Anti-Bushido | Cuento (Fantástico)

El samurái, gravemente herido mira a su adversario, el vencedor, guerrero homónimo que permanecía de pie, apenas con un rasguño.

—Tú… tú tienes que seguir las reglas del bushido… debiste de… oh, mátame, con el honor que todo guerrero merece…

Como si controlara el aire, aquel otro samurái se quita el casquete y éste vuela con las olas de viento; ríe, ríe con su mirada de avellana, cabellos castaños y su acento extranjero se asemeja al más temido Tengu que tiene en su memoria folclórica:

—Métete ese bushido por el culo frío que tienes ahora, porque yo voy a disfrutar-te.

Los erhus se entrechocan; lloran; los ojos del ya moribundo se avivan como un trueno lleno de miedo, carente de furia, sólo miedo y más miedo; y el extranjero le clava su extraña katana una y otra vez por el abdomen, soltando insospechados chorros de sangre que parecen la fuente de algún terrible infierno que sólo los más pecadores podrían apreciar.

Y agonizante, muere.

El extranjero, empapado del fluido carmesí, sonríe con índole inhumano.

—Hora de seguir con el siguiente nivel.

Y sus pantalones caen al suelo.

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