Período seco | Cuento (Surrealismo)

Ahí estaba yo, escribiendo, como si de un sueño se tratara.

Me acongojaba con cada idea que creía necia, la borraba con insulsos movimientos de un rosado borrador desgastado. Sonidos de animales, clases de filosofía mal aprendidas, y sonidos de animales que no concuerdan con su raza. No sabía nada de flora, ni de fauna; ¡maldita sea! Por qué reprobé geografía. Ahora todo en papel es noche, día, llueve o hace sol.

Seguí borrando.

Alguien toca a la puerta.

Seguí borrando.

Hasta que sólo escribí, escribí por el bien de mi cordura, perseguida por mis malas decisiones. El protagonista primero tenía mi nombre, pero con orden disléxico; lo taché y puse otro anglosajón, uno de bisílabos, muy atractivo, fácil de aprender.

Escuché gemidos.

Pero seguí escribiendo; ya no borraba nada.

Las letras seguían su danza fantasmagórico, no tenían ni pies, ni cabeza. Debía de escribir, ¡debía de ser escritor! E iluso seguía, lanzando punzadas a lo que se convirtió en teclado y una pantalla, todos los símbolos los digería un aparato IBM, entretanto yo nomas atendía a mi simulación de artista, creyéndome el dios de la iluminación y del entretenimiento.

Los gemidos fueron constantes.

Una mujer llamaba por el nombre de otro hombre.

Venían de esa puerta.

Seguí jodiendo al teclado, ahora de una portátil, azul, o verde, no veía bien por la escasa luz de este cuarto que envejece torcido. La pintura se aclaró. El vinilo se despegó. Las pinturas de los bebés ahora son de ancianos besando su tumba.

¡Esa mujer grita por más!

¡Quiere más!

Y no lo pude soportar, hice a un lado a la tableta, sólo el cordón del cargador la salvó de una caída estrepitosa, y yo, que seguía enrabietado le reclamé al oscuro pórtico, así tal simio a su opresor de pantaloncillos cortos.

No pude más y abrí aquel montón de madera móvil.

Ahí estabas tú, bella diosa del desdén, disfrutando de los placeres, sobre ti un hombre de mil cabezas, sorprendiendo de cada empujada con una nueva cara; no me veías, no me veían, era como otro mundo, otro espacio, en otro lugar donde mi nombre era un mineral todavía no descubierto.

Oh, el olor a sexo.

Oh, sintimiento abyecto.

Mis ojos rojos.

La Luna y las estrellas.

Un mudo Sócrates.

Alguien reproduciendo película sobre mi ayer.

Y ya dije, como rezo a un dios pagano:

—De aquí al infinito, el primer borrador ha terminado.

5 respuestas para “Período seco | Cuento (Surrealismo)”

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