La balada del Rey Oscuro y el Héroe de un cuento | Cuento

El Guerrero de la Luz entra a la cámara del vil Afnaroth, el Rey Oscuro; pero, para su sorpresa, la princesa estaba besándose con su archienemigo.

Él, capa y espada tremolantes, deja que duren un tiempo agasajándose, mientras su cerebro capta lo que está sucediendo. Las tinieblas rondar por aquí y por allá. Los pequeños seres oscuros se ríen de él. Ahora ve a la princesa con desgracia y asco, mientras la lágrimas se precipitan de sus órbitas, mojando parte de su blanco yelmo.

—¡Pero cómo te atreves, bastardo!

Los otros dos se percatan rápidamente de la intromisión poco heroica. La princesa se sonroja y ve el suelo; el Rey de las Tinieblas sonríe y deja visibles sus colmillos.

—¡Cómo te pudiste atrever a profanar aquellos labios rosáceos y vírgenes!

Afnaroth ríe socarronamente.

—¡De qué te ríes, malnacido! ¡Acabaré contigo en estos momentos por tu insolencia!

Toma su enorme mazo dorado y corre hacia el Señor Oscuro.

—¡Espera, espera! —sin parar de reírse— ¡Espera! —ríe, ríe— ¿Dijiste “labios rosáceos y «vírgenes»”? ¡Bah! —no paró de reírse.

—Eres… Eres… ¡UNA SABANDIJA!

—P-para ser u-una sabandija soy un rey… ¡El Rey mismísimo Oscuro! —se ríe más.

—¡Tú…!

—Espera… Ah… —Afnaroth se tranquiliza— espera un momento. Sé que estás enfadado, que tuviste que aniquilar a todos mis capitanes oscuros y pasar por los más exacerbados retos en tu vida para llegar a mí. molerme con ese enorme mazo, y rescatar a la princesa. Pero, no me vas a creer ésta, pues luego yo pasara por un inimaginable estrés postraumático de guerras, sangre y pérdida de amigos valientes, aprendí a ser más «liviano» con las cosas de la vida… Aprendí eso de lo que le llaman ustedes «misericordia», relajamiento, «cordura»… Me entendí con cosas del amor… Y ahora ella me ama a mí y yo a ella.

El Guerrero de la Luz aprieta el mazo tan fuerte, que los guantes de acero le forman heridas en sus manos.

—¡¿Cómo…?! ¡Un ser como tú es incapaz de tener sentimientos tan nobles…!

Luego relaja sus brazos, aunque no su cara.

—¡Lo juro por estos diabólicos bigotes! Así fueron las cosas, y ella es el amor de mi vida; ¿sí o no, princesa Caliosteme? Profésale nuestro amor. Di un “Sí, lo amo”.

Ella, tímida, se cubre el rostro; después, tomando valor, cuando lo descubre, se queda fijamente mirando al Señor Oscuro Afnaroth y le regala una sonrisa, de esas que sólo se le proporcionan a la gente que en realidad… Se ama.

—¡¿Qué…?! No, no, princesa Caliosteme, mi futura reina… ¡Desmiente a esas palabras profanas que hacen sangrar a mis oídos…!

—Anda, dilo, mujer, dueña de mi corazoncillo oscuro, dícelo.

—Lo… Lo… —para; prosigue— ¡Yo lo amo! ¡Y no quiero guardar este sentimiento más! ¡LO AMO CON TODA MI ALMA!

La mandíbula del Guerrero de la Luz cae hasta el suelo.

—¡¿Qu-qu-qué?!

El Señor Oscuro ríe con elegancia; ve con una mirada tierna a la princesa, ella le masajea uno de sus colmillos.

—¡¿Qué le has hecho sabandija-rufián-demoniodesquiciadoengendromalditodelavida?! ¡Qué hechizo le has metido…!

—Nada. Sólo hablar, ser diplomático, atento, así como lo hacen ustedes los humanos; claro, también tuve que proporcionarle de mis mejores vinos; pasearla por mi laberinto sangriento junto con mis fieles y cariñosos cerberos… Darle obsequios que mis espías humanos me consiguieron; muy caros, por cierto, y de mal gusto… —se toma un momento para decir esto último— Invitarla a mi alcoba…

La mándíbula del héroe se regodea en el frío suelo y vuelve a su posición de origen.

—¡Tú…!

El caballero da un sobrenatural brinco hacia su último enemigo; éste levanta el brazo y con su poder psíquico lo detiene en el aire.

—¡D-d-déjame! ¡D-d-déjame! ¡S-s-suéltame!

—No no no no, no puedo. No quiero. Lo siento —sonríe delicadamente.

—¡S-s-suéltame! ¡D-d-déjame!

—No, quieres borrarme de la faz de la tierra y no puedo permitirlo ahora que amo a esa persona de la cual estás platónicamente enamorado; ¿o me equivoco?

—¡Quéee!

Las mejillas del Guerrero de la Luz se sonrojan, entre la leve estrangulación psíquica y la vergüenza.

—Sí, sí, puedo leer fácilmente los pensamientos de las cabezas duras como tú; también  comprende esto: nos amamos, no hay por qué andar de celoso, no tenías ninguna oportunidad con ella, a menos que… Seas tan exquisitamente malvado como yo… —para un momento—  Antes deseaba ansiosamente que alguien como tú, o más poderoso, viniera a mi y me asesinara. Creo que es un síndrome extraño, como también era parte de mi depresión después de vivir con tantos tonos negruzcos que ya están creando efectos secundarios en mi pálida piel; ahora enfermo más seguido, ¿sabes? No obstante, con este divino tesoro que ha llegado a mis brazos, todo ha dado un giro inédito: le ha dado un sentido a la vida. Bueno, antes tenía uno, aparte de la autodestrucción de mi Ego, también era, si es que es posible, el derrocamiento de tu Imperio fascista.

—¡¿Qué…?! ¿Qué… qué significan esas palabras? ¡Ha-han de ser hechizos ma-lignos, san-gui-juela!

—¡Calma, calma! Perdona a estos bárbaros, mi amor, son tan coléricos como la fiel representación de sus superiores e ideales.

—¡Ca-lla, rufián!

—¿Ves? Poca libertad de expresión; aquí en mi reino se puede decir lo que se le antoje a cualquiera… Yo sé que me odias con todo el alma; pero, ¿te has parado un momento y  preguntarte “por qué”? Tal vez en el camino pudiste nutrir esos deseos negativos y violentos, los cuales comprendo con maestría; pero, en serio ¿has pensado sobre por qué odias tanto a mi persona? Yo no comencé esta guerra con los tuyos…

—¡E-eres un hijo de perra que no merece más mi atención!

—¡Oh! Ya subió de tono… Mira, la verdad, no soy tan malo; de hecho, me atrevo a confirmarte que no soy malo; o más bien, soy tan atrevido para tu simple silogismo que podría afirmar que soy tan malo como ustedes… Hasta deberíamos hacer alianzas desde ahorita, para empezar a entendernos…

—¡NO ME RENDIRÉ HASTA ANIQUILARTE!

—Oh, qué descortés de tu parte. ¿Acaso has escuchado bien algo de lo que te he dicho? No, sí que lo haces, no te esfuerces tanto en no hacerlo. Lamento decírtelo, pero tú y tu imperio son una congregación de bárbaros fanáticos que poco a poco erogan los recursos naturales de este planeta. ¿Acaso has visto que yo tenga miles de construcciones de madera y otros materiales preciosos? No, cuando mucho utilizo concreto y trato de ser equilibrado en ello. La naturaleza me proporciona el poder que tengo y por eso tengo que cuidarla… Si es que en algún momento utilizo madera, planto la doble cantidad de árboles. A esto le llamo sustentabilidad, señor de extremas costumbres depredativas.

—¡CALLA! ¡NO TE ESCUCHO!

El Guerrero intenta taparse cómicamente los oídos; sin embargo, el brazo que sostiene su mazo lo entorpece y no cumple con su cometido.

—Eso significa que escuchaste bien que muy bien. ¿No has pensado el por qué ahora yo me he opuesto ante tu civilización? Bien los pude haber ignorado cuando tu pequeño rey me declaró la guerra…

—¡Porque eres todo mal, toda oscuridad!

—¿Qué tiene de malo la oscuridad? Si en ella se inspiran los poetas, si en ella es cuando uno hace el amor… ¿Verdad, mi princesa?

La princesa Caliosteme se abochorna y sobrepone dos finos dedos en su delineada boca.

—¡No…! ¡No puede ser…!

—Ah… Parece que no quieres escuchar ni aceptas todo lo que te confieso. Como mi más mordaz enemigo, también eres mi más audaz confidente. Bien que muy bien. Te confesaré otro secreto: tu madre, el oráculo que tanto decía que el fin del mundo llegaría con mi resurrección, te diré, ella era una adicta a un cierto tipo de hongo alucinógeno que la hacía ver, pensar y escuchar «cosas»; yo más bien diría que el fin de su terrible dominio terminaría con mi insurrección; y  es mentira que fui resucitado de los infiernos… Eso sí, no nací como cualquiera… Ay, tu progenitora dijo tantas tonterías… Pero sus orgías fueron espléndidas; hasta yo acudí, disfrazado, a una de ellas… Tu padre nunca se integró a ellas, demasiado puritano para su bien… Y tu mamá fue tan pero tan servicial aquella vez… Sí, con esto has de dudar algo de tu procedencia…

Tal niño encaprichado, el héore se remolinea en el aire, furioso, ciego de ira.

—¡TE MATARÉ!!! ¡TE ANIQUILARÉ!!! ¡NO DEJARÉ QUE…! —toce, toce— ¡… HABLES ASÍ DE MI SANGRE!

—¿De tu sangre? Vaya… Qué narcisistas son ustedes.

¡YO TE APLASTARÉ CON MI MA-! —toce con fuerza.

—¡Relájate! Con un demonio, vas a destruir tus cuerdas vocales. Estás tan rojo como el fuego, muchacho; ¡relájate!.

El Señor Oscuro suspira al ver que el otro no para con sus anatemas.

—Creo no tener otra opción que eliminarte. Para ser honesto le diste buena batalla a mis súbditos… Sí. Eres inigualable, pero sí superable; por mí. Reitero y reitero que lo siento, joven Guerrero de la Luz: pasaste toda tu adolescencia entre sangre, desmembramientos y traiciones y siento que fue parte mi culpa.

El guerrero toce y toce.

—Te dije que te harías daño gritando. Puede que el resfriado que tienes empeoró tu condición. Vaya. Vaya, vaya. Tendré que decirte adiós y que descanses en paz. En dado caso que tu espíritu vengativo resurja en este plano de la existencia, puedes recurrir hacia mí y yo te daré un buen puesto en este nueva República de individuos etéreos pero civilizados. Ciao, valiente y bárbaro guerrero. Dile adiós amor.

La ahora Reina Brillante y el Rey Oscuro se despiden, con sus mejores sonrisas; las insufribles lágrimas del Guerrero de la Luz caen hasta abajo, en el suelo lleno de tinieblas.

—Adiós.

-¡TÚ…!

Y una explosión carmesí se propagó por toda la sala. Los dos individuos que se abrazaban ahora estaban chorreados del plasma bermejo.

—Ay, perdón, mi amor. A veces se me pasa lo bruto.

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