2040 | Poema

Hay rosas que nunca pude tocar,

porque tu postrera llama verde
timó mi defensa
y
quedé herido,
perplejo,
tomándome una coca cola;
quise avasallar tu cuartel
de dulce amargo zirconia,
pero tus dolorosas caderas
hirieron mi destino,
y quedé tarado,
atónito,
hasta que me crecieron las barbas
u mis colores
se convirtieron en cenizas.

Así me quedé sollozando,
fingiendo que la esperanza
de ayer sería la esperanza de ahora;
pero, ¡del perro!
Vi tu llamada en mi imaginación,
la acepté,
me quedé bobo escuchándote,
y cuando desperté
solamente veía una imagen tuya
en la pantalla canalla
que tus virtuales labios nunca callan…

… y yo, sigo aquí, sin pensión.

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