Existencia (1) | Cuento (Ciencia Ficción, Fantasía)

La música etérea la despertó cuando las cápsulas se abrieron.

Sus alargadas pestañas sacudieron lentamente el hidrógeno congelado. Labios blancos, luego carmesí. Un pequeño cuerpo, perteneciente a una niña, recobra su vida, mirando con fijeza a su alrededor, aun extrañada como si todavía fuera parte de un sueño. Las máquinas, un poco silentes, la saludan. Algo o alguien esperaba su despertar.

—Bienvenida al mundo de los vivos, o de los que quedan, Nina.

Nina percibe el aroma del café. Le sugieren recuerdos de un pasado distante, con un padre amoroso, pero siempre cansado. Quiere levantarse.

—No, no, todavía no hagas movimiento bruscos. Deja que tus pulmones respiren un poco más.

La niña hace caso, más por agotada, que por obediente. Sonidos de la infancia abruman sus sentidos, entre risas y llantos. Respira muy profundo.

—Bien, bien, así es… respira, exhala… es lo que necesitas, mi niña.

Sigue respirando, oxígeno y remembranzas que flotan en el aire. Una lágrima choca contra una fosa nasal. El viejo, ese hombre que le hablaba, sonríe con un matiz amargo. Después de un largo sueño la mente tiene que reestablecerse, a veces con poco decoro y algo de sufrimiento.

—No me siento…  bien…

—Lo sé, eso pasa… deja que tu cabeza solita se recupere; en un ratito estarás plena, ya verás.

El viejo, ahora, ve dos pantallas.

Buena oxigenación.

Sinapsis cada vez más estable.

Ritmo cardiaco como la de cualquier infante sano.

—Todo bien, mi estimado Roy.

Otra vez, menos natural, le responde.

—Los cálculos son certeros, aun pasando más de los quinientos años acordados.

El viejo ríe, mira a la niña.

—Ya pareces humano con ese ego.

—Eso es culpa tuya, Dr. Antiopolous.

No parece tan complacido al escuchar su nombre de ese modo.

—Te dije que corrigieras tu manera de llamarme, ¿acaso estás glitcheando? Tendría que reestablecerte, lo cual retrasaría años de personalidad.

Carraspeos mecánicos, las pantallas cambian a un ligero color violeta.

—Oh, no, no será necesario. La verdad es que lo omití porque no es vital para la misión.

—Vaya que lo es, maldita máquina arrogante. Yo soy el que va a tratare, nadie más, así que encripta ese nombre y ahora llámame Chad.

—¿Dr. Chad? —pregunta Roy.

—Como quieras, pero varíale entre decirme Dr. y solamente Chad. Y háblame en segunda persona informal. Extraño que me llamen así —se toma una pausa, pensando en detalles del ayer—. Es de tontos quedarse ensimismados en lo que fuimos, lo que nos toca es avanzar con lo que nos queda.

—Ve, por eso mismo no creo vital–

—¡Pero no me vuelvas a decir doctor ni nada de títulos! A eso me refería. Soy Chad, y ya. Un viejo tonto que nomas le queda resolver lo imposible junto a una consciencia artificial igual que tonta que su operador.

Un dejo melancólico en su último mensaje, pero para esto, ya Nina andaba en dos pies.

—Eh, tú, ¿quién te dio permiso para levantarte? —risueño, en verdad divertido, Chad admira a la vivaracha niña que ronda en cuarto.

—¿Me llamo Zarina, Marina o…? —se queda la niña, intentando recordar.

Chad parece un poco preocupado.

—¿Sí revisaste lo suficiente…?

—Sí, yo te dije que fallas temporales como estas pasarían.  Tú te orinaste al–

—Ya, está bueno. También lo sé. Sólo estoy distraido. Llevo años sin ver a alguien real.

—Yo soy real.

—Pero vivo, ¿entiendes? Carne y hueso.

—Entiendo. Igual me siento complacido que ya no tenga que interactuar mucho contigo. Me iré a revisar el laboratorio.

—Hazlo. Y la comida también. Hará falta pronto.

—No olvidemos el baño…

—Eso que ni qué. Ya sabes qué hacer mejor que este viejo. Anda.

Au revoir.

Ese sonido constante de la voz de Roy se apaga. Ahora la niña está frente al viejo que no para de sorprenderse de su agilidad y sigilo. Su boca la tiene bien abierta.

—Señor, ¿quién… soy?

Chad retoma su sonrisa melancólica.

—Oh, mi niña… tú eres…

Lo piensa, lo piensa bien. Pero recuerda a ciertos rostros que no volverá a ver jamás.

—Eres… la última esperanza de la nueva humanidad.


Existence. pintura por Amrita Depraz; modificada.

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