Bárbaras desventuras: La Cueva – Parte 3 | Cuento (Fantasía, Humor)

Y, de nuevo, se pusieron a discutir para simplemente elegir qué puerta abrir.

Héroes: Amadeus Wilgtenford, Paladín (Humano), Michiturra o Mitch, Guerrero (Humano), Zanav Avich, Pícaro (Medio Elfo) y Ass-Tickla, Bárbaro (Goliat)

Zanav, Amadeus y Mitch están hechos chispas solamente por no decidirse qué puerta tomar.

—Estoy seguro que la puerta de abajo no conviene abrirla.

—¿Y? ¿Por qué no? Es obvio que si bajamos, encontraremos la salida —dice Amadeus.

—Aparte de que no es obvio, te digo que escuché chillidos detrás de esa puerta, sonidos que una criatura de bien no haría, ¿me entiendes?

—No, y no me importa, por eso traigo este mazo para matar a todo ser del mal que se nos ponga en frente.

—Sí, como a mí, que por mover como idiota ese mazo casi me rompes la cabeza.

—¡Tú también pasaste sin fijarte!

—Cierto, yo mismo vi cómo no te fijaste en que Amadeus estaba girando su mazo —Mitch se mete para terminar con esa discusión entre sus compañeros.

Zanav aguanta la respiración. Suspira.

—Bueno, ya. Si ustedes creen que tomar la puerta que está a mi izquierda es lo mejor, pues también preguntémoselo al grandote.

—Oye, yo no dije nada que si al esta o la otra puerta, es cosa que me da igual —interviene Mitch, tratando de ser indiferente.

—Quiero Fuki-Fuki.

—Sí, sí, lo tendrás, gigantón, lo tendrás. Pero dime, si la puerta que está detrás de mí es el Este y a mi izquierda está la otra que da al Sur, ¿cuál prefieres? ¿la del Sur o la del Este?

Ass-Tickla no parece entender bien la expliación de Zanav, así que se dedica a rascar su cabeza calva.

—Tsss… bueno… cómo te digo… —Zanav se la piensa; se le ocurre algo mucho más sencillo— qué dices, ésta —la del Sur— o ésta otra —la del Este.

El goliat se la piensa seriamente. Tarda un rato.

—Esta —apunta con su enorme dedo a la del Este.

—¡Ven! Hasta el grandote sabe que guiarse mejor que ustedes.

—Por mí cualquier camino es bueno, esto parece más un laberinto que una simple cueva llena de alimañas —dice Mitch.

—Me importa un bledo… —dice Amadeus en un arrebato.

—Espera, creo escuchar unos chillidos… —Zanav percibe algo.

Amadeus amaga a Zanav que intenta detenerlo con un brazo suyo.

—Eh, no, escucha–

Amadeus abre la puerta del Sur.

—Suputama… —dice encolerizado Zanav.

Y del otro lado no hay nada, solo oscuridad.

—¿Fuki-fuki?

Zanav tiene preparado su arco. No pasa nada.

—Ven, no hay nada. De seguro esos “soniditos” extraños que dijo ese elfo eran parte de su imaginación.

—Ey, primero te digo que dije “chillidos”, no “soniditos”, y segundo soy MEDIO elfo, de papá humano, madre elfa, uno tonto rufián y ella una puta muy bella.

—Sí, sí, lo que digas, yo veré si hay algo más allá…

Amadeus da un paso hacia la otra sección: prepara un hechizo para crear luz.

—Y tercero, idiota, ¿no crees que debiste ser más precavido al entrar al otro lado…?

La luz se hace.

—Ven, por lo que veo sólo hay estalagmitas, gotas de agua y–

Una flecha corta parte de una de sus orejas.

—¡Una flecha…! —Amadeus termina espantado.

—¡Al suelo! —grita Mitch.

Una ráfaga de flechas pasan entre los héroes, pero por fortuna ninguna llega a su objetivo.

—¡Ah, diantres! —se queja Amadeus.

—¡Te lo dije! —dice Zanav.

—¡Al ataque! —da el grito de guerra Mitch.

—¡Fuki-fuki! —el goliat lo sigue.

Pero el primero en pelear es Amadeus, que asesta con un certero golpe al primer trasgo  que puede ver; el trasgo queda atolondrado.

El guerrero y el bárbaro también entran, gritando, aunque sin mucha destreza, tales torpes dioses de la guerra.

Por lo pronto son dos trasgos los que ven.

Luego un tercero.

Le sigue una flecha que sale desde la oscuridad y choca contra la armadura de Amadeus.

—¡Maldición! —grita Amadeus de dolor.

Zanav dispara contra aquel ser que está en la oscuridad: la flecha asesta, pero este sigue vivo, gritando de dolor y jadeando por sangre; suelta un sinfín de anatemas en su idioma, dejando un poco alterados a nuestros héroes.

—¡A por ellos! —grita ese trasgo.

Y ahora son cuatro trasgos. Uno cae sobre Zanav y entre ellos tienen su pelea cuerpo a cuerpo. El goliat persigue a uno y a otro trasgo, pero estos se le escabullen para no ser aplastados por este grandulón.

Amadeus vence al primero, después Mitch le aplasta la cabeza a otro que, intentando escapar de Ass-Tickla, tuvo el infortunio de haberse acercado demasiado al mercenario.

—¡Qué satisfacción matar a estas cositas! —ríe Mitch.

—¡Carajo! ¡No somos cositas!  Somos del temido clan de la montaña…, humanos imbéciles.

—Y hablan, mal, pero hablan —dice Mitch impresionado, con su maza de picos sangrante.

Zanav mata al trasgo con el que peleaba, pero queda casi inconsciente en el resultado de la batalla. De nuevo.

El goliat, alcanza al último trasgo.

—¡Fuki-fuki!

—¡Nooo! —grita el trasgo.

No obsante, antes que se prolongara la exhaustiva tortura del goliat, Amadeus le aplasta la cabeza al trasgo. El goliat, cubierto de sangre, se le dibuja una mueca, entre molesto y triste. Su largo miembro también se entristece.

Mira a Amadeus.

—Tú no fuki-fuki.

—Me importa un bledo qué significan esas palabras bárbaras, pero no estoy de humor en ver más torturas.

Zanav, que intenta recuperarse, levanta un dedo hacia arriba.

—”Fuki-fuki” es una palabra recurrente en alguna facción de los goliats, especialmente usada como “Fuk-Fuk” y sirve para términos de aparia—

—Calla, déjame curarte —Amadeus está muy impaciente..

Zanav calla.

—Bueno —dice, algo molesto.

—Oigan, aquí apesta a muerto —dice Mitch.

—Sí, los trasgos nunca huelen bien —ayuda a levantarse a Zanav.

—No, en serio, hay algo como un… allá —punta hacia el Este de la caverna.

—A ver —Amadeus hace otro hechizo que crea una fogata mágica.

Y pueden ver que hay un lago pequeño, que parece más una fosa, y está lleno de cadáveres.

—¡Oh, eso huele peor que los siete infiernos! —asqueado dice Amadeus.

—¿Acaso has estado en alguno de los infiernos? —Zanav pregunta curioso.

—Obvio, no.

—Y otra vez, no es obvio. Yo sé de gente que ha ido, pero no ha regresado.

—Es no me importa, no me incumbe —replica Amadeus, ya cansado de la voz del pícaro.

Mitch se postra en el suelo para observar mejor a aquel lago.

—Hay cadáveres que están casi frescos… pero todos mordisqueados.

De otro lado, el goliat mira a lo que parecía fue una entrada, ahora solo arena y un que otro objeto roto.

—Tierra.

Zanav también mira con preocupación a ambas direcciones.

—Por un lado tenemos lo que era una posible salida, por otro un lago lleno de muertos. Nada alentador.

—Deberíamos de descansar… —recomienda Amadeus, ya algo agotado.

—Un momento, me meteré un rato para ver si encuentro una salida por aquí o algo imporante…

—Eh, espera, yo te acompaño. Puede que haya un monstruo debajo del agua y necesitarías ayuda.

—De acuerdo, ven.

—Oigan, no creo que sea buena idea meterse a esa pestilente agua.

—Tampoco fue buena idea habernos metido a este lugar a lo bruto —Zanavlo dice en reprimenda.

Amadeus se molesta y cruza los brazos.

—Bueno, hagan lo que quiera.

El guerrero y el pícaro revisan el lago, pero no encuentran nada. Hay algo que parece una compuerta, sin embargo, está completamente sellada.

—Mierda esto no se va a abrir… —dice Mitch.

—A ver, déjame ayudarte.

Los dos toman desde abajo aquella compuerta y tratan de levantarla. No pasa nada.

—¡Otra vez! —dice Zanav.

Lo intentan de nuevo. Pero nada. En efecto, parece estar sellada.

—No, esto está más cerrada que la cabeza del paladín ese.

Mitch se ríe, pero se asusta cuando un brazo desmembrado lo toca por coincidencia.

—Eh, te escuché —dice Amadeus desde lejos.

Regresan con los otros. Ass-Tickla está en la orilla y sostiene un brazo desmembrado.

—Ah… —Zanav suspira—, después de esto necesitaré un buen baño.

—Y merecidas vacaciones —dice Mitch.

—¿Fuki-fuki? —pregunta el goliat.

—Sí, también —confirma Zanav.

Cuando cada uno se tira al suelo para descansar, justamente en el espacio arenoso, Ass-Tickla se acerca a la fogata con el brazo desmembrado.

Mitch se percata de ello.

—Ey, ¿qué haces?

—Hambre —contesta.

Los tres se alertan.

—Eh, grandote, comer humanos no está en mi menú.

—No creo que sea buena idea… —no termina Amadeus.

Y el bárbaro comienza a cocinar el brazo. Apesta a carne asada, con algo dulzón. El humo se esparce rápido. Los héroes tocen.

—Mierda, gigantón, estás matándonos con ese humo… —se queja Mitch.

—Creo que no sabe lo pernicioso de hacer asados dentro de una cueva sellada —dice Zanav.

—No sé por qué… —tose Amadeus— acepté venir con ustedes… —tose.

—Yo no entiendo cómo aceptamos a ese gigantón en nuestro grupo —dice Mitch.

—Humo, apesta —dice el goliat.

—Tú, no te hagas el bobo, que fuiste al que llamó al goliat para que se uniera a ustedes —Zanav se refiere a Amadeus.

—¡Qué dices…!

—Sí, es cierto,  tú mencionaste a un gigante cuando fueron por mí..  —tose Mitch— ya formados los tres lo llamaste en la calle y… —tose.

—Bah —tose—, yo creí que era un clérigo porque… —tose.

—¡Cómo puede ser un clérigo un goliat que desde lejos se nota que es un bárbaro…! —Zanav tose fuertemente.

Pero se escuchan golpes: provienen de la puerta que da al Este.

—¿Escucharon…? —dice Zanav.

Desde lejos se escucha:

—Eh, ¿qué está pasando ahí?

—Mierda —dice Mitch.

—Yo no escucho nada —dice Amadeus.

—Porque estás sordo, supongo —se mofa Zanav.

Amadeus tose con cierta rabia.

—¡Eh! ¡Respondan!

—¿Qué hacemos? —pregunta Mitch, desesperado.

El goliat no parece darse cuenta de la situación y vuelve a tirar el brazo al lago.

—Yo voy —dice el paladín.

—Oye —tose Zanav— no eres bueno hablando y vas a necesitar engañar a quien sea que esté… —tose— allá…

—Por tu información… —tose—, yo fui formado en lógica y retórica en la academia militar de Aguas Profundas, así que estoy seguro en ser más apto que tú, elfito, en la habilidad de las palabras.

—Te repito, cabeza dura, que soy medio elfo, y a lo que te refieres precisamente es la elocuencia–

—Sí, lo que sea —lo interrumpe Amadeus.

Y se va.

—Ese paladín es bueno golpeando, pero a veces me pregunto si es un poco… —se traga la palabra Mitch.

—¿Tonto? —intenta terminar Zanav.

—Algo así. Tal vez, mejor, ingenuo, o atrevido.

—Tonto —Zanav se afianza con el mismo adjetivo peyorativo—. Y muy tonto.

Amadeus se pone frente a la puerta cerrada.

—Eh, estamos bien aquí, no pasa nada.

De los cuchicheos, pasa un silencio. El paladín sonríe por la aparente victoria, pero esta dura poco.

—Bueno, si es así, ¿por qué tanto ruido y el olor a asado? —dice la voz del extraño.

El paladín se queda pálido por no saber qué responder de inmediato.

—Bueno, bueno, es que… sin querer… alguien puso…

—¿Puso qué? ¡¿Qué pasó?! —comienza a desesperarse aquella voz.

—Es que… —el paladín mira a sus compañeros y estos parecen negarle con la cabeza, decepcionados por su mal performance del engaño.

—Te dije que ese es muy tonto… —dice Zanav.

—Sin comentarios —dice Mitch.

El goliat se recuesta sobre la arena, pensativo.

—¿Por qué no fuki-fuki? —hace la pregunta y se la lleva el aire.

—¡Eh! ¡Respondan! —se escucha entre cuchicheos— Esto huele mal, tiraré la puerta si es necesario…

—Sí, hazlo, ya Nuestro Señor muere de hambre… —dice otra voz.

—¡Tiraré de la puerta si no abren de inmediato! —comanda la voz del extraño.

—Oye, tú, diles que no la tiren “por favor” —se ríe Zanav.

—¡Maldito seas, medio elfo! —le grita Amadeus.

—¡Por fin! Parecía que nada te entraba a la cabeza y ahora ya sabes a qué raza pertenezco, idiota.

—¡Me vuelves a decir idiota a mí…!

Y se escucha el primer golpazo a la puerta, el cual hace que diera un brinco el paladín.

—¡Mamita! —grita patéticamente Amadeus.

Otro golpe le sigue.

—Parece que los problemas no van a acabar —sentencia Mitch.

—Como ya dije, este lugar está habitado y parece estar repleto de cultistas de los cuales no esperaremos amistad alguna —Zanav toca el hombro de Mitch.

—¡Oigan! ¡Qué hacemos! —dice Amadeus, acercándose a ellos, ya desesperado— No hemos ni recogido a los cadáveres…

—No sé, tú dime —le dice Zanav.

—No… ¡No! No se me viene nada a la cabeza —dice Amadeus.

—Tú dijiste que ibas a arreglar el asunto, ¿qué no? —le pregunta Zanav, mezquino.

Se escucha otro golpe, todos se estremecen.

—Oye, ya, déjalo… —le dice Mitch a Zanav.

—Pero es que… la retórica… la academia…

—Toda esa mierda es fácil de sustituir con la escuela de la calle, hombrecito de hojalata.

La puerta está a punto de derribarse.

—Joder, un golpe más y esa puerta–

Y la puerta cae.

 

CONTINUARÁ…


*Imagen sustraída de Artstation, creada por el diseñador HeeWann Kim. Los derechos no son míos.

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