras verdades.
—¿Quiso decir “no me haga decir puras mentiras”?
—Eso.
—Bueno, sólo me parece extraño que ahora deje en tela de juicio si supo claramente el nombre de unos de los oficiales, incluso en otras entrevistas ha dicho usted que no pudo ver las caras de los oficiales porque “estaban encapuchados”; sin embargo, en alguna grabación mencionó, por equivocación, que andaban todos drogados y que eso pudo haber afectado su memoria o hasta haberlo hecho alucinar; y lo más irónico, es que en el noticiero estelar de la televisora más poderosa de nuestro país, un criminólogo, un forense y un intelectual se congregaron —que nomás faltó que el mismísimo presidente
asistiera a tal discusión— para afirmar que usted, en efecto, “consumió demasiados enervantes y todo lo que dijo es mera ficción que la oposición ha fabricado para hablar mal del actual gobierno”, ¿acaso los arribistas tratan de cubrir algo o a alguien? No comprendo lo absurdo de este caso, es sólo quemar a los que ya están quemados, salvar la dignidad de la familia y amigos del muchacho desaparecido y punto, sanseacabó, como también lavarse las manos y que los políticos corruptos sigan adelante como siempre…
—Eh, sí, simón. Disculpe, señor, pero tengo que despedirme de usted.
—¡Oh! Qué pertinente su despedida… ¿Y sin razón? Al menos confiésenos cuánto le pagaron para hacerse el tonto enfrente de las cámaras en vez de haberlo levantado.
—Razones tengo muchas. ¿Pagarme, levantarme? Ni que me pidieran sexo.
—¿A quiénes se refiere?
—A… ¡Uy! Ya es hora de irse, señor conductor, muchas gracias por su invitación.
—Espere espere, todavía estamos en vivo, no se acaba el…
—¡Babais y a ver si me dan chambita como lo prometido!

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