El gaucho entre murallas | Cuento

[Estamos a… Tal año, creo que quince de mayo.]

[Va. Va.]

[Uno… Dos…]

[Che… Yo creí que la vida estaba diseñada para los boludos que se estancan en una zona laboral y piensan mierdas de carísimos coches pasados de moda o cogerse a una barbie plástica hollywoodense, pero no, la vida es muy puta y cabezona en realismos mágicos que me tienen reloco.]

[…]

[Me llamo Germán Helmann, un pibe que se encuentra desquiciadamente encerrado dentro de una cabaña en alguna parte de Sonora, una provincia de México.]

[…]

[Y me estoy limando… No, no… Estoy limado.]

 


 

[Dieciséis de mayo, son las veinte menos cuarto y llevo casi media botella de un tal bacanora.]

[No está mal…]

[Creo que estoy ebrio..]

[Recuerdo aquel primer día en que llegué a Hermosillo, la caliente capital de Sonora, donde viven mis amigos mexicanos, los pibes Paul y Jesús, y querían llevarme hasta la maldita frontera con Estados Unidos, que es horrible, peor que Avellaneda, de mi amada Argentina. Por cierto, che, soy rioplatense, anótale bien si me escuchás.]

[Mierda, necesito un psiquiatra…]

[Cuando vi a estos pibes me sentí alegre; no, re alegre, era tanto tiempo en el que nos distanciaban los miles y pico de kilómetros, entonces, ni hablar, lloré… Jesús y Paul son hermanos, así que trajeron a toda su familia a darme la bienvenida, no me quedó de otra más que empaparme de lágrimas de macho a todos sus parientes y quitarme las penas de encima…]

[Claro está que soy muy sentimental, pero más cuando no tengo buena música qué escuchar. La concha de su madre… Ojalá no tarden esos hijos de pou’ en mandarme discos de Spinetta o Stevie Wonder.]

[Bueno, sin más divagaciones, les cuento a ustedes, es decir, a mí, para no sentirme tan solo y atolondrado, en cómo demonios acabé en este maldito lugar. Sí, no fue tan imprevisible, porque, como a todo bicicletero, nos encantan las pavadas como dar vueltas por el mundo en nuestro instrumento de dos ruedas y tubos artríticos, sin importar tanto los riesgos por los que podríamos pasar… Yo mismo fui el mozalbete que convenció a los jesuses… Che, así les llamo a estos hermanos mexicanos, más fácil, para no andar diciendo el nombre de cada uno, qué pereza… Y así se puede decir que yo mismo me condené.]

[Ya ya, ¿mucho misterio, intriga, no? Mucho dramatismo de mi parte… Sé que les importa un clavo la mala leche por la que estoy pasando… El problema es que, antes de arribar a Hermosillo, me leí completita la novela de García Márquez, esa de cien años de soledad, y la boluda me embrujó con esta historia…]

 


 

Yo y los jesuses, muy contentos, ya llevábamos como unos doscientos kilómetros, habíamos pasado una villa llamada Magdalena, o nombre por el estilo, hermosa para lo horrible que es Nogales, ciudad que era nuestro destino, pero nosotros pensamos que sería divertido comernos unos hongos en medio de la Nada, ahí por un cerrillo que ellos conocían. Nos los comimos a esos seres amorfos enfrente de una fogata que ni a algún chupapijas calentaría, pero estas trufas alucinógenas nos tenían viendo luces que, claro, no existían.

Estábamos bien high.

En la mañana siguiente, con un frío espeluznante y niebla que me agarrotó, despertamos con resaca y miedo, porque, mierda, parecía que estábamos en una fílme de terror. Sin embargo, eso no fue lo que realmente nos dio miedo. No. Puta. Era que se había aparecido una concha de su madre cabaña al lado de nosotros. Sí, sí, apareció como arte de magia, para cagarse los pantalones abollados que ahora visto.

Jesús, igual de impresionado, me preguntó que si la cabaña ya estaba ahí antes de que ingiriéramos los hongos y le dije que claro que no, esa caminó hasta nosotros ahorita o se manifestó por un hechizo mexicano, una mierda de chamanismo yaqui o algo así. Paul me calló de inmediato porque creía que era, ¿cómo dijo? Una pendejada. Eso sí, el boludo re asustado. Aunque me tranquilizó. Paul fue la voz de la razón cuando explicó que, como era de noche y estábamos alebrestados, y luego hongueados, pues, che, qué nos importaba si había una casita o cagadas alrededor de nosotros, sólo queríamos alucinar y disfrutar el momento como cualquier viajero de nuestra clase.

Y la situación no quedó así de tenebrosa, sino todavía más dolorosa. Puta. Puta puta. Recuerdo muy bien que temblaba mucho del miedo y mis amiguillos mexicanos se compadecieron de mí. Entonces, tomamos nuestras mochilas, bicicletas —olvidamos nuestras jarras—, y, a trémulo paso, nos dispusimos a atravesar esa niebla de las re mil putas.

Aquí va lo extraño.

Lo re mil puta madre, concha de su madre, petera, y puta puta: comencé a sentirme mal y más mal conforme nos alejábamos de ese espeluznante sitio en que nos hongueamos; primero era cansancio, luego pesadez en todo el cuerpo; luego se me iba el aire, así, de los pulmones, quería respirar y no podía; che, les decía entre balbuceos a los pibes que me sentía re mal, que me estaba muriendo, pero en vez de preocuparse, los boludos se mofaron de mí, que yo era un marica y me lanzaron un montón de esos albures muy mexicanillos; no obstante, cuando me vieron vomitar —casi agonizando—, su aspecto cambió y ahí sí que me creyeron hasta el Padre Nuestro.

Pero los hijos de puta se les ocurrió un plan entre ingenioso y pelotudo. Me dijeron que retrocediera unos diez metros hacia atrás —dirección a la cabaña maldita  maldita—, cosa que no discutí, acuté como autómata porque estaba re mareado. Lo hice. Conforme paso a paso me sentía más aliviado, les informé las buenas nuevas y se quedaron viendo con una sonrisa de boludos y ahí supe lo que tramaban. Estaban experimentando. No esperé a que me mandaran a hacer otra pelotudez y me regresé hacia ellos para vomitar otra vez. Mierda. Recuerdo que sentí tremendo vacío en el estómago…

Bueno, puta-mierda-cagada-hija-de-pou. Hubiera sido un estúpido si no hubiera caído en cuenta que estaba condenado. Ni que fuera un fílme como para ser el típico personaje idiota que no se percata de la obviedad de la situación.

 


 

[Trece de enero. Sí… A las… Cinco de la mañana, o algo así.]

[El maldito reloj dejó de funcionar, así que calculo con mis santas habilidades de astrónomo y aventurero. Sí, utilizo ese reloj biológico que me sirve una mierda en este lugar… Ya ha pasado casi el eño en que conté como una piltrafa cómo estoy maldito, en este maldito lugar, dentro de esta maldita cabaña…]

[Hay comida… Y sí, me han visitado amigos y familia de Argentina y Uruguay. Todos han venido de negro. Che… Se siente que estoy en un eterno funeral, mi propio funeral, pero no veo a nadie muerto. A nadie… Ni vivo. Mierda mierda mierda, la gran mierda… ¿Dónde estoy y para qué estoy? Si hay algún Dios, le digo firmemente que vaya a visitar a la puta que lo parió, si es que alguien lo parió, sino un maldito big bang o cosmos mágicos boludos putos de mierda…

Demonios… Debo de rasurarme, tengo la barba larga. Nunca la había dejado tan larga. Tampoco sabía que tenía algunas canas… Eso de que siempre me rasuraba no me dejó ver que la edad me ha pegado. De todos modos… Siento que todo es lo mismo y es aburridamente ABURRIDO.]

[Ah… Termino esta grabación y me masturbo.]

[Sí, sí, mamá, vos escuchó bien: tu pibe más chico se masturba en una cabaña de horror y también se ha masturbado toda su vida. Soy hombre y soy humano. Pero no se siente tan bien como antes…]

[Bueno. Adiós. Y váyanse a la mierda. Por favor.]

 


 

[Día tal, tal mes, bla bla blá, año de la mierda y mi barba sigue creciendo. Me da modorra podarla.]

[Ah, sí, un tal Dios me visitó ayer…]

[¿Ayer? Che, la concha de la Lora…]

[Me trajeron libros, un cerro de libros, usados, nuevos, hechos casi polvo, muchos de autores mexicanos, y nada de Roberto Arlt o el querido vecino Bolaño, mierda… Los cuales uno a uno me los comí con mis ojos, poco a poco, para simular que los saboreaba. En toda mi gaucha vida no hubiera leído tanto como aquí lo hago.]

[No hace mucho traté de salir otra vez de la zona macabra. Así es, pasó lo mismo de siempre. La única diferencia es que me dio calentura y no comí por días… Por cierto, cada vez menos tengo apetito y mis necesidades biológicas han desaparecido por completo. ¿Cagar, orinar? ¡Pf! ¡Nanay, cucas cagadas! Eso es del pasado. Cuántos intentos he gastado para salirme de este pequeño infierno y siempre terminan con vomito o un dolorazo de cabeza.]

[La verdad es que esto es el Limbo. O estoy en un Limbo. He leído y releído varios librillos sobre ese tema, como la Divina Comedia, el que según lo creó. El Limbo. Sí, todo empezó con esa puta Divina Comedia que no tiene nada de cómica. ¿Qué es el boludo Limbo? ¡Ésto! O no sé… Estoy en una parte y a la vez en ninguna. Sinceramente dejó de ser sibilino este horrendo lugar.]

[Ya me acordé. Sí… Sí… Che, ya no sé si llevo meses o años aquí. No hace mucho recibí la visita de uno de los hermanos mexicanos, no recuerdo cuál de los dos, y me dijo que tuve un hijo. Rosa Alba tuvo un hijo. ¡La re puta…! No, no me refiero a ella, me refiero a que esa niña mía tiene ahora diez años. O algo así. Diez u ocho… Tiene más de cinco, eso sí. Por eso ya no sé si el tiempo pasa igual… ¿Por qué? Porque no hace mucho tiempo me felicitaron por mis treinta y tres años, y luego me vienen que con cuarenta, luego otra vez se devuelven a los treintas… ¡Ésto..! ¡Ésto es más…! ¿Cómo se dice…? ¿Cómo dicen en mi pueblo? ¡Ah! ¡Esto es más largo que una semana sin la puta carne! Pero esto ha pasado durante un tiempo inconmensurable.]

[Che… ¿Hablaba de Dios? Sí sí. Dios. Dios dios. ¿Es Dios con mayúscula o minúscula en la de? Creo que con mayúscula. Sí. Él cuando vino a visitarme se presentó como Demetrio Macías. Yo más bien pensé que sería Morgan Freeman, pero me salió con que tenía el nombre de un personaje de una novela mexicana de la revolución… ¿Cómo lo sé, che? ¡Pues no les dije que he leído un montón de textos y novelas mexicanas! Y sin nada de Arlt. Che… Ese Dios o Demetrio me llegó de la nada cuando me di por vencido en emborracharme. Ya no puedo emborracharme…]

[¡Y apareció como el diablo mismo…! Bueno, exagero… Ah, ¿que si cómo se aparece el diablo? Pues, como en esos dibujos animados o fílmes anticuados, que sale mucho humo alrededor y luego se escucha una risa maligna, así como de villano. Aquí no pasó exactamente eso, pero sí apareció de la nada.]

[Si hubiera podido cagarme me cagaría.]

 


 

Lo primero que le pregunté fue que si qué hacía en mis aposentos sin pedir permiso de entrada. Me respondió que ha solido hacer eso en toda su existencia. Y nos reímos. Ya que me siento muy triste y desolado, trataré, mejor, de dramatizar el dialogo que tuvimos un ser de divinidad suprema y yo:

—¡Che! Pero estás re loco, ¿a poco le hacés lo mismo a la supuesta virgen María?

—No.

—¿Entonces por qué en la re concha de su madre biblia dice que quedó embarazada pero seguía inmaculada? ¡Es una contradicción, che!

—Yo no fui, fue el Espíritu Santo.

—¡Pero son lo mismo!

—No. El Espíritu Santo es parte de la Trinidad.

—Che, ¿qué tomó caldo de payasito o qué? Esa historia se la inventó Alighieri y se ha de haber cagado de risa al saber que marcó todo un hito en la historia de la institución Católica. Toda una farsa.

—Sí se rio y mucho. Al parecer eres uno de esos doctos humanos que leen y, o, “saben mucho” para terminar despotricando en contra de sus sistemas económicos y religiosos. Es molto interesante la eterna agonía de ustedes, por eso nos tienen a nosotros con la expectativa de que puede suceder TODO en sus vidas.

—Che, ¿a qué te referís con ustedes y esa pelotuda eterna agonía? ¿Qué experimentan con nosotros o qué? Yo sé que vos sos más críptico que mi abuela en su tumba, pero se pasa de la rayita.

—Nosotros, la Santísima Trinidad, la Divina Providencia, el sindicato de Energías y Éteres Divinos, e infinitamente muchos más grupos, a esos específicamente me refiero. Todo depende la Galaxia y consciencia con la que se cuenta.

—¿Y la eterna agonía?

—Es un misterio hasta para nosotros. Hemos inferido que es aquel complejo de un bastardo, el sentirse un hijo ilegítimo, o, en un caso cercano, el del hijo huérfano. ¿Quién es su padre o su madre? La madre del humano es fácil de identificarla con el suelo que pisan, la Tierra, Gea, Démeter, porque les aporta comida y un lugar donde vivir. En cambio, ¿dónde está el padre? El padre… Psicológicamente ustedes no tienen padre. ¿Cuál fue su primer padre? ¿Adán?

—No, mierda, ese es menos creíble que una historia de vaqueros.

—Puede ser cierto, como no, la figura de Adán es una leyenda, para algunos un mito, dependiendo de cómo se discurra silogístacamente; pero, para no irnos lejos, el humano se siente más que castrado, se siente solo y sin conocimiento verdadero, lo que usualmente un padre distribuye a cada uno de sus hijos. O el peor caso sería el ser adulterino, un bastardo que fue desterrado de algún legado, o solamente olvidado.

—¿Vos no sos nuestro Padre?

—Nomas de Jesús.

—¿Y sos realmente el hijo de Jesús?

—Etéreamente sí.

—Mierda, estás re loco.

—Enteramente, sí.

—Me estás timando.

—No.

—¿Qué son, extraterrestres?

—No, pero sí.

—¡Dejáte de boludeces! Ni creas que por decirte boludo me considero profano, o eso, hereje. Boludo.

—Esas acepciones son creaciones humanas. Puedes decirme hijo de puta y no pasará nada.

—¿Ningún diluvio? ¿O no me dejarás ciego y matarás a toda mi descendencia? Tal como lo hacías en el Antiguo Testamento. O, ya sé ¿no caerán bolas de fuego a este tenebroso lugar? Puede que eso despeje la densa neblina. Me tiene harta. Deprimido.

—No.

—Che… Me mareas. Después de todo… ¿De dónde venimos? ¿De dónde venís?

—¿Ustedes? Experimentos. Experimentos muy complicados. Les tomamos cariño cuando…

—¿Nos tomaron cariño? ¿Y dejar que las guerras se desarrollen? ¿Las pestes se expandan? Y que yo, Germán, alias el Gelipollas, viva como muerto en este lugar sombrío y sin esperanza.

—Es una regla el no entrometerse en cualquier evento o acontecimiento terrenal.

—Va. Bien. Ustedes tienen sus reglas, como nosotros tenemos nuestra política y nos rodeamos de leyes físicas y químicas. ¿Pero de dónde vienen ustedes, eh? ¿De una caja de cereal?

—Metafóricamente es posible. Sin embargo, lo explicaré con lenguaje humano: ustedes, creaciones mías, de nosotros, han venido de varios experimentos que se podrían considerar como alquimia del Cosmos.

—No estás respondiendo a mi pregunta.

—Sí, a la primera. Ahora voy a la segunda: yo, nosotros, hemos concluido dos teorías que en algún punto convergen. La primera es a) venimos de la gran inteligencia del Cosmos y somos parte de él, y b) somos creación de su mente, del poder de la mente humana o de cualquier otro ser vivo consciente, pero para ésto ustedes también son parte de la creación del Cosmos, parte de su poderosa inteligencia. Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba. C’est aussi simple.

Esto me sonó a un argumento barato de la Nueva Era.

Recuerdo, parecía un sueño, que Dios me sonrió melancólicamente, se persignó heterodoxamente y salió de la cabaña. Se me olvidó pedirle que me concediera el deseo de aparecer una fuente de mate infinito en la zona. Yo odiaba el mate, pero creo que consumir un poco con lechita me haría recordar bellos momentos de mi Argentina.

Cada día que me veo en el espejo hay un barbón mirándome, agresivamente, que quiere salir de aquel otro mundo; ese parecido a mí, pero sin vida propia, sin voluntad. No hay arrugas nuevas. No hay canas nuevas. No hay nada nuevo. La energía del generador parece que nunca acaba. He releído cada texto que tengo, incluso los de recetas de cocina, mínimo tres veces. Todo lo tengo bien calculado. Puedo recitar poemas completos. Antes mi memoria apestaba y ahora no.

No.

¡Cómo no! Todo este tiempo y… Sin nada nuevo. Nadie me visita. Ni Dios. No escucho el canto de los grillos, ni a un gato en brama. Nada. Nada.

Ah… La calma en la que vivía con Magnolia.

Que Rosa Alba me perdone.

 


 

[¡He salido! ¡La concha de su madre! ¡HE SALIDO!]

[No, no quiero fanfarrias, no, ¡QUIERO ELEFANTES VOLANDO Y FUEGOS ARTIFICIALES! Voy a traer conmigo esta maldita grabadora de mi móvil. Sí, VOY A LLEVÁRMELA PORQUE ES LO ÚNICO QUE ME HA TENIDO ESTIMA EN TODO ESTE TIEMPO ATEMPORAL.]

[Sí, sí, sí sí sí…]

[Ah… Ah…]

[Salgo, salgo.]

[Ahora salgo. No me importan las botas, no me las pondré.]

[Voy afuera.]

[Estoy afuera.]

[Estoy afuera.]

[Ya… Ya… Cerca del límite…]

[Yo mismo pinté esa línea con mierda…]

[¡Sí! ¡Sí! No pasa nada… Nada.]

[Nada.]

[Ya no hay neblina. ¡Ya no hay ne…!]

[¿Rojo? ¿Rojo?]

[¡¿Qué?!]

[Puta. Puta.]

[¡PPPUUUTTTAAA!]

 

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