Los fantasmas sueñan con ovejas muertas | Cuento (Fantasía)

Hoy Pirlto se encuentra triste por esta específica narración:

Ayer, mientras soñaba en aquella fría noche, vio dentro de sus sueños a un hombre cuya barba rojiza llegaba hasta el suelo, éste montando un corcel blanco; de pronto, el hombre frenó, y vio hacia los ojos oníricos de Pirlto, con vista entrecerrados, como si se percatara de alguien lo estuviera espiando.

La visión dentro del sueño tembló, Pirlto sintió que algo le acongojaba entre sus miembros, y, aquel hombre, bajó de su equino, sacó una daga enorme y curvada, apuntando hacia Pirlto:

—¡Oh, espíritu maligno que me acosáis cuando en buena misión emprendo! ¡Alejaos de mi campaña, que el Señor nos acompaña contra toda demoníaca cizaña!

Algo carmesí brilla alrededor de la imagen; algo se nubla, algo se distorsiona; Pirlto despierta.

Sus ojos lagrimean.

Ahora Pirlto se enjuga, quiere ver el sol, pero, el cielo está nublado.

Quiere salir para sentir el pasto entre sus pies, sin embargo todo el suelo lo evade, lo rechaza, y parte de él se encuentra seco, huraño.

La neblina ciega su vista.

Pirlto quiere recordar algo bello en su vida; pero para su desgracia, sólo recuerda penas, dolores y reminiscencias de voluntades distorsionadas.

Quiere gritar.

No puede.

Huele a azufre; huele a materia fría al mismo tiempo.

Mira hacia el suelo: un hombre de barba larga y canosa, cuencas huecas y boca reseca, yace congelado, inerte.

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