Acero rojo, estrella negra: así imploraron los mortales

Tenebris Ficta

I

La batalla estaba perdida, el ejército de Su Real Majestad Ruodolf XXIII sería vencido y así conquistado su reino por los hombres del Ocaso, esos salvajes que usaban magia negra y que adoraban a las estrellas como si de dioses se trataran. No había nada que hacer, los pocos soldados que aún resistían pronto verían su moral agotada y entonces los bárbaros aniquilarían hasta el último de ellos; después acabarían con los generales y hasta el mismo rey, y se adentrarían en el país sembrando terror entre las buenas gentes.

Ese era el pensamiento que dominaba a cada uno de los que combatían y veían a sus compañeros caer mientras trataban de detener al enemigo; de todos excepto Gent Aermann, el más joven de los tres generales de Su Majestad. Él había crecido en las Montañas Carmesí, donde las costumbres eran diferentes a las del resto de los pobladores…

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