Bárbaras desventuras: La Cueva – Parte 5 | Cuento (Fantasía, Humor)

Para esto Amadeus aprovecha la distracción y, desde su lado postrero, le da un tremendo golpe en la nuca al cultista, dejándolo incapacitado… o muerto.

Héroes: Amadeus Wilgtenford, Paladín (Humano), Michiturra o Mitch, Guerrero (Humano), Zanav Avich, Pícaro (Medio Elfo) y Ass-Tickla, Bárbaro (Goliat)

 

Dos cuerpos en el suelo y tres héroes con caras de pánico. El cuarto héroe es un goliat que mira reflexivamente a la puerta rota.

—Malo.

Un cuerpo de los recién caídos parece moverse y los héroes, menos Ass-Tickla, dan un brinco.

—Cerebros… —mueve un brazo, pero esto lo último que suspira el cultista antes de irse de este mundo.

Amadeus resopla de miedo. Las gotas de las estalactitas suenan.

—¿Ya no se mueve? —castañea Amadeus.

—No. Creo que ya no —dice Mitch.

—Entonces está… ¿muerto? —siuge Amadeus.

—Creo que sí —responde.

Y Zanav hace un gesto ruidoso que asusta a Amadeus; lo que sigue es la risa sardónica del pícaro, luego lo acompaña el guerrero.

—¡Que los demonios los acojan! —dice Amadeus como reprimenda.

—¡Un paladín orinándose las pantaletas! —Zanav sigue riéndose.

Amadeus quiere decir algo, pero mejor se calla. Tarda un momento más Zanav para cansarse de reíse. Luego los tres se tiran al suelo arenoso.

—No me dio gracia —dice Amadeus.

Zanav ríe de nuevo.

—Hey, Ass… y algo, como te llames. ¿Podrían poner esa mesa de piedra en la puerta? —dice Mitch.

El goliat no parece cooperar mucho. Zanav sigue riéndose.

—Hey, Zanav, mira…

Ríe.

—Eh, te hablo. Ya.

Calla.

—¿Qué pasa? —pregunta Zanav.

—A ti que te hace más caso ese grandote, dile que ponga la mesa en la puerta, así no podrá fácilmente entrar alguien.

—Ah… buena idea. Para descancar, ¿verdad?

—Sí, necesitamos un momento para descansar.

—Pero… es de piedra, practicamente esa mesa es parte del suelo.

—Bueno, para la fuerza de un goliat como ese no creo que le sea imposible.

—Pues no.

Zanav se levanta y va con el goliat para convencerlo en hacer una muy improvisada barricada. Mitch y Amadeus se quedan un momento callados. Mitch sonríe.

—Ese idiota me tiene harto. Lo curé, lo salvé, y todavía el insolente sigue tratándome con sorna. Es un truhán de lo peor.

Mitch se aguanta la risa.

—Creo que así son regularmente los ladrones, tienen un humor muy diferente, más callejero. No me impresiona que sus personalidades choquen.

De lejos está Zanav convenciendo al goliat en mover la mesa: Ass-Tickla parece asentir.

—¿Chocar? Esto es peor, es una irrespetuosa relación de insultos y majaderías.

—Bueno, es lejos de ser perfecto, pero necesitábamos a alguien como él.

El bárbaro toma la mesa con sus brazos, gruñe y la jala. No pasa nada.

—Yo tuve la misión de salir a ayudar y volver con a recompensa como evidencia. No sabía que esto me haría sentir tan feos sentimientos.

—Sentimientos. A veces tener sentimientos es lo más pernicioso en este mundo.

Ass-Tickla jala de nuevo y con mucha fuerza: ahora separa la mesa, la levanta hasta su cabeza, como si fuera a enseñar algún trofeo a su audiencia, pero esta cae de lado y se parte en dos.

—Mierda —dice Mitch.

—La mesa.

—¡Grandote, no era para tanto! —dice Zanav.

—¡Mathias…! ¡Mathias! —se escucha una voz decrépita que grita desesperado.

Zanav voltea a ver la puerta vulnerada: de ahí provienen aquellos gritos.

—¡Mathias…! ¿Todo está bieeen…? —termina con debilidad.

—Maldita sea, maldita sea, ¡maldita sea…! No tuvimos ni un momentito de descanso… —refunfuña Amadeus.

—Calla —le dice Mitch.

—¿Mathias…?

Zanav se aclara la voz.

—Eh, sí, todo está bien…

—¿Eres Mathias…? —no se escucha convencida la voz.

—Sí, sí soy, sólo tuvimos unos problemas

—¿Y todo está bien…?

—Sí, por supuesto, ya todo está arreglado.

—¿Y mi comida…? Quiero mi comida, Mathias…

—¡Sí…! Su comida… ya vamos para allá.

—Quiero el cuerpo más fresco que tengas… ¡muero de hambre! —recobra cierta energía aquella voz decrépita.

Los héroes se congregan en el cuarto.

—¿Acaso escuché que ese que nos está hablando quiere un “cuerpo”?

—Sí —afirma Zanav.

—¿Quiere un cuerp… de qué? —queda impactado Amadeus.

—Creo que, habiendo visto aquella pila de cadáveres, ya sabemos a lo que se refiere a “comida” —termina Mitch.

—Sí, ya vamos… —Zanav suspira. Se ve nervioso—. Esto cada vez se pone peor. ¿Ya han intentado pellizcarse para ver si despertamos?

—Sí,  y muchas veces —dice Amadeus.

—Ya no estoy para bromas, Zanav —dice muy serio Mitch y se acerca aún más al medio elfo—. No sé si nos salvaste o nos pusiste en una peor situación, pero creo que no podemos ir con estas fachas.

Entre ellos se miran.

—Sí —Zanav afirma —. Tenemos cambiarnos de ropa y deprisa.

Los héroes se están cambiando las ropas con la de los cultistas; dos están un poco mojadas, y la túnica más grande va para Ass-Tickla, que le queda muy chica, pero entra a su musculoso cuerpo, ajándola un poco.

—¡Mathias…! ¡Tardas mucho…!

—¡Ya voy…! ¡Ya vamos…! —dice Zanav, muy apresurado.

—¡Tengo haaambre…!

—Carajo, eso que suena como un anciano me da calosfríos… —dice Mitch.

—Si es necesario, tendremos que pelear.

—Obvio, pero no es lo más recomendable si no sabemos quién es nuestro enemigo —le previene Zanav.

—¿Acaso hemos sabido quiénes son los enemigos a los que hemos aniquilado? —dice Amadeus, con cierto orgullo en su tono.

—Sí, claro, caballerito, por eso nos ha ido taaan bien hasta ahora… —Zanav le dice con tono sarcástico.

—Pues, no tanto… —se la piensa—, espera, ¿está siendo sarcástico? —mira a Mitch y éste se encoge de hombros.

—Ya, vámonos, estamos listos y tenemos ir allá. Aunque confieso que tengo miedito.

—Pues ahora tendrás que aguantarte, porque serás tú el que vaya al frente —le dice Mitch.

—Sí, ya se, qué joda —acepta Zanav—. Vamos.

Ahora todos pasan por el pasillo oscuro, a penas iluminado por una antorcha a punto de extinguirse. Ass-Tickla carga con el cuerpo del cultista más carnoso.

—Si este es un grupo de caníbales, no creo durar mucho viendo cómo hacen sus atrocidades… —confiesa Amadeus.

—Ni yo. Pero no sé de ese goliat —sigue Amadeus con la plática.

—Sí —dice Amadeus.

Llegan al siguiente cuarto, que es más un espacio enorme, parcialmente construido para parecer un templo macabro; en cuatro postes están cubiertos de cadenas unos cadáveres vivientes, zombis, en términos necrománticos; y ahí están dos cultistas más, de menor rango, y aquel viejo decrépito, con unos pocos hilachos de cabello, dentadura encogida, y unos ojos vacíos, oscuros.

Parece más bien un portal tétrico del infierno.

Cada uno se queda parado cerca de aquel altar mortuorio: en él posa un cadáver mutilado y varias mordidas.

—Mathias, ¿qué haces…? Acércate… —ordena el anciano.

Zanav se acerca con pasos lentos y calculados.

Los cultistas se quedan viendo al enorme goliat con sus mismos vestidos; el anciano también ve algo raro en él.

—¿Y… el… cuerpo, Mathias?

—¡Ah, sí! —hacia Ass-Tickla— Ey, ven… —Ass-Tickla se apunta a sí mismo—. Sí, sí, ven, trae al cuerpo.

Los cultistas miran fijamente al goliat, que con paso indiferente se aproxima a ellos.

Los ruidos guturales de los zombis pone más nerviosos a los héroes.

—Quita ese cuerpo primero, Mathias —dice el anciano.

Zanav toma, asqueado, el cadáver casi putrefacto.

—Déjalo ahí, al lado… luego lo recoges otra vez…

—Sí —Zanav responde escueto.

—Ahora tú… deja el cuerpo aquí… —le habla a Ass-Tickla y el goliat deja el cuerpo sobre el altar— Sí… sí…

El anciano inspecciona con sus dedos al cadáver. Lo huele. Lo lame. Pero algo está mal.

—Este… ¡este no es el cuerpo que quiero! —el anciano está furioso— ¡Dónde está mi cuerpo, Mathias! ¡Por qué te has equivocado cuando se trata del Día del Señor…!

—Yo… creo que iremos por otro…

—¡No! Detente—. Tú —apunta a Ass-Tickla—. Quién eres.

El goliat no responde.

—Te he hecho una pregunta.

Y no hay respuesta.

—Ah, sí, él tiene un problema con la gargante

—¡No…! Silencio —. Quítate la túnica.

El goliat, sin poner un pero, se quita la túnica. Se escucha el castañear de los dientes de Amadeus.

—¿Lo ven…? —dice el anciano a los cultistas.

—Sí —responden al unísono.

Amadeus mira atrás de ellos: hay una puerta, pero ésta se encuentra protegida por un piso rodeado de picos que parecen reversibles con una palanca…

—Mira… —dice Amadeus a Mitch.

Mitch mira a los picos, luego hacia el anciano: en ambos lados de aquel personaje hay dos palancas. Luego mira a Zanav, que al parecer está en su proceso de percaterse de tal aparato.

—Es una trampa. Creo que la podría desarmar el ladrón o jalar una de esas palancas… —dice Mitch— Pero esa tarea parece imposible en estos momentos.

—Que los dioses nos iluminen… —parece rezar el paladín.

Y volviendo con los cultistas:

—¿Y  qué ven? —sigue preguntando el anciano.

—Un goliat —vuelven a contestar al unísono.

—¿Un goliat? —parece haber sido imprecado— ¿es cierto, Mathias? ¿Un goliat…? ¿Qué hace un goliat entre nosotros? Yo nunca he permitido que… espera.

El anciano usa su olfato.

—Hueles a sangre… muy fresca… —oflatea más—. Quítate las ropas también, Mathias.

—¿Yo…? —soprendido, Zanav.

—Sí, tú. Hazlo.

Zanav, algo tímido, se quita las ropas de cultista. Los cultistas sacan sus armas.

—Oh, ya. Tú no eres Mathias. Lo sabemos. Ninguno de ustedes son hijos del Gran Señor.

El anciano jala una palanca: con esta activación la sección anterior se desploma.

—¡Otra vez…! —dice Mitch.

El anciano ríe con sonidos roncos, casi guturales.

—¡Intrusos…! Intrusos en el Día del Gran Señor.

Vuelve a jalar la misma palanca y: los zombis se liberan.

—¡Pero qué espléndida sorpresa…! Nuestro Gran Señor se quedará satisfecho después de que… ¡los despedacemos! ¡A por ellos, hijos!

Y la pelea comienza con los zombis acercándose a sus nuevas presas.

—¡Fuki-fuuuuki! —grita el goliat, que toma el brazo de un cultista, pero este de inmediato lo hiere, dejándolo incapacitado, llorando de dolor en el suelo.

Zanav toma sus medidas, da unos brincos y dispara sus flechas: atina a un cultista, pero este no parece tener mucho interés en el daño. Amadeus y Mitch siguen de pelear.

Así cada uno toma sus posiciones de ataque, aun cuando los zombis los acorralan; pero el anciano, y su risa infernal, invoca un hechizo y éste se lanza como misiles brillantes que están a punto de chocar con nuestros héroes—

*

El anciano está herido, chillando de dolor y ahora jala la otra palanca.

Y se bajan los picos de aquella puerta.

—¡Está intentando escaparse…! —dice Zanav, herido, pero todavía sacando energía para pelear.

Mitch está cuidando que Amadeus y Ass-Tickla no sean dañados por el único cultista que queda en pie.

Zanav dispara una flecha y atraviesa el cráneo de un zombi; pero en esto aprovechó el cultista, le lanza un cuchillo a Zanav y lo hiere.

—¡Ah, mierda…!

Ya no puede usar su arco.

—¡Dale con todo a ese hijo de puta, Mitch! —grita Zanav.

El anciano, renqueando, se pasa para atrás, hacia aquella puerta.

—Ese viejo apestoso se nos va a ir…

—¡Malditos fanáticos de mierda! —grita Mitch.

Pero el fanático sigue peleando, así de igual de débil que Mitch.

Y el cultista resbala con la sangre putrefacta de un zombi, a lo que aprovecha Mitch y le aplasta la cabeza con su mazo de picos.

Zanav grita:

—¡Síii, joder!

EPÍLOGO

Los cuatro héroes, ahora fuera de la cueva, débiles, rotos, cansados, miran hacia en frente, con las caras tristes y pensativas. Todos están vendados de algún modo u otro.

—Esperen —los detiene Mitch.

El goliat, que carga a Zanav, se detiene de improviso y Zanav casi cae de su espalda.

—¡Eh, cuidado, grandote!

—¿Qué pasa? —pregunta Amadeus, sin ánimos, sin ganas de nada.

—¿Qué haremos? —pregunta Mitch.

—¿Con qué? —dice Zanav.

—Pues, no ven… todo lo que pasó. Ni estuvimos seguro lo de aquel que amarramos…

—Ese se lo llevó el carajo, estoy muy seguro —dice Zanav.

—¿Y si sí era el hermano del mercader? —sigue Mitch.

—Obvio, si fue él, pues esta encomienda se fue a la mierda.

—Obvio… —responde el paladín, triste.

—Entonces… creo que no es buena idea que volvamos a Phandalin.

Se la piensan.

—Veo tu punto… y estoy de acuerdo —dice Zanav—. De todos modos no me gustó mucho ese pueblucho.

—A mí sí, pero… no quiero ser linchado por los pueblerinos.

—Ni yo. Por eso me voy a Aguas Profundas —dice Amadeus, ya caminando y cambiando de ruta—. Por favor, no me sigan. Hagan como que nunca nos conocimos, ni pasó nada de ésto…. porque, si se lo cuentan esto a alguien, se los juro…

—Vamos, no teníamos pensado seguirte hasta tu casa, cabeza dura —le dice Zanav, desde arriba de los hombres del goliat.

Amadeus voltea a mirar al medio elfo, con una última mirada llena de furia, de odio.

Y se va, con una compostura melancólica.

—Y ahí se nos va nuestro caballero valiente —ríe Zanav.

—No me causa risa. Ese pobre mediocre va a volver como soldado raso, o si le va bien, será guardia de algún pueblo —trata de tener cierta empatía Mitch.

—Me da igual. Por mí que un kobold lo coja.

Mitch suspira.

—Maldita sea. Tardaré años en superar esto —se estira un poco—. Bueno, yo me iré a Las Puertas de Baldur. Tampoco me gustaría que mencionen mi nombre en ningún lado. Intentaré olvidar todo esto.

—Me parece magnífica idea, aun cuando puede que tenga planeado ir a Las Puertas de Baldur en la siguiente temporada… si te llego a ver, fingiré que te desconozco.

—Sí. Que así sea —asiente Mitch—. Diría que fue un gusto, pero la verdad es que son los peores socios que he tenido en mi vida.

—Vaya que tienes algo de razón. Yo tampoco me recomiendo mucho —dice Zanav.

—Hasta… nunca —termina Mitch.

Y se separan.

*

Un bosque lindo, simétrico, sin tantos árboles que ofusquen la vista. Las mariposas pasan por aquí y por allá. Una se posa en la cabeza de Zanav, otra en el dedo enorme del goliat; el ser alado revolotea y luego se va. Goliat parece embobado por tal belleza. Luego se mete el dedo a una de sus fosas nasales.

Zanav está viendo el horizonte desde la espalda del bárbaro. Ass-Tickla, mientras, se está sacando un moco. El bárbaro se saca el dedo de la nariz y mira la materia verde que pende de su llema.

Se la come. Sonríe. Luego piensa.

—¿Fuki-fuki?

—¡Ah! Es cierto. Tienes razón, grandote. Creo que es tiempo de cumplir tus deseos. Sé de un camino que nos llevará a un pueblo pequeño, pero lleno de bellezas; ¿te gusta la idea?

—¡Sí! —dice el goliat muy, pero muy contento.

—¡Muy bien! Pues para allá vamos… —Zanav recuerda que está siendo cargado por Ass-Tickla—, sólo nomás toma esta vereda, creo que por aquí llegaremos más facil.

—¡Fuki-fuki!

—Sí, sí, todo el fuki-fuki que quieras. Yo lo pago.

Así los dos héroes toman su camino, alegres, tranquilos, sin mucha carga de arrepentimientos. Se van a divertiste y, claro, tener más aventuras.

 

FIN


*Imagen sustraída de Artstation, creada por el diseñador HeeWann Kim. Los derechos no son míos.

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