Bárbaras desventuras: La Cueva – Parte 4 | Cuento (Fantasía, Humor)

La puerta está a punto de derribarse.

—Joder, un golpe más y esa puerta—

Y la puerta cae.

Héroes: Amadeus Wilgtenford, Paladín (Humano), Michiturra o Mitch, Guerrero (Humano), Zanav Avich, Pícaro (Medio Elfo) y Ass-Tickla, Bárbaro (Goliat)

El paladín se acerca mucho al pícaro y este lo empuja a un lado.

Todos, menos el goliat, están a la espera de los verdaderos inquilinos de la cueva.

—¿Ser, no ser? —dice, pensativo, el goliat.

—Oye, grandote, levántate, que tenemos visitas —le advierte Zanav.

—¿Fuki-fuki? —le dice sonriente.

—No creo.

De las sombras del otro cuarto, aparecen dos cultistas, pero estos mejor armados, más altos y fornidos. Es obvio que son de más alta categoría que los anteriores.

—Estos cultistas se ven imponentes… —dice Mitch.

—Muy imponentes.

Con cada paso se ven más grandes, tenebrosos… parecen sombras de señores del infierno, esperando recolectar almas perdidas.

—¿Los atacamos? —dice el paladín.

Los cultistas sacan sus armas: cimitarras y dagas largas. Las blanden. Saben usarlas, y muy bien.

—No sé —Mitch está impresionado.

—No creo que sea buena idea —responde Zanav.

—Entonces… ¿qué hacemos? No están viendo…

—Fuki-fuki —Ass-Tickla se para junto con sus compañeros.

—No estamos en las mejores condiciones para pelear —dice Mitch.

—Tal vez sea buena idea… ¿unirnos a ellos?

Los cultistas hacen sonidos extraños con sus bocas, pero no se mueven.

—Demonios, no suena mala la idea, pero… —dice el paladín.

—Están locos, estos no parecen meter a cualquiera en sus filas fanáticas…

—Disculpen ustedes —dice en voz alta Zanav.

—Mierda, lo va a hacer… —dice Mitch.

Mitch da un paso al frente.

—Déjalo, tal vez tiene un plan… —Amadeus trata de tranquilizarlo.

—¿Y tú desde cuándo estás de acuerdo con lo que hace ese ladrón? —Mitch sigue impaciente.

—¿Ladrón…? ¿Es un…?

—No puede ser… creo que tiene toda la razón eso que dijo el ladronsuelo sobre ti… —hace una cara-palma Mitch.

Zanav se detiene justo a unos cuatro pasos de los cultistas, estos siguen posición de guardia, pero sin moverse. El pícaro les sonríe.

—Hemos venido a unirnos a su culto, ¿qué les parece?

Un momento de silencio.

—¿Y los demás?

—¿Quiénes?

—Los otros que debieron recoger el cuerpo para Nuestro Señor.

—Ah… ellos… —Zanav mira a sus compañeros y da un reojo al lago lleno de cadáveres, que a simple vista no se ven los cuerpos de los otros cultistas que mataron —. Ellos… se fueron.

—Si lo que dices es cierto, ¿por qué hay tanta sangre en sala de los iniciados?

—¿Sangre? Ah, sí, según yo es normal que haya sangre, ¿qué no? —Zanav simula estar confundido.

—Sí, pero no tanta y con el cofre abierto. Deben de saber que está prohibido abrirlo y ahora de seguro su contenido se ha estropeado.

—Sí… sí lo recuerdo… —dice Zanav.

—Deja de mentir, insolente.

—Mira, está bien. Matamos a todos sus amiguitos… —los cultistas dan un paso al frente, encolerizados— pero les aseguro que no era nuestra intención venir a echarles a perder la fiesta. Fue todo un accidente.

—Este tipo de accidentes se pagan con sangre, elfo insolente.

Zanav, molesto, chasquea la lengua al ser confundido con un elfo.

—Yo… no soy… un elfo —sonríe de nuevo—. Pero eso no importa. Lo que sí importa es que… en verdad hemos venido a unirnos a su culto.

—Ah, ¿sí? —incrédulo dice el cultista.

—Sí, aunque no fue como esperábamos, porque tuvimos que atar primero a un extraño de la entrada de su cuerda y luego nos topamos con sus amigos, que en vez de devolvernos el saludo, nos atacaron.

—Es natural —responde, ya más tranquilo, el cultista.

—Sí, es natural. Mea culpa, nuestra torpeza, sí. Y estamos decididos a pagar por nuestros pecados —Zanav mira a sus amigos, sonriendo: pero ni Amadeus, ni Mitch le devuelve la sonrisa; Ass-Tickla los saluda.

El cultista que toma la palabra se queda inmóvil, parece pensar; luego baja los brazos, mira un momento a su compañero y luego asienten.

—Bueno. Guarden sus armas y pónganse tras la pared.

—¿Cómo…? —dice Zanav.

—Dense una vuelta y tras la pared.

—¡Qué…!  Yo no… —Mitch quiere protestar.

—Tras la pared o morirán aquí mismo.

Mitch se traga sus palabras.

—Mierda… —y Mitch ya no dice más.

Cada quien se pone tras la pared. Nadie ve lo que hacen los cultistas, sólo escuchan sonidos extraños y cuchicheos; y las armas, el claqueteo de sus armas.

—Síganme en fila. Tú primero.

Una mano toca a Zanav.

—Sí. Ya voy.

Antes de proseguir, Zanav mira al más próximo de sus compañeros, Mitch, y le dice con palabras mudas “Creo que esto no es buena idea”, a lo que Mitch le responde “Fue tu idea”.

Zanav se adentra al cuarto de al lado, mientras Mitch lo sigue.

—Maldita sea —dice Zanav, justo antes de sacar de inmediato su arco y disparar una ágil flecha que no atina a su objetivo.

Y los compañeros se lanzan al ataque: aun cuando sólo son dos los adversarios, estos se defienden con tal habilidad que parecen aspas de abanicos y las armas chocas para ser inmediatamente repelidas.

—¡Mierda de manticora! —grita Mitch.

Uno de los cultistas apunta con la espada a Zanav.

Zanav traga saliva.

Pero Ass-Tickla llega corriendo e impacta con todo su cuerpo contra el cultista que estaba a punto de herir a Zanav.

—¡Tú no fuki-fuki! —grita Ass-Tickla.

El cultista queda incapacitado en el suelo, pero una enorme pierna aplasta su cabeza, la cual queda echa papilla de sangre y sesos. Zanav queda totalmente impresionado por la fuerza del goliat.

No obstante, la batalla sigue en un dos contra uno: Mitch y Amadeus intentan con lo que pueden herir de algún modo al cultista. Una o dos cortadas, nada más.

—¡Parece que este nació peleando! —dice Mitch, ya algo exhausto.

—¿Nació qué—? —no termina Amadeus porque ahora el cultista los contraataca. Ambos héroes parecen dos niños tratando de ahuyentar una mosca que es más agíl y hábil que sus brazos; y esto los tiene horrorizados.

—¡Un poco de ayuda aquí…! —grita Mitch.

Y Zanav tira una flecha: el cultista la rompe con una súper ágil hazaña, usando su cimitara.

Pero hay una segunda flecha inmediata: hiere su pierna. El cultista gruñe.

Para esto Amadeus aprovecha la distracción y, desde su lado postrero, le da un tremendo golpe en la nuca al cultista, dejándolo incapacitado… o muerto.


*Imagen sustraída de Artstation, creada por el diseñador HeeWann Kim. Los derechos no son míos.

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