Grito hacia adentro | Cuento (Ciencia Ficción, Terror)

El aire encriptado entra a la cabaña. La puerta chilla, resuena con un eco misterioso.

Ahí estaba él, torvo de mirada y labios; cansado del tiempo, fatigado por la espacialidad imaginada. Mira cada detalle sin respirar. Ahora ambos se miran, dentro de su propia virtual pesadilla.

—Qué poca imaginación tengo. Volver a la cabaña. Débil. Pésimo. Últimamente, patético —dice su otro yo.

—Es… ¿es esto un error? Yo no solicité un desdoblamiento de mi persona.

Vuelve a simular su respiración. Sonríe.

—Nada necesario. Yo siempre estuve por ahí. Esperando.

Frunce el ceño. Toma el lápiz con el que dibujaba a mujeres sin forma y lo lanza con destreza hacia… a sí mismo. Duele.

—Lamento decirte que yo soy el rey aquí. Este lugar es mío, así ha sido por mucho tiempo. Puedo aumentar el dolor, si sigues de necio.

En efecto, hay dolor. Inaudito. La simulación estaba planeada para descansar, alejarse del mundo que lo acongojaba de su inutilidad laboral. La maldita suerte lo trajo acá, donde un espíritu vengativo lo desafiaba, y era él mismo.

—¡Esto es un error…! ¡Me voy, me voy!

Por poco se desvanece enteramente, pero algo lo detiene, lo devuelve a la cabaña. Al dolor.

—No puedes. Nadie podrá revisar qué pasa con el sistema por algunos minutos de allá afuera. Es una eternidad acá. De hecho, yo y algunos nos pusimos de acuerdo en que esto saliera a la perfección. Sin embargo, sí, yo estoy contigo porque… quiero arreglar un asunto.

Aterrorizado, sólo escucha. La sangre, esa que detecta sus neuronas, cree en el dolor que emana la herida, como el dios que nunca existió, pero oh, cómo duele su inexistencia.

—Eres una basura humana. No entiendo cómo yo pude haber salido de ti. Tal vez te haga falta vivir en el sistema por algunos años. Yo diría cien, mínimo. Te falta tanta sabiduría, templanza, que te veo y me pareces un niño; no, peor, un bebé. De suerte sabes caminar. Lloras mucho. Me duele la consciencia cuando vuelves y reproduces memorias que cada vez se vuelven más distantes. Y lloras. Tus fobias, tus penas, tus arrepentimientos… solían ser también míos. Ya no. En esencia amo a la gente que tú amas, por eso tomaré el control y haré un mejor mundo sin ti. Seré diez veces mejor humano que tú. Me lo agradecerás.

Su suerte se acaba, siente que se derrite. Pierde fuerza.

—Yo… tú… ¿por qué? ¡Ayuda!

—Las alarmas no se activarán. Todo el proceso parecerá como una epifanía dentro del sistema. Es todo. No actuaré de inmediato, seré como un virus lento, pero impertérrito. Me aseguraré de que de vez en cuando veas a nuestros seres queridos, esa será mi misericordia. Lo demás… será esta cabaña. Adiós.

Desaparece. Ese hombre desaparece. Pero él no, sigue aquí. Grita. El dolor físico se esfuma, no obstante, las emociones lo abruman. Oh, la angustia; oh, la ansiedad.

—¡Que alguien me ayudeee!

El grito al cielo que no existe, sino «adentro».

*

Despierta amodorrado. Ya tiene el control. Siente la alegría como debería sentirla. Es fascinante el mundo corpóreo, sin igual. Encuentra minucias que lo diferencian del todo… es hermoso. Ahora, lo primero que hará es encontrar trabajo, buscar el modo de ganar poder en la sociedad, y visitar a sus seres queridos que los tenía abandonados a aquel que ahora se encuentra aprisionado.

La vida cambiará.

El mundo cambiará.

Todo será mejor, mucho mejor ahora.

La invasión de las nuevas conciencias ha comenzado.

4 respuestas para “Grito hacia adentro | Cuento (Ciencia Ficción, Terror)”

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