El suave despertar de una inocencia – Parte 2 | Cuento largo (Absurdo, Thriller)

Usa su móvil como controlador, bebe de su whiskey, y selecciona una aplicación para adultos. Se va abajo, abajo, más abajo… hasta encontrar la sección gay. Presiona con su dedo.

Se escuchan a dos hombres gemir.

El penthouse. Su madre. La molesta voz de Pedro. Deudas. El trabajo.

Él…

El día acabó y de nuevo Mauricio abre la puerta de su pent.

Está cansado, casi harto, pero fumó marihuana y se siente relajado, listo para quedarse dormido en quince minutos más.

Primero va a la cocina, se prepara su whiskey. Cena una enselada con pollo, toma sus pastillas entre ellas las de manzana verde, y se sienta en una silla del comedor. Piensa en qué manera se va a retirar de su trabajo. Tal vez sea en uno o dos años; tal vez cinco años más, lo cual desgastaría su vida, pero tendría los suficientes ahorros para morir viejo y sin falta de dinero. Jurado le daría todo el trabajo que él pidiera.

Sólo necesitaba un momento de silencio. Ahora tuvo que trabajar con Peter, el alemán. Terminaron peleados porque Peter creyó que Mauricio quería tomar protagonismo con la sesión de trío con Katarina. Pero la situación mejoró cuando se fumaron otro porro de marihuana y Katarina aceptó en hacerle una felación para tranquilizarlo. Habían ciertos personajes en el trabajo que envidiaban a Mauricio, además de ser de los que tienen mejor aspecto estético, es de los pocos consentidos de Jurado, el productor, a veces director, ejecutivo en otras empresas, un millonetas que sólo tenía corazón para Paola, Mauricio y Escarlet, que en estos momentos estaba de vacaciones en alguna parte de Europa.

Le pidieron que asfixiara otra vez a una chica nueva, pero dijo que no. El director quedó insatisfecho. No le importó a Mauricio. Estaba cansado y hacía lo mejor posible su performance, aún así si tuviera que inhalar una línea más para aguantar la jornada. No era recomendable trabajar de a diario, algunos vivían con tan sólo una grabación al mes, pero Mauricio necesitaba el dinero, y por eso firmó el contrato de dos series que terminará su rodaje en abril o hasta junio.

“Ay, madre, sé que no estarías de acuerdo conmigo, pero este penthouse vale la pena cada centavo del que gasto en él; y pronto tendré una piscina, invitaré a mis amigos…, la pasaremos muy bien…, y terminaré el día con él”. Mauricio nunca le contó nada a su madre de su affair, pensaba que le daría el patatús, si nomas con soportar que su hijo haya nacido con una polla un poco más grande que la media, y ahora la usara para trabajar, con eso quizás la hubiera llevado a un eterno purgatorio. “Lo bueno es que murió en paz, en su cama, por ese maldito cáncer”. Su madre dejó de respirar, sin más dolor, ni nada más. Fue como una muerte de cuna.

Suena el móvil, está en la mesa de centro justo al lado del jarrón chino.

Mauricio no estaba de humor para contestar. Se levantó muy temprano y no pudo dormir gran parte de la noche anterior (el timbre del móvil suena), por el pesar que le hizo pasar Pedro con su llamada sobre Paola. Pero (el móvl suena y suena), se le hizo raro que ni Pedro ni Paola hayan ido al trabajo. La secretaria le contó que Paola tuvo que ir por un cheque especial que le tenía preparado el contador y Pedro tenía que hacer un cameo en la serie el congolés.

El timbre suena. Suena. Suena.

“Supongo que ni Paola, ni Pedro tuvieron ganas de ir a trabajar; ella pasó por una desagradable cogida, mientras Pedro sigue ilusionándose con sus impulsos psicópatas”. Lo bueno es que mañana sólo iría al trabajo a grabar para un casting. Lo querían para un largometraje de soft que va a grabar un director de renombre en Cannes. Eso cumpliría su sueño de ser un actor de verdad… pero prefería ver por su futura tranquilidad, esa paz que rara vez ha tenido después de su carrera como estrella porno.

Ahora el silencio. Bendito silencio.

Mauricio piensa en deshacerse de ese móvil por un momento, pero lo dje ahí. En silencio.

—Puede ser que…

“Ella haya pedido algunas vacaciones, así que no me impresionaría en no verla por un tiempo. De Pedro, no sé, ojalá que ni vuelva al trabajo, pero lo dudo, porque está en su lugar predilecto. Él sí que ha cumplido cada uno de sus horrorosos sueños”. Mauricio termina con su whiskey.

Y suena el móvil de nuevo.

—¡Maldita sea! —grita, pero no tan fuerte.

Mirándolo fijamente, espera a que su celular deje de sonar, de vibrar. Y el martirio se acaba.

—Mierda… —se dice a sí mismo.

Siempre se le olvida activar el modo silencio de su celular. Un mal de él. Pero algún día tendrá el hábito de hacerlo. Tiene que ser así, o se volvería loco. No tendría su tranquilidad.

Pero su cojonuda tranquilidad se va por la ventana; y suena por tercera vez su maldito móvil.

Va tras él, lo toma y lo apaga.

Suspira. Cierra bien los ojos. Tensa sus manos.

Y luego suelta todo.

Se guarda el móvil en uno de sus bolsillos y se dirige a la cocina; abre una puertecilla, toma un frasco, se tira una píldora a la boca y la traga.

—Buenas noches —se desea a sí mismo.

(…)

Mauricio, en su cama desacomodada, despierta.

Mira la hora de su reloj de mano que está en el buró próximo, un Rolex, y–

—¡Mierda, ya es muy tarde!

Lo era. El casting era a las 9 de la mañana, y son las 11. Enciente su celular, espera no ver noticias malas. Afortunadamente no fue así, los primeros mensajes que leyó fueron de Él diciéndole que lo extrañaba, y de Jurado, que le dijo “Hombre, pero te cotizas, no te recomiendo eso, eh. Pero no te preocupes, de todos modos me pidieron que aplazara el casting para mañana, porque no tuvo tiempo el de la cámara para grabarte. Creo que están muy ocupados consiguiéndote una chica guapa que va a ser tu pareja en la peli, ah. Suerte, campeón. Que estés bien. Toma tus pastillas”, termina el mensaje.

“Bueno, tuve suerte”, Mauricio se siente más relajado. Nada como un reconfortante mensaje para comenzar el día.

Pero habían más mensajes que no leyó.

Se levanta de la cama, estira sus extremidades y ensoña con los abrazos de su amante. Este huele a un buen día, tal vez un buen comienzo.

Se dirige al baño, orina.

Se va a la cocina, desayuna.

Vuelve al baño, se da una ducha: silba, canta, viaja por su memoria las tantas veces que hizo el amor en la bañera; en esta precisa bañera.

Se cepilla los dientes mientras revisa las redes sociales de su móvil; hay algo de política, un presidente que revela una conspiración milenaria de unos cuantos personajes contra la humanidad; feministas irrumpen en un las oficinas de una productora ligada con el tráfico de infantes (desliza de inmediato hacia otro lado, no le gustan tales notas); y le llega un fulminante mensaje que dice así:

Puto, contesta mis mensajes o revelo los fotos con tu maricón.

Mauricio se queda con la boca abierta. El emisor es Pedro.

¿Fotos? ¿Maricón? ¿Por qué…? ¿Cómo sabe?

Recibe otro mensaje.

¿Estás bien? Realmente te extraño

Roberto.

Se siente extraño. Gélido. Los miembros se contraen. Todo sabe agrio. Su madre no está. Su pare nunca estuvo. Nadie está para él en estos momentos que necesito un consejo. ¿Cómo demonios sabe lo de Roberto?

Bueno, tal vez no se refiera a Roberto. Algunas veces que experimento antes de Roberto. O no. La cuestión es qué demonios quiere Pedro de Mauricio; qué carajos le puede ofrecer Mauricio a Pedro.

Abre el mensaje de Pedro.

Es él, Roberto. Besándose con Mauricio. En la única fiesta que se emborrachó tanto que hubo un momento en que olvidó que era visto por otros. De seguro fue esa vez. Recuerda cómo vistió él.

—Maldita sea.

Y termina el mensaje con:

Hay más.

¿Por qué no se lo dijo antes…? ¿Acaso Pedro esperó a algún momento para poder chantajear a Mauricio? Pero, ¿con qué? ¿Para qué? ¿Qué podría ofrecerle?

“Ojalá no sea algo sexual. No. No lo haría con Pedro. Me da asco. Comprendo a Paola en eso. Incluso más”. Sigue leyendo, mira hacia el tope de la conversación y ahí encuentra poco a poco la clave, mientras lee:

Mau, te confieso algo…

No, no fue del todo cierto lo que te conté ayer. No pude decirte la verdad.

Bueno, sí te dije, pero nomas parte de lo que pasó. ¿No me alecciones con tus cagadas, okey? Mira, joder, yo sí le pegué a Peola y mui duro. Durísimo. Creo que la noquié y la deje inconsciente en el suelo, mientras la seguia patiando. Me di cuenta porque ya no jadeaba. Y dije MIERDA la mate, pero no, seguía respirando, con los ojos bien cerrados.

[Termina el primer mensaje]

No quedo ahí. Te confieso que me la cogi otra vez. Esa condenada se veia mui bien dormida, aun con el ojo morado.

Pero cuando desperto la pendeja empezo a amenazarme con que me demandaria, que le llamaria a la policia, que iba a acabar con mi carrera, que me iban a cortar mi vergota… y no pude soportarlo y le pegue otra vez. Y otra vez. La dejé medio fea. Pero vive, Mau.

Si te preguntas porque carajos te estoy contando esto, es porque si se lo cuento a mi psicologa ella va a mandar al carajo eso de confidencialidad entre paciente y médico, o esa mierda, y le va a llamar a la policia. Yo no quiero ir a la carcel, Mau, nunca. Imagina alguien como yo con una vergota, me van a volver una estrella porno gay y no quiero ser como tú.

[Termina segundo mensaje]

Si, ya se que eres maricón. Pero no pasa nada, yo respeto a los maricones. Pero necesito de tu ayuda. Contesta.

[Termina tercer mensaje]

CONTESTA, carajo.

[Termina cuarto mensaje]

Es mejor que la amarre en el armario o en el sótano o? Ah que digo, no tengo sótano, vivo en un maldito condo…

[Termina quinto mensaje]

Contesta a alguna llamada o mensaje, joder.

[Termina sexto mensaje]

ME MORDIÓ LA PUTA, tuve que asfixiarla hasta dormirla, así como tú sabrás, maricón.

[Termina séptimo mensaje]

¿Vas a contestarme?

[Termina octavo mensaje]

Puto, contesta mis mensajes o revelo los fotos con tu maricón.

[Termina noveno mensaje]

Hay más.

[Termina el último mensaje]

Mauricio queda eternamente conmocionado.

Cuando llegó el siguiente mensaje, Mauricio no sintió los varios minutos que se quedó mirando el lavabo. Esto está muy mal y no entiende por qué lo contactó a él, ni que fuera realmente su amigo. Pedro es un psicópata, todos los sabían, pero no creían que llegara lejos. Bueno, pues ahora ya dio un paso adelante, y Mauricio lo sabe.

Mauricio, dudoso, abre el último mensaje. Y es ella, amarrada, golpeada, parece que estaba llorando. El mensaje dice:

Eh, en serio, contéstame, esta puta empezó a llorar mucho, mira el rimel chorreado. Necesito tu ayuda con algo. Contesta.

“¿Ayuda? ¿Con qué?”, más de una vez Mauricio le dijo a Pedro que no le gusta lastimar a nadie, menos a las mujeres, siempre que lo hacía recordaba a su difunta madre y eso le ha dolido mucho. La violencia no es parte de su forma de ser, aunque para Pedro sea otra historia.

Respira hondo. Piensa que todo pasará. Todo saldrá bien. Pedro quizás sea razonable; no, de hecho, tiene que serlo, porque puede que una vida esté en peligro. “Maldita sea”. Mauricio quería paz, tranquilidad, una ecuación que resulte a cero problemas.

De pronto le llegan pensamientos de huida, o hasta suicidas. Podría irse lejos, a las Bahamas, como Kevin, fingir que vive como un extranjero acaudalado, cargando grandes fajos de billetes, en dólares. O matarse. Quitarse la vida. Ahí tiene a la bañera; sólo tomarse algunos analgésicos que conoce muy bien, los usa casi a diario para el trabajo, cuando las cosas se ponen hardcore en sus sesiones; se abre las venas en cortes verticales, y listo, así como lo hizo la legendaria actriz porno rusa, una tal Kaska. Dicen que no sintió nada, sólo que se adormecía y ya.

No. No son opciones. Claro que no eran. Mauricio quiere vivir largo, tener cierta plenitud, donde el epicentro sean paz y tranquilidad. Ha tenido que sufrir muchos trabajos que no quiso hacer, hasta ha tenido que consumir viagra con cocaína para poder follar con mujeres de las que ya no se sentía tan atraído. Lo peor fueron cuando sus amistades le dejaron de hablar, por causas morales o de envidia.

Él quería volver a ser normal. Piensa en cortarse la verga y quitarse ese gran peso de encima. La plenitud está en que nada pese, nada te deje soterrado en un mundo lleno de apariencias que antes solía saborear con paroxismo juvenil.

Toma su celular y llama a Pedro.

Al primer timbre responde.

—Mau, perdón que te haya enviado esas fotos, pero es que no contestabas… —se escucha nervioso, alterado, pero con algo de urgencia.

—Qué quieres, Pedro.

—Eh, este…

Se escucha la respiración de Pedro.

—Ya no quiero entrar a detalles,  no quiero que me veas como un psicópata, porque no lo soy, sólo tengo una crisis y tengo que resolverla con un amigo, ¿sí? No jodas con que no somos tan amigos, porque yo sí te considero el mío…, pero no soy tonto, sé que es difícil quererme, eh, aunque te prometo que vale la pena estar bien conmigo.

—Sí, con tus chantajes no queda de otra.

—Eh, eh, no lo tomes tan a mal, estoy en una puta urgencia con una puta que me mordió y no pienso bien las cosas.

Pausa.

—Dime qué quieres.

—Mira, escucha bien, yo necesito que vengas y dejes el celular ahí en tu pent, no te lo traigas. Todos los SMS bórralos, todos, no son traceables los míos, pero los tuyos sí, así que no quiero nada de alborotos después de esto.

—No creo que sea necesario, Pedro, no diré nada. Sólo dime qué quieres…, y te pido que dejes a Paola en paz, ella lo entenderá si la hacemos razonar.

—¡EXACTO! Ven, ven y hablamos con ella, la convencemos que se quede calladito y san se acabó todo —no termina—. Pero…

—¿Pero…?

—Hay otros detalles. Ya ven.

—Pedro, qué otros–

—¡Ya ven, joder! Maldito pelotudo de mierda, entiende que ya no quiero hablar por aquí. Ven o saco todas tus mariconadas en las redes.

Mauricio tiene el impulso de preguntarle que si de dónde sacó todo lo de su affair, pero se lo aguanta.

—Allá voy.

—Bien, bien, aquí te espero, ya se lo había avisado al portero.

—Sólo te pido que no hagas más… cosas.

Pedro cuelga.

—Maldición.

Ser una estrella porno no es fácil.

 

CONTINUARÁ…

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