Antes | Cuento (Fantasía)

Sus ojos eran un páramo de violencia en frenesí.

Misericordia: ninguna.

Sus compatriotas morían en duelos encarnecidos, uno a uno, en contra de una bala o un arma filosa, fácilmente vencidos por la avanzada tecnología del enemigo, del yori, los profanadores de sus tierras.

La batalla estaba a punto de terminar, en disfavor de los guerreros yoreme. Pero mejor morir bañando la tierra de tus ancestros con la sangre que corre por tus venas, que correr, escapar, exiliarte en otro lugar extraño, alienado de todas tus creencias, alejado de los dioses de su pueblo.

Y ahí él, herido, retomaba sus fuerzas y arremetió contra todo lo que se le acercara; no hay nadie que pudiera contra su tenacidad. Y nadie quedó para ver sus agridulces resultados; porque nadie, nadie, siguió respirando al final de su belicoso acto.

Una cabeza rebanada por aquí; un cuerpo lleno de humo por acá; el infernal olor apetitoso de azufre y carne asada; sanguinolentas cuencas vacías; cuerpos sin alma, sin gozo de vivir un minuto más en esta tierra de pecadores.

¿Quién salió victorioso? Nadie.

El Yaqui se sentó, o más bien, se tiró sobre una roca caliza, cansado, envenenado del oficio más antiguo del hombre: la guerra. Cerró sus ojos, escucha voces; tal vez los espíritus que tratan de sosegar sus penas; o tal vez el vacío que toma formas muy misteriosas dentro de la psique de cada mortal.

De pronto una visión:

Él, herido, pero con diferente, más áspero, maduro, caminando por veredas oscuras, mientras su cuerpo era rodeado por un extraño aura que lo protegía de los seres oscuros que lo acosaban en su penosa caminata.

La voz de un extranjero.

La voz de un joven sufriendo.

El llanto monstruoso de una mujer demonio.

Los ojos felinos y amarillentos en el horizonte que se le acerca más y más.

Despierta.

Despierta y está con ella, acurrucado, siendo acariciado en sus cicatrices por esa tersa mano, una mano hecha por sus enemigos, pero ésta con intenciones de amistad. De amor.

A ella todavía no la vemos, pero a él sí: el Yaqui, un ser que rara vez cambia su mirada, las nubes, seductoras de soñadores, descubren a un sol que ilumina a la pareja de enamorados, y el guerrero sonríe.

Sonríe.

 

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s