Despierta – Diego A. Moreno.

MasticadoresEros

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Yo no sabía que tenía que doler. Era mucha sangre y él lamía su mano. Mis jugos y mi sangre parecían extasiarle. Yo no quise alterarlo, contarle que ya no quería seguir, pero sus ojos convincentes me dejaron pasmada, hecha una tabla en la cama. Entonces siguió, siguió asediando mi Troya, ahora en llamas, llena de víctimas; sangre.

Aguanté gritos, injurias, de todo, era una posesa de aquella violencia que lo embriagaba crecientemente. Creí que su ariete no paraba de ensancharse. Pero era yo, mis músculos ajados; pero era yo, mi mente aterrada. Y no quise hacerlo: pero grité; aullé como madre en parto, concibiendo fantasmas de martirios y un dios del infierno que les daba la bienvenida a su tenebrosa morada. La oscuridad, la luna, todo se revolvió en un remolino; el mareo, las náuseas, las ganas de morir…

De pronto, todo quedó…

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