Taquitos cervantinos al vaporwave: características y similitudes de algunos de sus entremeses | Ensayo literario

Hola.

Este es Cervantes.

Y este, su servidor, es Diego.

El presente ensayo lo escribí a mediados de mis tiempos universitarios, entre el quinto y sexto semestre, para la materia de Literatura Española. Sinceramente tenía muchos errores y horrores, pero medio lo maquillé para verse tan bien como un Tin Larín.

Espero que os sirva estos puntos un tanto impresionistas, aunque sea un poquito, para sus estudios monográficos sobre Cervantes y su obra.

Provecho con la taquiza literaria.

Comenzamos.


[Viajamos en el tiempo con el barco de la Santa María, mientras se nos cae Cristobal Colón de la borda, y un viejo larguirucho vestido de hojalata se apodera del timón transtemporal, convirtiéndose en el nuevo capitán que nunca debió ser.]

[*Chispas* Llegamos a la España del siglo XVII. Benvenuti.]

[*Voz baja* No toquen nada, sólo se vale mirar. Os advierto, o aténganse de que la historia cambie y la línea temporal se curve a un momento en que tu amigo el tacaño se case con la que hubiera sido tu amada esposa, y además hayas nacido y criado como mormón antivacunas.]

Ahí, Miguel, escribiendo, sin el apoyo de su inútil brazo izquierdo, algunos garabatos sobre historias cotidianas de su España contemporánea, con acentos épicos o sobrios; luego tachonea lo escrito, se queda pensando en el infinito, y replantea el relato de cada comedia y entremés, le mete tropos fantásticos o jocosos, chasquea de lo divertido que está y lagrimea de la emoción.

Así, en Madrid de 16151, Miguel de Cervantes Saavedra termina la primera edición de obras cortas, pero de mucho valor, las cuales son sus exquisitos entremeses2. Estos entremeses se utilizan para llenar y aderezar espacios en las representaciones de un teatro más “serio”3. Sí, exacto, los entremeses son lo que son: entretenimiento puro. Esta corriente, o trayectoria, literaria viene desde Lope de Rueda con sus jocosos Pasos. En el caso de este alcalaíno, el público del decimoséptimo siglo aceptó sus obras de buena manera; sin embargo, no fueron muy bien entendidas y valoradas como lo hicieron con el ya reconocido el teatro de Lope de Vega4.

Pero, ¿qué es lo que hace tan importante el teatro cervantino y a la vez que trascienda hasta nuestros tiempos? Vale, esto se verá en el transcurso del presente ensayo.

Claro, aun cuando ya han pasado cuatro siglos de casi puro Quijote y Sancho, estos entremeses no dejaron de ser admirados por los cervantofílicos, por así llamarlos. Y es que, con justa razón, algunos gusanos de biblioteca adoran a Cervantes por ser un maestro de la comedia, ironía y hasta de la épica, como también de tropos literarios poco recurridos en aquellos tiempos, nomas véase el juego doble de la de fantasía y metaficción5, lo cual es cervantino por antonomasia, con claridad se ve esto en su obra maestra El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, pero este tema se puede tomar como estudio para otro caso. También se encuentra ese juego de fantasía y realidad, creando posibles equívocos bien intencionados, binomio hecho para hacer reír, dudar y elucubrar pesquisas que el espectador/lector deben hacer.

Estos entremeses se incluyen también grandes supuestos sociológicos, mofándose sutilmente con crítica de humor a veces sardónico, a veces absurdo, como se verá en El retablo de las maravillas, El rufián viudo, entre otros. Este punto representa la particular cualidad  en la dialogización de Cervantes, ya que de manera cifrada dice “algo pero en verdad dice otra cosa”, aforismo cervantino en el cual el espectador/lector caiga en la probabilidad de que capte lo que se dice pero entre líneas, y  así pueda ser que hasta lo lleve a consternarse —posible crisis cervantial— o simplemente hacerlo reír a pomposas  carcajadas.

Según Alonso Zamora Vicente6, los ocho entremeses cervantinos nunca fueron representados en aquellas épocas, asimismo lo dijo Cervantes en cuanto se publicaron. Tal vez sea por lo novedosos que eran para sus tiempos, o sea por su contenido que los marca como “nuevos” y por lo tanto peligrosos para una sociedad conservadora. Quién sabe. Pero, oh infortunio para Miguel, sus coetáneos se inclinaron más por aquellos entremeses «consagrados», por así decirlo, aquellos que provenían “del antiguo formato para hacer entremeses”, los cuales eran de un éxito asegurado, sea porque eran parcialmente más cómicos y aptos para toda la familia, el perro y el gato incluidos. No obstante, se supone que para el público, o algo de ello, no le era de gran dificultad vislumbrar que una «queja» había dentro de la dramaturgia cervantina; como a veces detrás de una broma o situación jocosa, se escondía algo más, una crítica hacia la comunidad española, tanto como su tradición social, literaria y política; esa relación del dialecto gracioso de los personajes y sus espacios-tiempos acentuaban esta intención.

Ya se ha dicho dentro de la crítica literaria cervantina, y la vasta, no, descomunal del Siglo de Oro español, que la población española de aquellos tiempos simpatizaba más con el teatro de Lope de Vega, así que las quejas sutiles, aunque ni se entendieran por completo, no van acorde a la media7. Quiero citar un fragmento del artículo que tanto he mencionado—revisen las notas al pie—, siendo que quizás desde aquí comienza esta cifra o queja sutil, dentro de los entremeses:

Quizá algo de esto se agazapa, irónicamente, en la aseveración de Cervantes, escrita en la dedicatoria de la primera edición, dirigida al Conde de Lemos. Sus entremeses “no van a ser manoseados ni han salido al teatro merced a los farsantes que, de puro discretos, no se ocupan sino en obras grandes y de graves autores, puesto que (‘aunque’) tal vez se engañen”8.

Aunque, fuera de los posibles actos de «rebeldía» literaria por parte de Miguel,  el formato sus entremeses por sí mismos responden a la preceptiva de los modelos vigentes de aquella época, porque en mayoría eran destinados para ser representados, con brevedad, entre los actos de la obra de teatro principal, ya que sólo constan de un solo acto. Los personajes se movilizan en una esfera de risas y carcajadas, como suelen hacerlo normalmente los entremeses. Algo que se puede vislumbrar es el caso del Viejo celoso y el Vizcaíno fingido que terminan en bailes, danzas y música, un jolgorio aparentemente innecesario, pero excelsos en su intensidad; o en otros casos, más violentos, mas igual de graciosos, acaban con estacazos, aporreadas y demás, como en El retablo de las maravillas. Dichos recursos literarios indican al público la buena aplicación de ese entremés, ya que, sea en un intermedio, o descanso, y con su buen resultado le arrancan, por su antonomasia energética, los aplausos, ovaciones y satisfacción9.

En los entremeses se utilizan algunos arquetipos como el viejo celoso, achacoso, gruñón e impotente10; el rufián o la cuadrilla de rufianes11; el bonachón e ingenuo de la historia, o muy probablemente la victima12; la esposa infiel; el cura ventajoso, y entre otras «fichitas»; esto, en la brevedad, el público se percataba desde la ironía de los primeros diálogos del entremés, los cuales prevén el destino de la obra, forjando un activa recepción lectora entre el público y la del poeta13, y construyendo una historia a placer, en este caso, de Cervantes. Por ser tan breves estas obras, el autor o poeta deberá de utilizar desde un principio al máximo de sus recursos, echarle cremita, salsa, limón o lo que sea a sus tacos, sea por su humor expresiva, casi de pantomima, así para mantener el interés del espectador/lector y con éxito conllevar sin óbice para la obra14. Como ya se ha mencionado en esta artículo, estas pautas las ha seguido Miguel de Cervantes Saavedra punto por punto, es decir, con orden lógico. Estos tropos hacen enaltecer el género cervantino, ya que tienen una particularidad en la representación de los conflictos consuetudinarios en el momento sociohistórico del siglo XVII español.

Ahora, sin más preámbulo, se analizarán los cuatro entremeses escogidos con sus características particulares y similitudes, además de ser los más representativos:

Primero está El vizcaíno fingido; un entremés gracioso, parecido a los de Lope de Rueda, aunque ofrece pocas situaciones satíricas, pero se enfoca más en lo absurdo del relato: en algún lugar de la España imperial, dos hombres, muy ociosos y traviesos, planean estafar a una ramera, y se aprovechan de su profesión y condición social, la cual no es permitida ser escuchada por la ley. Sí, esta historia estaría buenísima para una pornochanchada, o de ficheras, para que mis compatriotas mexicanos entiendan. Bueno. La farsa de uno de los traviesos es que simula ser un vizcaíno. Y la psicología de la mujer es bien lograda en la cuestión de la dramaturgia, más en la amiga de la ramera, por su envidia e hipocresía. “La posible complicidad que despertaría en el hombre de la época de la estafilla” (Zamora), porque es muy conocida y la presencia de estos personajes como los vizcaínos y prostitutas eran muy utilizados. En esta obra, la eficacia de los diálogos entre personajes de las obras cervantinas están a la orden, hasta la insinuación de los personajes y el famoso final explosivo que los músicos entran al escenario y revelan el timo de estos rufianes.

En el caso de El retablo de las maravilla, este es el entremés más logrado en la fusión de verdad-fantasía, o realidad-ficción, juegos de las diégesis del relato. Su dramatización, excelsa, se representa con el lenguaje de ella, el cual es muy colorido, vivo, hasta interactivo con el público. Algo muy particular de esta obra es que Cervantes se basó e hizo su versión de uno de los exemplos de El conde Lucanor15; y es donde hay un tapiz mágico que revela lo que no puede ver un bastardo. Vaya quid.  No obstante, en otras investigaciones se dice que hay una lejana relación con Til Eulenspiegel. Sin embargo, Cervantes pudo representar este cuento y llevarlo a un nivel regional/tradicional/folclórico de una sociedad español en su famoso Siglo de oro: en estos aspectos está la limpieza de la sangre de cuatro ascendencias, o en otras palabras, ser puro, rancios, de genes inmaculados desde hace cuatro generaciones, así como también la propia honra, que se dedicaba para, por así decirlo, un proto-español, el cual no se sospechase que en sus antepasados hubo algún familiar sanguíneo de origen moro o judío, de otro modo sería una tragedia de raíz, un destino infortunado.

En esta obra corta, recordemos que es El retablo de las maravillas, era tan vigente en aquella sociedad española, tan a veces prejuiciosa, colérica e hipócrita. Particularmente, este caso tan ridículo transcurría mucho en aquellos villanos, incultos y fanfarrones, que se creen “rancios por excelencia” y ahora son burlados por dos charlatanes16, o mejor dicho rufianes, desde este punto tradicionalista. Al final del entremés, todos los personajes principales son castigados a porrazos por el furrier a causa de un prejuicio muy tocado: los cristianos nuevos son unos cobardes. Y para acabar con más carcajadas en este caótico final, uno de los “viejos cristianos” va a pegarle al Rabelín que es otro personaje que forma parte de los charlatanes. Por otro lado, está la ridiculización del músico en las obras de teatro, que lo representa bastante bien el personaje de Rabelín. En resumidas palabras: este entremés concentra mucha sátira de la sociedad española del siglo XVII.

En La cueva de Salamanca, Cervantes nos presenta la burla que sufre un marido bonachón por parte de su hipócrita esposa, y también por la criada de ésta. Se dice que precursora a este entremés, es una novelleta de Mateo Bandello17. Como se ha mencionado con anterioridad, la dialéctica cervantina se encuentra en todo su esplendor en esta obra: repleta de refranes y diálogos insinuantes; este recurso lo puede llevar al actor en practicar la recitación, el gesto indicado y el oportuno acento. La historia de La  Cueva de Salamanca trata de la aparición de un estudiante, y este estudiante, que ya había sido sobornado por las mujeres para guardar el secreto de que ellas estaban organizando una fiesta en ausencia del marido, invoca los conocimientos que adquirió en La Cueva de Salamanca18, y «convierte» en demonios, de manera pasajera, a los invitados de la «fiesta secreta». Pero para sorpresa del espectador/lector, el marido de tan bonachón e inocente, es crédulo a la situación que acepta sin sospecha alguna a la supuesta arte de magia que invocó el estudiante 19.

Ahora está el último de los taquitos, sí, de estos entremeses escogidos, que es El viejo celoso20.

A diferencia de una novela ejemplar que se titula parecido a este entremés, es claro que veremos menos personajes y, por lo tanto, menos complejidades que una obra más larga. Pero, el mayor logro de esta obra corta es la «incertidumbre» y la famosa ambigüedad o cifra cervantina que tanto Miguelito usa en sus creaciones literarias. Un ejemplo sería que en el final del entremés, no se sabe si se consuma el acto infiel de la esposa joven y bella del viejo impotente; y algo sociohistórico se critica al tanto la torpeza social de los matrimonios que se consumaban entre personas de muy distinta edad. Otro rasgo importante, que usa Cervantes también en El vizcaíno fingido, es el uso de los músicos y bailables al desenlace del entremés, pero en diferencia que esto sirve para exponer a la sociedad de aquella joven esposa que mantenía cautiva en una hiperbólica casa del viejo Cañizares (el viejo celoso), que éste trató mal a la moza, con excesivo afán de cuidarla sólo para él mismo, así escondiéndola de todo el mundo.

Hasta ahora, con lo revisado en esta taquiza literaria, puedo atestiguar que los entremeses cervantinos son bastante originales, ya por el muy reconocido ingenio de su creador y sus varios rasgos que lo hacen trascender, así como describe a los entremeses de Cervantes de manera excelentemente resumida Alonso Zamora en este fragmento:

Una sombra desencantada, de reflexión, de anhelo de perfeccionamiento, sobrenada de la risa, de la riqueza de los diálogos y de las situaciones, llevada a realidades concretas del contexto humano en que vive la sociedad contemporánea, pero, eso sí, sin perder de vista el truco literario, la mentira artísticamente aceptada por público y lectores. El matrimonio desigual, la vida del hampa (caricatura de la seria), el torcedor de la limpieza de sangre, la obsesión por la fama y la honra (estrechamente ceñida a la fidelidad femenina), los modos poco aceptables de la administración, etcétera. Todo aparece envuelto en el cegador deslumbramiento de la broma o de la ironía, una ironía que nunca llega a ser desolada y caricaturesca, como podría ser en Quevedo, sino que se despliega disculpadora desde un principio. Una gran sonrisa cómplice llama a la conciencia de los que pueden entender el desacuerdo subyacente.

Otra característica muy importante de los entremeses cervantinos son el juego tan importante y esencial que tienen los nombres de los personajes, véase con más resonancia en El retablo de las maravillas; como el de Rabelín que se refiere al rabel de manera diminutiva y jocosa; los nominativos de Benito Repollo, Juan Castrado, Pedro Capacho, entre otros nombres de este y otros entremeses. Este recurso hace que tenga una definición y argumentación más rica en el entremés, hasta demuestra erudición e ingenio del mismo poeta.

Para terminar, hay que resaltar que la característica más importante de la literatura cervantina es el dialogismo que se emplea dentro de sus obras. Muchos estudiosos dicen que este es un rasgo que rompió paradigmas e hizo una inmortal trascendencia Cervantes en su obra. Sin embargo, no hay que menospreciar a las otras características, aunque hayan sido aparentemente controladas por preceptivas de la época, tienen el sazón rebelde de Miguel de Cervantes Saavedra, cosa curiosa que hace la literatura cervantina en un artilugio ingenioso y jocoso a la vez.


Exactamente en 1615 de sus Ocho comedias y ocho entremeses nueves, nunca presentados. Hay suposiciones en que cada entremés fueron publicados en diferentes años; y entre otros que con el tiempo algunos estudiosos han dado merito otros entremeses a Cervantes.
2 Incluyendo sus comedias, por su puesto.
3 Cuando se refiere a “espacios” también se puede intercalar la palabra “huecos” que en las jornadas de una obra de teatro de larga duración se rellenaban con entremeses teatrales. En este trabajo se pretende también utilizar la acepción más apegada a la contemporaneidad que es la de “intermedios”, los cuales son a veces más importantes que la misma obra de teatro larga, ya que el entremés es de corta duración y puede ser esa chispa que levanta los ánimos que le faltaba al público.
Alonso Zamora Vicente, Presentación a los Entremeses de Miguel de Cervantes, Biblioteca Virtual de Cervantes, pp. 6-23, 2002.
5 Metaficción es, en breve, el elemento/herramienta literario en el cual la diégesis oscila entre la realidad y ficción.
6 Ibídem.
En otras palabras, lo comercial.
Ibídem; los subrayados son míos.
Claro, en la mayoría de sus casos para estos finales exitosos.
10 El viejo celoso.
11 El retablo de las maravillas.
12 El vizcaíno fingido.
13 O autor de la obra de teatro, ya que en aquella época se le refería como “poeta” al escritor de obras de teatro.
14 Así como pasa con los cuentos desde el modernismo: el autor debe de llenar de intensidad su creación desde principio a fin. Digamos que desde El Don Quijote de la Mancha ya esto se puede visionar de capítulo a capítulo, ahora más con los entremeses. Por otro lado, figurativamente hablando, este punto de la intensidad de un entremés es como un veneno de una serpiente del cual su líquido mortífero está lleno en exceso de nutrientes que te hacen reír hasta la muerte; en este caso los entremeses harán reír, pero sin algún riesgo de muerte.
15 En este caso el “exemplo XXXII”.
16 Rancio: de ascendencia cristiana muy vieja.
17 I, XXXV, Nuovo modo di castigar la moglie.
18 Esta es una leyenda popular española que se extendió hasta Hispanoamérica con diferentes versiones; y esta consta de que el mismo diablo daba clases en la Cueva de Salamanca, enseñando conjuros y toda clases de conocimientos muy codiciados por el hombre, por lo tanto tuvo muchos estudiantes, como supuestamente lo es el de este entremés cervantino.
19 Algo que llama la atención, es la ambigüedad en relación de la leyenda popular, ya que puede quedar en duda si tal conjuro es en verdad efectuado o si tan sólo fue una ágil y genial farsa por medio del estudiante.
20 Este entremés tiene semejanza con el de El celoso extremeño.

Bibliografía y trabajos citados:

  • Zamora, Alonso. Presentación a los Entremeses de Miguel de Cervantes. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002.
  • Maestro, Jesús G. Sobre el diálogo y la “commedia dell’arte” en los entremeses de Cervantes. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003.
  • Reed, Cory A. Cervantes and the Novelization of Drama: Tradition and Innovation in the Entremeses. University of Texas, 1991.
  • Maestro, Jesús G. Construcción e interpretación del diálogo en los “entremeses” de Miguel de Cervantes Saavedra. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003.

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