El cuento que no cuenta

Y el relato empezaba así: “El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada…”.

Sin embargo, como el cuasicreador de esta historia quería escribir con excelencia el principio de su microrelato, prefirió, para no estresarse, edificar una Babilonia en su cabeza, tomarse dos cervezas y recorrer aquella ciudad tan antigua con hedonista ojo de espectador. Pero, sin afán de dejar con incertidumbre con el lector, como suele pasar en las telenovelas, este humilde narrador les cuenta que el Tribunal sí que notó la rigidez en la mirada de aquel personaje, recitaron sus incontables crímenes ante un jurado, fue sentenciado a muerte, lo fusilaron y exhibieron su cabeza junto con sus compadres insurgentes en la Alhóndiga de Granaditas.

Finito.

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