Ideas sobre Historia y Literatura | Ensayo Literario | Historia

In other words, it is generally
assumed that literature is a
permanente expression of human
nature and a permanent feature of
human culture, at least as real
and as permanent as, say, dreams.

—ALVIN KERNAN

En el presente trabajo se presentarán las ideas que se tienen sobre la Historia y la Literatura como mera reflexión; asimismo, dialogando sobre el fructífero enlace que hay entre estas dos disciplinas, como también el mito que es fundador de historias y la filosofía como idea de la Historia, y viceversa.

 

Idea de lo que es la Literatura y su crítica

Se dice que la idea de lo que es literatura empezó a tener forma durante la segunda parte del siglo XVIII, entre románticos y prerománticos; es ahí donde la palabra “literatura” comenzó a configurar sus primeros significados para reemplazar el vago concepto de belles lettres[1] (Kernan 1973: 32).

En cambio, hoy en día literatura puede ser cualquier clase de texto por si riqueza: el cómic; la novela gráfica (Kernan 1973: 32); los filmes; publicaciones científicas; los videojuegos; y más y más artes que se relacionan intrínsecamente con la literatura que es su antecesor junto a las demás Bellas artes. Por eso también la Literatura, como puede ser inmanente en varias bellas artes, puede ser un objeto social, ya que ha servido como una aproximación crítica, así como dice Cristina Elgue de Martini: “Nadie duda hoy que lo literario es un valor que una sociedad otorga a una obra y que depende sólo en parte de las características textuales de dicha obra” (Elgue 2003: 9).

Así se puede apreciar que la Literatura ha evolucionado, evoluciona y evolucionará, ya que lo que no fue literatura antes, ahora lo es, y así en el pasado con obras que “no fueron producidas ni leídas en sus orígenes como piezas literarias” (Elgue 2003: 9); por eso hoy en día el canon literario se ha estado ampliando “de manera increíble y escritores y textos que hasta hace poco eran considerado como paraliterarios encuentran hoy un lugar en los programas de literatura” (Elgue 2003: 9).

Por ende, según la teoría del formalista Iuri Tinianov, sobre la evolución del arte y crítica literaria, la literatura se caracteriza por ser funcionalista, por lo cual quiere decir que “se considera como literario” puede que en un momento no hay sido, pero en otro, “y a la inversa, puede suceder que ciertos discursos que en la actualidad no son considerados como artísticos funcionen como tales” en la posteridad del presente sistema literario (D. Dema 2009-2010: 3); con lo cual, Tinianov considera como constante en las obras artísticas y literarias “no es un lenguaje poético siempre idéntico a sí mismo”, más bien es la relación del material verbal y un factor constructivo, “un procedimiento dominante para darle forma al material y conformar la obra”; por ejemplo, “en la poesía […] el material son las ‘agrupaciones semánticas’ y el factor constructivo es el ‘ritmo’”(D. Dema 2009-2010: 3).

En definitiva, la Literatura es una guarnición de elementos humanitas y, por lo tanto, naturales. Un planteamiento sumamente interesante que hizo Alvin Kernan es sobre la comparación de lo que es el industrialismo y la literatura, de este modo abarcando una mejor idea de lo que es la literatura en nuestra sociedad:

Si el instrumento principal y la imagen del industrialismo ha sido la máquina, entonces la literatura desde el principio ha sido identificado con lo contrario, con la naturaleza y lo natural, lo orgánico, lo intrínseco, lo espontáneo, el humano y lo humano. Una máquina convierte invariablemente cantidades de mercancías idénticas, producidas en masa, pero una obra literaria se define como el producto raro y absolutamente único del genio impredecible. Los artículos producidos por la máquina en la fábrica son valorados por su utilidad y se les asigna un precio en el mercado, mientras que se dice que la literatura tiene ninguna función práctica y ser “invaluable”.[2] (Kernan 1973: 33)

La literatura es aquel objeto abstracto, fuera de un texto impreso, es una idea, una sinapsis empleada en papel que configura y reconfigura el imaginario humano por medio de signos míticos y primitivos, que se actualizan diacrónicamente dependiendo del contexto histórico por el que pase.

Además, en base con la industrialización, la Economía, en última instancia no deja de imponerse y de esto dependerá la relativa independencia de los sujetos, artistas, escritores, que se desarrollan en distintas actividaddes gracias a la división del trabajo que les da facultad para desplegar su capacidad creativa libremente; y esta

creatividad humana alcanza su máxima expresión en el arte. La prubea de la relativa autonomía de la superestructura con respecto a la base económica la encuentra Marx en el hecho de que el florecimiento económico no coincide necesariamente con los grandes avances culturales y, a la inversa, ciertos momentos de esplendor en el ámbito de la filosofía o la literatura se dan en sociedades atrasadas con respecto a otras que no alcanan tales logros filosóficos o literarios. (D. Dema 2009-2010: 2)

Volviendo a la información de la historiografía literaria, se cuenta que la búsqueda por una congruente estética de la literatura se desarrolló en gran parte en el siglo XIX y XX, mediante varios tratados de críticas literaria (Kernan 1973: 33-4).

Cristina Elgue de Martini creó un cuadro que se divide en dos partes: una es sobre la crítica moderna y otro sobre la posmoderna, explicando sobre lo que ha sido de la literatura y su crítica, y lo que supuestamente es en la actualidad, estos dos críticas literarias con base en conceptos y críticos literarios como representantes. He aquí el cuadro[3]:

CRÍTICA MODERNA

CRÍTICA CONTEMPORÁNEA/POSMODERNA

Énfasis en formalizaciones lógicas abstractas. (Saussure, Chomsky)

Énfasis en el texto histórico y en su contexto de producción y de recepción.

Concepto de texto como entidad autosuficiente, con existencia autónoma, fuera de las prácticas sociales del lenguaje.

El texto se ha transformado en mosaico de textos y forma parte del lenguaje social, pertenece al mismo continuum.

A través del análisis de diferentes niveles, se aspiraba a acceder a la estructura profunda que daba cuenta del “significado” de la obra (conocimiento interno de la obra, análisis inmanente). (Sintaxis narrativa de Todorov, funciones narrativas de Propp y de Bremon, Semántica estructural de Greimas).

El concepto de “significado” ha sido reemplazado por el de “múltiples significados” (Derrida); la interpretación de la obra requiere su estudio en relación con el contexto socio-cultural, es decir, con otras instancias del discurso social.

De modo que la Literatura es una herramienta para generar imágenes, discursos sociales, historias, lenguaje y mitos; es así como dice Jacques Pelletier que la Literatura y su crítica es un tipo “de discurso social que privilegia la diemnsión, el contenido social de los textos, su peso histórico, si significación cultural, ideológica, política”, lo cual implca un exhaustivo trabajo que se divide en dos direcciones complementarias: “de la socidad, como condición de producción a la obra, y de ésta, en tanto, universo segundo, paralelo, a la socidad”, y así la Literatura junto con un análisis sociohistórico crean un proceso dialéctico (Elgue 2003: 10).

Análogamente, la teoría en que la sociedad y la Economía se encuentran estrechamente ligadas por aquel fenómeno de fetichización o cosificación que Mart y Lukács han investigado, el cual se refiere al

fenómeno según el cual en la sociedad capitalista las relaciones humanas desarrolladas en torno a la conciencia como relaciones “naturales”, como funcionando gracias a leyes propios (leyes impuestas  por la dinámica del sistema económico) y no como lo que son: relaciones entre personas que fabrican e intercambian bienes. Así se produce un proceso de deshumanización en el que todas las formas de la vida pasan a concebirse en términos económicos. (…) Este fenómeno conduce a la cosifiación de todas las relaciones humanas pero no es percibido como tal por la mayoría de las conciencias atrapadas en esa mecánica. Pero esta falsa realidad que percibe la mayoría puede ser desvelada por ciertas formas de crítica entre las cuales se encuentra la literatura. (D. Dema 2009-2010: 2).

So acto catárquico o humanizante, la literatura forma una concepción crítica y humana en una sociedad basada en su economía, en el capitalismo que  cosifica, industrializa el pensamiento y lo convierte en autómata, casi silogísticamente vacío.

Pero, volviendo con Alvin Kernan, él dice que, sin afán de una plenitud en la definición sobre lo que es la literatura, la nueva estética ha estado en tres principales áreas de ella. Kernan empieza con que la primera y “más persistente” de estas áreas es la psicología, que son particularmente los trabajos “no lógicos” de la mente. Habla que el constante intento de criticismo ha sido “encontrar y validar alguna energía o modo de profundo de conocimiento entre el la mente del poeta, y por extensión todas las mentes”, lo cual considera anterior, y más auténtico, que la lógica y el racionalismo que se basan la ciencia y el empirismo (Kernan 1973: 34).

Cuando este, por así decirlo, patrón psicológico en la literatura se analiza y revela, estas verdades que se encuentran profundamente vivas dentro de la mente y han sido mediadas, reflejadas, o llamadas mitos, lo cual “mito” es la segunda gran área en lo que el significado de literatura ha estado escudriñando a lo largo de las eras. Según Kernan, la definición de mito ha sido arbitrariamente usada que no hay una acuerdo en lo que el mito en verdad es, “cuál ficción es un mito y cuál no”, o cómo la presencia de los “elementos míticos” pueden ser establecidos dentro una obra literaria que no es totalmente un mito (Kernan 1973: 34).

En el pensamiento sobre la idea de la literatura con Alvin Kernan, se encuentra la teoría que cada idea principal subyace a una larga continuidad histórica de las estructuras que crea, mientras el concepto del mito, aun cuando este es vagamente especificado, ha proporcionado literatura con los requerimientos históricos identificando como sus ancestros un grupo de historias más viejas tratando con orígenes y con la relación primaria del hombre con la naturaleza y con otros hombres, con lo sagrado y lo numinoso. Los mitos son las formas preracionales que la imaginación toda antes de ser puestas sobre algún relativo realismo, lógica y consciencia; pero las preconcepciones míticas primordiales se materializan en la forma de cierto entrecruzamiento o círculo de símbolos, y una cierta base de patrones o historias-chivo expiatorio o tramas de iniciación que persisten en la mente humana (Kernan 1973: 35).

En la tercer área la que los valores de la literatura han desarrollado centros en un grupo de ideas estrechamente relacionadas sobre la forma, que es, como mito, tratado como una proyección o función de la imaginación: la belleza, la forma, el arte, el estilo, la artesanía, la estructura, el objeto perfecto y aislado (Kernan 1973: 35). De esta manera tenemos los tres niveles que se fundamenta la literatura: la psicología, el mito y la imaginación, donde esta última área se fundamente principalmente la ficción.

Los logros de tener una idea, o varias, sobre la literatura han sido enormes; gracias a esto, por medio de la crítica literaria y sus transformaciones, se han creado grandes obras literarias, las cuales han producido un gran entendimiento en el desarrollo y entendimiento de ficciones de “rara precisión” y “valía permanente”; probablemente todo esto ha servido a cruciales funciones sociales para preservar lo mejor de antiguos valores o regímenes, así mejorando extraordinariamente lo que pasaría una nueva (actual) sociedad en una transición aterradora o paradigmática (Kernan 1973: 39).

Por eso mismo, Elgue de Martini piensa que es necesaria una sociocrítica para adecuar una mejor definición de lo que es literatura con sus provisionales limítrofes. De esta manera, Elgue de Martini dice que

la sociocrítica propugna que la actividad discursiva se sitúa en la sociedad y en la historia, y que a través de las producciones simbólicas resultado de esta actividad una sociedad se representa a sí misma y se forma una identidad. La sociocrítica se manifiesta entonces decididamente por el tratamiento de la obra concreta en su dimensión diacrónica en detrimento de las formalizaciones lógicas abstractas y sostiene que los textos no son unidades autosuficientes sino que establecen una relación de permeabilidad con las formas discursivas que circular a su alrededor. ((Elgue 2003: 11)

Y en el caso de Pablo D. Dema, dice que el arte literario, y por lo tanto su crítica, “no debe de dar cuenta de la escencia del mundo mdiante un discurso abstracto ni tampoco puede contentarse con los aspectos superficiales”, sin por el contrario, es, supuestamente, el arte literario más relevante “el realismo en el sentido marxista, capta la dialéctica de la realidad entendida como un juego de esencia y apariencia” (D. Dema 2009-2010: 2; el subrayado es mío).

De otro modo, con la recepción de Jauss, esta teoría literaria de la recepción se refiere a la tanto en la manera “que una obra es recibida a los efectos y las respuestas que la obra genera”, por ejemplo, “puede ser la producción de otra obra como ‘respuesta’ a la anterior, de modo que el receptor deviene a su vez producto”; así el concepto de estética de Jauss identifica la posibilidad de “obtener conocimiento acerca del arte gracias a la práctica de experiencias artísticas concretas” (D. Dema 2009-2010: 7).

En consecuencia, la literatura ha servido para que, por medio de ficciones, redefinir situaciones sociales y políticas sincrónicamente contemporáneas que vienen desde su realidad y la necesidad de su realidad, la necesidad tanto de los escritores y sus lectores, o, espectadores, para las bellas artes en general.

 

Idea de lo que es la Historia y su crítica

Es importante comenzar con la postura que se tiene por lo que es la Historia, y, en este caso, la filosofía de la Historia es una fuente de pensamiento y conocimiento adecuada para la presente reflexión, “una actividad, una manera de hacer filosofía” (Hacking 1990: 343). A empezar con lo que se ha tenido por Historia y por Filosofía individualmente, para, después, crear una amalgama entre las dos disciplinas.

Según Voltaire y Hegel, la Historia podía cumplirse por sí misma, “mientras que para  los positivistas se trataba del invento de convertir la Historia, no en una filosofía, sino en una ciencia empírica”; pero por otra parte, en cada “uno de estos casos, un concepto distinto de filosofía era lo que determinaba la manera de conceptuar la filosofía de la Historia”, lo cual, en efecto, en el caso de Voltaire “filosofía significaba pensar con independencia y críticamente”, mientras para Hegel “significaba pensar acerca del mundo como totalidad”, y para el positivista del siglo XIX “significaba el descubrimiento de leyes uniformes” (Collingwood 1952: 11).

Por lo tanto, la filosofía es y debe de ser reflexiva. La mente, por así llamarla, filosofante “nunca piensa simplemente acerca de un objeto, sino que, mientras piensa acerca de cualquier objeto, siempre piensa también acerca de su propio pensar entorno a ese objeto”; de este modo, R. G. Collingwood apunta a la filosofía como pensamiento en segundo grado; o en otras palabras: “pensamiento acerca del pensamiento” (Collingwood 1952: 11).

Sin embargo, hay que recalcar este concepto que se tiene por la Filosofía según Collingwood:

la filosofía jamás se ocupa del pensamiento por sí solo; siempre se ocupa de su relación con su objeto, y por lo tanto se ocupa del objeto en la misma medida en que se ocupa el pensamiento. (Collingwood 1952: 12)

Y para los filósofos se tiene

el hecho que reclama su atención no es el pasado por sí solo, como acontece para el historiador, ni tampoco es el pensar del historiador acerca del pasado por sí solo, como acontece para el psicólogo. El pensamiento en su relación con su objeto no es puramente pensamiento sino que es conocimiento. (Collingwood 1952: 13)

Por lo tanto, a diferencia de los filósofos, los historiadores les compete la aprehensión del pasado como una cosa por sí, “por ejemplo, afirmar que hace tantos o cuantos años, tales y cuales sucesos verdaderamente acontecieron”; pero para los filósofos es distinto: a ellos debe de interesarles tales sucesos, “pero no en cuanto cosas por sí, sino como cosas conocidas por el historiador”; a los filósofos les compete “preguntar, no qué clase de sucesos fueron y cuándo y dónde acontecieron, sino cuál es su condición que hace posible que el historiador pueda conocerlos” (Collingwood 1952: 13). De esta manera el filósofo debe

pensar acerca de la mente del historiador, pero al hacerlo no duplica la labor del psicólogo, puesto que para él el pensamiento del historiador no es un complejo de fenómenos mentales, sino un sistema del conocimiento. También debe el filósofo pensar acerca del pasado, pero no de modo que duplique la tarea del historiador, porque, para él, el pasado no es una serie de sucesos, sino un sistema de cosas conocidas. (Collingwood 1952: 13)

Collingwood hace la sentencia que la filosofía le es irrealizable divorciarse del estudio del conocer de lo que se conoce, “imposibilidad que se desprende directamente de la noción acerca de la filosofía como un pensar de segundo grado” (Collingwood 1952: 14).

Entonces es preciso preguntar por qué la Filosofía de la Historia ha de ser pertinente para esta reflexión, en lugar de parecer solamente una herramienta para historiadores y no para literatos. Con esto se puede decir que:

a lo largo del curso de la civilización europea la genta ha pensado históricamente, hasta cierto grado; pero no ha sido habital reflexionar de las actividades que se ejecutan con relativa inocencia. Solamente el encuentro de dificultades nos obliga a cobrar conciencia del esfuerzo que nos cuesta superarlas. (Collingwood 1952: 14)

Y que

Es ello así, entonces, que la temática de la filosofía, en cuanto que ésta (filosofía) es el desarrollo organizado y científico de una auto-conciencia, depende periódicamente de la problemática particular que, en un momento dado, presenta dificultades especiales. (Collingwood 1952: 14)

Entonces, la filosofía de la Historia es una herramienta imprescindible en cuando al aparato historicista dentro de la Literatura, en este caso el de la novela histórica mexicana, como también un complemento para la sociocrítica; todo esto es con base en la auto-conciencia, la metacrítica, la metahistoria, la metaliteratura, el afán de descubrir de dónde surgen las problemáticas en cada área de investigación y cuando convergen y, si es posible, se resuelven.

Antes bien se podría pensar la Historia desde la Antigua Grecia se mantuvo como tal; sin embargo, después de los griegos, la Historia ha cambiado en dos grandes épocas constructivas de la historia europea:

En la Edad Media los problemas centrales del pensamiento se referían a la teología y, por consiguiente, los problemas filosóficos surgieron de la reflexión sobre la teología y se ocupaban de las relaciones entre Dios y el hombre. A partir del siglo XVI, hasta el siglo XIX inclusive, el esfuerzo principal del pensamiento tuvo por meta la fundamentación de las ciencias naturales, de donde resultó que la filosofía erigió en tema capital el estudio de la relación entre la mente humana, en cuanto sujeto, y el mundo natural de las cosas situadas espacialmente en torno a ella, en cuanto objeto.  Durante todo este tiempo también se meditaba, claro está, sobre la historia, pero el pensar histórico siempre era de un tipo comparativamente elemental y aun rudimentario: no suscitaba problemas de difícil solución y por eso se vió precisado a reflexionar sobre sí mismo. (Collingwood 1952: 15)

Desde el siglo XVI el pensamiento moderno había generado grandes cambios en la epistemología del humano, fue un hito revolucionario para la mente humana y sus acciones fenomenológicas, sus estudios de la realidad y la imaginación, por así decirlo, una generación de estudios metahumanos que se dedicaban a investigar las ideas y el exterior, la realidad, de la naturaleza y el humano. Pero fue hasta en el siglo XX cuando el pensamiento humano cambió a pensar sobre las ciencias como metaciencias: la contemporaneidad y el posmodernismo crearon el hábito de estudiar el estudio, estudiar lo que es una ciencia en sí, como por ejemplo, la Historia como metahistoria (el estudio de la Historia sobre qué era la Historia, su crítica, su filosofía) y el de la Literatura como metaliteratura (el estudio de la crítica literaria, de lo que es la literatura, la literaturiedad).

Sin embargo, desde el siglo XVIII, “la gente empezó a pensar críticamente acerac de la historia, de la misma manera que ya había aprendido a pensar críticamente acerca del mundo exterior”, ya que fue en esos precisos momentos cuando “la historia comenzó a perfilarse como una forma particular del pensamiento” (Collingwood 1952: 15).

En la Ilustración la Historia, además, tuvo un énfasis sobre el empirismo y el progresismo al estilo postivista. De ahí viene lo que se ha dicho que la Historia es una ciencia, como si fuera una ciencia natural que, vaya, estudia a la Naturaleza y, en específico, a la naturaleza del hombre, pero en este caso de manera lineal (Lehan 1990: 533). En el Romanticismo, la Historia en vez de ser lineal, era un énfasis cíclico, un “ natural orgánico del ser” y “una creencia en el Destino”; con puede percatarse de que el Romanticismo fue una respuesta contra el pensamiento de la Ilustración sobre la Historia (Lehan 1990: 533), ya que, en vez de algo meramente empírico, lineal, progesista, es un ciclo de acontecimientos predestinados que forman parte de un gran ser.

Así el pasado fue constituido por “acontecimientos particulares situados en el tiempo y en el espacio”, pero este ya no acaece, “no puede aprehenderse por el pensamiento matemático” de antiguos pensamientos, porque, “este tipo de pensamiento aprehende objetos que no tienen situación especial en el espacio y en el tiempo” y, de esta manera, sucede que por esa falta en el tiempo-espacio es por lo que son “cognosibles” (Collingwood 1952: 16). En cambio, actualmente se tiene el punto de vista contemporáneo o postmoderno de la Historia que hace énfasis en la estructura y paradigma; lo postmoderno es la presunción de que no se sabe la historia pero sólo paradigmas que “traemos por explicación de lo que llamamos Historia” (Lehan 1990: 534), como se dice en el neohistoricismo que, la Historia, y la filosofía de la Historia, es

la teoría que los fenómenos socales y culturales son historicamente determinados, y cada periodo en la Historia tiene sus propios valores que no están directamente aplicables a otras épocas. (Hacking 1990: 344-5)

O, es decir, lo que se ha pensado por “Historia” es una acepción y disciplina que hace un inventario de sucesos paradigmáticos en la humanidad; no obstante, aunque se piense así, también está la parte de la crítica de la crítica, la filosofía de la Historia, la filosofía de la filosofía, de cómo se generan concepciones y preconcepciones, ya que el humano ha tenido una larga carrera en su búsqueda de la realidad, de sus orígenes, del mito originario de la vida y del razonamiento, que ha sido una eterna e indetenible existencialismo de la humanidad. Por eso a veces se puede pensar que la Historia es una disciplina de no fiar en sus estudios sobre el pasado, porque es más historia que Historia (Hacking 1990: 345).

Collingwood dice que, en el caso de la Historia, el pasado “ha desaparecido y las ideas que nos formamos acerca de él no pueden ser verificadas de la manera que verificamos nuestras hipótesis científicas” (Collingwood 1952: 16); por eso mismo la Historia es una rama científica para algunos o seudocientífica para otros, ya que hoy en día se dedica al conflicto constante de interpretar el pasado por la necesidad “de abrir una inquisición especial cuyo propósito fuese el estudio de semejante problema o grupo de problemas”, así que la Historia necesitaba juntarse con la filosofía para así estudiarse a sí misma, a veces como un objeto, a veces como la hermenéutica de un sujeto[4]. Desde aquí se puede decir que toda adición al cuerpo de las ideas filosóficas, y filosóficas de la Historia, “acarrea un cierto grado de alteración a todo cuando ya estaba, y la constitución de una nueva ciencia filosófica acarrea la revisión de las antiguas” (Collingwood 1952: 17). Así la Historia es como una forma especial de pensamiento (Collingwood 1952: 18), más hoy en la actualidad. Y en la Literatura.

 

[1] Trad. “bellas letras”

[2] La traducción es mía.

[3] (Elgue 2003: 10)

[4] Acepción extraída del trabajo de Michel Foucault en La hermenéutica del sujeto.


Bibliografía:

Collingwood, R.G. Idea de la historia. México: Fondo de Cultura Económica, 1952.

Dema, Pablo. “Literatura e Historia literaria”. Vol. X/XI. Argentina: Revista Borradores, 2009-2010.

Elgue de Martini, Cristina. “La Literatura como objeto social”. Argentina: Invenio, 2003.

Hacking, Ian. “Two Kinds of ‘New Historicism’ for Philosophers”. Baltimore: The John Hopkins University Press, winter, 1990.

Kernan, Alvin. “The Idea of Literature. New Literary History. Vol. 5, no. 1, otoño. Baltimore: The John Hopkins University Press, 1973.

Lehan, Richard. “The Theoretical Limits of the New Historicism”.  New Literary History. Vol. 21, no. 3, primavera. Baltimore: The John Hopkins University Press, 1990.

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