Notas sobre existencialismo – 1 | Filosofía

los seres humanos entiende Sartre son un ser en situación todavía en una Sociedad condicionada y arte sin embargo su destino es “de dioses”

Sí, en un mundo carente de tutores existenciales, nosotros tenemos que ser los propios dioses de nuestra realidad; es decir, de lo que percibimos y razonamos.

Antes, en la época de oscuridad de la consciencia, si un rey se le era figurado como lo más cercano a un dios monoteísta, ésta concepción era irrefutable, un axioma político-metafísico que nadie cuestionaría, porque de otra manera le costaría el cuello o la cordura.Hoy en día, desde el siglo XIX, incluso, “desde siempre”, sabemos que es más absolutamente «nada» que unos “todos” absolutos. ¿Por qué nada? Sartre —sin mucho afán de hablar sobre sus pensamientos, porque sigo siendo un neófito sobre el existencialismo y filosofía en general— pensaba en ese kaos que proviene de un mundo irrealizable, probablemente ajeno a los entendimientos de la consciencia humana o, puede ser, hasta toda la terrícola. ¿Los verdaderos dioses provendrán de la nada? Quién sabe. Eso sí: somos los micro-dioses del olvido, huérfanos de un molde infinito que le llamamos universo, o a veces, nomas, así, somos parte de la Existencia.

Y, dicen, que de la Existencia viene la esencia: lo que vivimos y aprendemos de las circunstancias que nuestras consciencias evocan de aquella realidad tan compleja, esa que satura a nuestros procesadores biológicos, por eso mismo preferimos vivir una vida sencilla, llena de sexo, vídeojuegos y manjares hedonistas. Pero la verdad es que somos nada ante la «inconsumible» Existencia.

Algunas llaman a la Existencia como «La Creación». Vayan a saber ustedes qué es lo correcto.

Entonces… Si acaso somos seres que inventamos verdades provisionales, o realidades, tendremos, repito, que auto-proclamarnos como los micro-dioses de nuestra realidad; de otra manera, nos volveríamos locos, quién sabe si nuestros genes nos ayudarían a involucionar y así volver a las cuevas o, más divertido, nos dejen crecer las colas y empecemos a brincar árboles con destreza.

Pero quiero ser tan vago ni pesimista. Algo que me agrada de lo que he escuchado de Sartre es la responsabilidad ética de ayudarnos nosotros los humanos en esta crisis existencial, sin necesidad de controlar las consciencias de otros.

La difusión del arte y libros son un ejemplo.

Las ciencias duras y blandas también.

El conocimiento compartido nos hace sentir menos deprimidos, ansiosos, angustiosos, aún cuando sintamos todas esas sensaciones cuando “sepamos más” de algún tema escabroso. Es mejor un conocimiento completo que otro a medias, porque así se crea una ansiedad terrible. O la ignorancia, la completa ignorancia es más factible para los espíritus que se marcan como “débiles”; y está bien. Cada quien.

Esto último que hablo de Sartre es como el aforismo de Jesús sobre una posible buena convivencia entre humanos “Ármense los unos a los otros, como yo los he amado”; mesiánico, o lo que sea, a pesar del ateísmo de Sartre, este consejo es ineludible a la hora de relacionarlo: seamos libres, pero no por eso seremos totalmente independientes. Hay cierta codependencia entre los seres humanos que tal vez la nada contiene la solución para vivir mejor. De hecho, es bonito ayudar al prójimo, ¿no? Se siente bien. Es bueno, es una acción tanto ética y moral.

De este modo aprendemos a sobrellevar esta existencia solitaria.

De esta manera nos dejamos de rodeos y repensamos nuestras estrategias para vivir transformaciones, no destrucciones.

 

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