E pur si muove | Poema

Nos ve.
Nos siente.
De vez en cuando nos habla.

Pero nos ignora.
Nos desentiende.
Y se queda en silencio
cuando más lo necesitamos.

Aquel ser supremo,
pasmado por la retícula de tantas realidades,
queda abnegado de lo nuestro,
algo que creó
o descubrió;
y ahora,
con una paciencia infinita,
hará lo que las deidades determinan:
dejarnos con la providencia,
mientras la sombra de su espalda
iluminará nuestros aciagos días.

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