Hace cinco años | Poema

Ars Nebulæ

¡Dios!
Quítame este cáliz de encima,
que lo usaré para embriagarme mil noches
y profanarme con sinfín de burradas.

¡Dios! ¡Dios!
Haz a un lado esta copa dorada
que no me fue destinada;
aléjala,
manténla a kilómetros,
a millones de leguas lejos de mí,
donde mi lujuria por ambición
y ambición por lujuria no se alimento
de un dulceamargo sabor que
no me fue destinado;

¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!
Aléjame de toda banal gloria;
aléjame de toda vanagloria;
destiérrame de lujos intransigentes;
exíliame de las corazas de oro
que perpetúan la sed de sangre,
odio y amargura;
Dios, Dios, aléjame de esta
blanda espada que corta más
que un rayo;
Dios, quítame estas cadenas
escarlatas que adheridas
a mis periferias que manipulan
cada pestañeo, cada sueño…

¡Dios, Diosito…!
Esta ciudad dorada
se oxida con breves años
y me siento tan extraño,
que deseo vivir con Lot
en una caverna,
y no,

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