La poesía y el Genio con Gustavo Adolfo Bécquer | Ensayo literario

Resumen:

Junto a Espronceda, Bécquer abarca temas sobre la creación poética y algunos con tintes muy metafísicos. Este asunto llama la atención, así que me es interesante ponderar algunos elementos de sus primeros cinco poemas de las Rimas, los cuales contienen todo lo necesario que quiero analizar: La formación de la poesía y del Genio con Gustavo Adolfo Bécquer.

Palabras clave:

Poesía, poeta, espíritu, alma, poética, inspiración, razón.

Adolfo, Adolfito, Gustavo Adolfito Bécquer. Un alma antigua que no cedió al cambio de su movimiento literario, el romántico. Tanto en prosa y verso dejó un gran legado, impregnando su estilo esotérico en ambos. Hoy veremos un tanto de sus poemas y otro mucho de su genio, aquel daimón que lo describió de múltiples modos en sus versos.

Y sí, este escritor sevillano, desde sus primeros cinco poemas de las Rimas, parece ser que nos dicta algunos elementos metafísicos de lo que se refiere a creación poética, aquel o aquellos daimones que lo acosaban. Aquí lo que me interesa es analizar esta concepción que va desde el poeta hasta aquel «Espíritu sin nombre» del que tanto nos habla, y, adelantando,  todavía más vislumbrado en el “Poema V”. Hay datos que dicen que Gustavo Adolfo Bécquer, como todo buen periodista y lector, de alguna forma se relacionó con algún grupo espiritista de los que se estaban conformando en la segunda mitad del siglo XIX, aunque también se dice que no era tan fuerte tal influencia esotérica o de efectos paranormales. Sin embargo, Bécquer usaba elementos metafísicos para explayarse en sus versos, aspectos esenciales e interesantes que quiero  desarrollar en este trabajo.

Desde el primer poema —o “Rima I”)— que trato, vemos cómo Bécquer nos abre las puertas con una trompeta, tomando al lector como confidente de un secreto de mayor importancia y a la vez complicado de expresar. Aquí va:

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en la sombras.

Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas
pudiera, al oído, cantártelo a solas.

Hasta este punto Bécquer nos toma de la mano y nos lleva a este mundo que el simple ojo humano no puede ver, pero sí un poeta puede rimar, operar y cantar, tal alquimia con palabras y «el Genio» que las acompaña. Él, desenvuelto en este cosmos, exclama que tiene «algo» dentro de su alma, eso que quisiera expiar, desahogar, pero que difícilmente puede hacer con tan sólo unas simples palabras cristianas, así que dice “y estas páginas son de este himno/ cadencias que el aire dilata en la sombras”; aclara que tendrá que desarrollar este «himno», «espíritu», «ideas», en varias rimas. Sin embargo, dice “Pero en vano es luchar; que no hay cifra/ capaz de encerrarle y apenas ¡oh hermosa!”, como dándose por vencido, ya que este ente extraño y imponente es casi ininteligible; no obstante, pronto veremos que él mismo, en uno de sus «Yo poéticos», nos afirma la posibilidad que este «Espíritu» se conecte con el alma y que después el poeta sea como el único trovador que pueda enviar este mensaje a los demás humanos, pareciéndose a un oráculo o pitonisa que está conectado a la divinidad.

Hasta este punto, Bécquer parece ser un místico o, exagerando, un espiritista. Pero hagamos una acotación:

El punto anterior, me hace recordar algo muy parecido que se dio en la Edad Antigua con una de las grandes civilizaciones humanas: Egipto. Poesía en sus orígenes egipcios era phoisis, la cual se desglosa de esta manera: Pho=Mensaje, Isis=Diosa de la magia y sabiduría egipcia; y ya en conjunto podría significar “mensaje de la Diosa/Dios”. En este caso, Bécquer plantea algo parecido, y es que él como poeta está estrechamente conectado con aquella fuente espiritual (Isis) que se mete dentro de él para luego ser expulsada con la poesía (Pho).

Ahora cerramos la acotación y…

Avanzando con el siguiente poema, nos trasladaremos a la “Rima II”, donde me basaré en la interpretación que el «Yo poético» es la mera función de la poesía:

Saeta que voladora
cruza arrojada al azar,
y que no sabe dónde
temblando se clavará;

hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;

gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
qué playa buscando va;

luz que en cercos temblorosos
brilla próxima a expirar
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;

eso soy yo que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni adónde
mis pasos me llevarán.

Esta saeta podría ser aquel «himno gigante», aquel «espíritu», el cual está rondando por todo el universo, y, por si fuera poco, tampoco sabe de dónde proviene y ni dónde va a acabar. El poeta absorbe aquel espíritu  para nutrirse y crear poesía, la cual nunca se sabe de antemano lo que se dirá en ella o tampoco será fácil de descifrarla. Pero si tomáramos como el «Yo poético» al poeta, la interpretación cambiaría bastante, y la situación sería de cómo el poeta es como una saeta que recorre el mundo sin saber a dónde va, que a veces enaltece a cosas que tienen un estado sombrío, para luego darles luz y belleza. Sin embargo, como ya dije, me caso más con la primera interpretación, pero tampoco rechazo esta última, también tiene todas las evidencias para subsistir esta interpretación.

Ahora, en el siguiente poema veremos una conjunción dos elementos esenciales que Bécquer expresa en su “Rima III”; y estos dos conforman al poeta. Aquí, el «Yo poético» nos está describiendo un elemento que recorre el mundo y lo hace más bello, véase esta estrofa “colores que fundiéndose/ remedan en el aire/ los átomos del iris/ que nadan en la luz”. Metafóricamente también describe como un poeta está inspirado y cómo desde sus entrañas siente que va a entrar en erupción, tanto así que se escucha algo en el alma que quiere ser expuesto por la misma pluma o voz del poeta “Murmullo en el alma/ se eleva y va creciendo,/ como volcán sordo/ anuncia que va a arder”, qué tan importante son estos elementos que se relacionan con el fuego, y todos por lo tanto iluminan, son vigorosos, y ellos son como fuego, luz, iris, volcán; hasta parece que el poeta literalmente sacará luz de su boca para iluminar a la Tierra. Más adelante, nos es contado por el «Yo poético» que este ente está formado por varias ideas, pero por sí solo no puede crear algo conciso, sino necesita la ayuda de algo o alguien que lo pueda ordenar, o mejor dicho, con el que se pueda fusionar “ideas sin palabras, / palabras sin sentido; / cadencias que no tienen/ ni ritmo ni compás”, y en este sentido, estos seres no corpóreos no pueden vivir por sí solos, y por lo tanto es cosa del destino que de ellos se alimente el poeta. Después, un aspecto muy interesante, es que en la estrofa que se verá está la mención de “un divino genio creador”, ese mismo que creó al espíritu, al alma y a lo que pronto se va a decir que es… la inspiración:

Locura que el espíritu
exalta y enardece;
embriaguez divina
del genio creador….
¡tal es la inspiración!

Llama la atención que en vez de referirse al Dios católico o a otro ser divino conocido entre las religiones de aquella época, más bien habla de un genio creador, que por medio del espíritu exalta y enardece, así creando a la inspiración que es el primer elemento necesario para crear poesía. A parte, se menciona a la locura como un estado de embriaguez o de lucidez, esto es muy probable que se conecte con El elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam. Ahora vamos con el siguiente elemento, el cual desde su primera estrofa, ya el lector posiblemente le identifique “Gigante voz que el caos/ ordena en el cerebro, / y entre las sombras hace la luz aparecer”; siempre la luz es la que ilumina, o en otras palabras, es la que resuelve el asunto de la creación poética, aquí ya vemos hasta una sinécdoque muy apegada a la Ilustración, al Silgo de las Luces. Volviendo a la estrofa pasada, está un cerebro autoritario de una voz imponente, que entre la nada hace aparecer una luz, una iluminación otra vez, espacio que nos sumerge el «Yo poético» y que de seguro también “nos iluminará”. Luego, nos es narrado cómo este elemento se congenia con la inspiración “hilo de luz, que en haces/ los pensamientos ata; / sol que las nubes rompe/ y toca en el cenit”; curioso, muy curioso que en vez de darle un espacio primordial a lo gótico, a la noche, a lo oscuro, este poema romántico ilumina casi literalmente, más en este acto casi erótico donde los pensamientos del cerebro atan a tal ente no corpóreo que es la inspiración, luego esta acción es alegorizada como “sol que las nubes rompe y toca en el cenit”, muy pictórica la escena, donde las tinieblas corren de este espacio para dejar entrar al sol, a Apolo, dios del elemento que falta por mencionar: la razón. Este espacio es el que la inspiración, ese espíritu creativo, le es idílico para reposar, para fusionarse con la razón. Para terminar con la “Rima III”, vamos al clímax de estos versos:

Raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga;
oasis que al espíritu
devuelve su vigor…

¡Tal es nuestra razón!

Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo el Genio puede
a un yugo atar a las dos.

Hasta aquí vemos cómo Bécquer ideó una manera de hallar el equilibrio entre dos seres casi opuestos que son la inspiración y la razón, para fusionarse y luego formar El Genio, y este genio es el mismo poeta. Tal vez hasta se sienta pretenciosa tal afirmación, pero parece ser que Bécquer habla sobre este equilibrio para no quedarse nomas con la inspiración que muchos románticos adoraban, sino también con la razón, elemento que sus opositores los neoclásicos primordialmente utilizaban; pero Bécquer no se casó con  sólo uno de ellos, él mismo en su poesía hizo una combinación de los dos para alienarse de los demás poetas y ahora ser un verdadero Genio o poeta.

Saltémonos la cuarta rima, no menos importante que las otras, pero sería sólo reiterar aspectos ya analizados, y vámonos a la “Rima V”. Esta rima es una de las más investigadas, sea por su rico contenido literario o por el tema que abarca, porque en él se congenian las cuatro primeras rimas en uno, pero con gran maestría Bécquer plantea todo este panorama. Empecemos desde el principio, donde se sentirá como un Déjà vu con el primer verso “Espíritu sin nombre”, el cual por supuesto se trata de la inspiración, luego se desarrolla con “indefinible esencia/ yo vivo con la vida/ sin forma de la idea”, esto también se percibe como algo ya visto. Ahora cito las dos siguientes estrofas por la dualidad que impregna en ellas el «Yo poético», que por cierto parece ser que es la inspiración misma la que nos canta estos versos:

Yo nado en el vacío,
del sol tiemblo en la hoguera,
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas.

Yo soy el fleco de oro
de la lejana estrella;
yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.

Es interesante cómo crea esta dualidad en un solo objeto que es la inspiración; como si ella misma representara a los románticos, donde todo es sentimiento y polar,  donde lo bueno y lo malo son una misma cosa, donde el sol y las sombras iluminan por igual. En lo siguiente, dice que ella misma, la inspiración, es siempre dual; tanto como fuego y nieve puede ser, véase este caso en estos dos versos siguientes “Yo soy nieve en las cumbres/ soy fuego en las arenas/ azul onda en los mares/ y espuma en la ribera”, qué tan ingenioso fue Bécquer como para poner los cuatro elementos en una sola estrofa y a la vez significar que la inspiración es todos ellos. Después dice que ella es la nota, la música, que canta con la alondra y zumba con las abejas “Yo canto con la alondra/ y zumbo con la abeja/ yo imito los ruidos/ que en la alta noche suenan”; la inspiración crea la aliteración en la poesía; ella imita a la vida y a la vez ella da vida a la poesía. Como ya he dicho, esta rima está llena de dualidades, pero ahora veremos una dualidad aliterada en las siguientes dos estrofas:

Yo atrueno en el torrente,
y silbo en la centella,
y ciego en el relámpago,
y rujo en la tormenta.

Yo río en los alcores,
susurro en la alta hierba,
suspiro en la onda pura
y lloro en la hoja seca.

Lo interesante aquí es como la aliteración fuerte y suave crea esta dualidad en las dos estrofas, hasta también las imágenes que nos brinda el poema como “torrente” y su opuesto “alcores”; cielo y tierra, actividad y pasividad, esto se encuentra en estas imágenes.

Si nos vamos más adelante, también encontraremos otros recursos literarios; dualidades, aliteraciones, etcétera, pero lo que más impacta, como casi siempre, es la última estrofa, que parece ser cifrada pero a la vez es bastante inteligible. Veámosla:

Yo, en fin, soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta.

En fin, el «Yo poético» nos confiesa quién es, y qué tan ligada está con el poeta, así como una metaficción ocurriera, en vez de que el poeta hablara de la inspiración o poesía, la poesía habla ahora del poeta y su relación tan estrecha.

Estos primeros poemas parecen introducirnos al mundo bécqueriano, donde lo desconocido se ilumina para después ser parte de nuestro ser, conocerlo como la palma de nuestra mano, y adentrarnos en el mundo metafísico donde lo inexplicable se vuelve explicable. Todos estos elementos por lo pronto veo que conformar una ideología espiritista o tan sólo romántica al estilo de los primeros románticos alemanes, donde conectaban la filosofía con este movimiento; pues ahora Bécquer, décadas después retoma estas ideas y las desarrolla a su estilo.

 

NOTAS:

• Este trabajo ha sido más como recolector de unos de tantos elementos que conforman la poesía de Bécquer, pero en este caso vi gran relevancia en ellos y por lo tanto les hice un estudio como este.
• Se ha dicho que Bécquer es post-romántico o incluso precursor del Modernismo junto a Rosalía de Castro.
• Hay una fuerte influencia de varios romanticismos en Gustavo Adolfo Bécquer, los más directos han sido el romanticismo inglés, alemán y algo del italiano. Véanse las rimas que les siguen a las cinco primeras para aclarar tal afirmación.
• Bécquer dijo que sería más famoso estando muerto, cosa que pasó.
• Bécquer y su literatura a veces no parecen meramente románticas, aunque sí lo son, pero varios elementos aparecen en otros movimientos, como el del Neoclasicismo, Modernismo y Barroco.


 

Bibliografía consultada:

• Bécquer, Gustavo Adolfo. Rimas, Leyendas y Narraciones (pp. 3). México: Edit. Porrúa, 5ta edición, 1970. Los subrayados son míos; seguiré haciéndolo para remarcar palabras que se relacionen con el tema.
• Gimferrer, Pere. “Bécquer, en una ‘Rima’ ” de Historia y crítica de la literatura española (pp. 199-204). Ed. Francisco Rico, tomo 5. España: Editorial Crítica, S.L., 1994.
• Romero Tovar, Leonardo. “La transmisión de los textos poéticos en el siglo XIX” de Historia y crítica de la literatura española (pp. 195-199). Ed. Francisco Rico, tomo 5. España: Editorial Crítica, S.L., 1994.
• Sebold, Russell P. Bécquer y el espiritismo. Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006.
• Sebold, Russell P. “Hacia Bécquer: Vislumbres del cuento fantástico ” de Historia y crítica de la literatura española (pp. 204-209). Ed. Francisco Rico, tomo 5. España: Editorial Crítica, S.L., 1994.

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