Nahuales | Cuento (Terror)

Éramos tres en aquel mexicano bosque selvático que el Dr. Jærmuschën nos envió sin pistas y con poco dinero. Lo bueno es que el de divisas fue excelente; México en aquellos días sufría una de tantas crisis económicas que nos favoreció, así que con lo poco que teníamos se convirtió en una fortuna.

Los tres, Mikhail, yo, Andreas, y Filomeno, un gallego que supuestamente debía de entenderse con los locales, pero parecía más perdido que nosotros, fuimos a ese bosque que se le trata como supuestamente mágico —algunas bocas dicen que embrujado por los pobladores—, así para hacer nuestras respectivas investigaciones científicas como todos buenos antropólogos que éramos.

Lo único que el Dr. Jærmuschën nos advirtió es que nos encontraríamos unos seres de la mitología mesoamericana, los tales «nahuales», criaturas que parecían niños en pañales, tal como los cupidos, pero éstos tenían la capacidad de convertirse en cualquier tipo de animal, o incluso humano, lo cual nos hizo reír cuando vimos la seriedad en la cara del doctor mientras nos relataba sus funciones de doppelgängers mexicanos; sin embargo, preferimos callar de inmediato por la severidad de su mirada.

No contamos con guía, ni contamos con que nos dejarían solos; nomas nos dieron instrucciones de cómo adentrarnos a la tenebrosa selva y de ahí nos confiamos de nuestros instintos. Cuando entramos al bosque selvático, todo era silencio, oscuridad en pleno mediodía, y la flora era tan extraña que nos sentimos en un sueño: ayacahuites, ocotes, tejocotes, y un sinfín aromáticas flores que parecían hablar con su olor… Eso sí, siempre unos simios nos perseguían con ojos de dragón, o mejor dicho, de reptil.

De noche escuchamos aullidos y Mikhail literalmente se cagó del miedo. Cuando desperté, Filomeno articulaba rápidamente palabras que no entendía… Y sus piernas y brazos ya no estaban en su lugar; Mikhail ya no estaba cagado, sino parecía una cagada sanguinolenta en medio de varios niños desnudos con ojos de quimera que lo devoraban sin mesura. Yo corrí. Corrí. Esto me dio suficiente tiempo para esconderme en un templo extraño.

Tengo miedo. Escucho olisqueos y ladridos… Mierda.

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