Lo que no resultó ser | Amistades Literarias (Marggie Ramírez)

Flores de Alelí

He confundido demasiado con el amor,
como aquellos abrazos bajo un cielo gris a punto de caerse
como aquellos lirios rosas que me obsequiaste un Enero cualquiera
como esos besos de despedida en la estación del autobús
como esas notitas que escribías en la puerta de la nevera.

He confundido demasiado con el amor,
como aquellos días que vi despertarte cada mañana
como aquellas noches que te quedaste dormido viendo mi serie favorita
como esos veranos donde el sol iluminaba tus ojos
como esos inviernos donde la nieve golpeaba nuestro techo.

He confundido demasiado con el amor,
lo he llamado de una docena de nombres diferentes
lo he visto arropado en distintas sábanas color pastel.

He aprendido sus números
he olvidados sus voces
he querido su alma
y he dejado de quererlas también.

He confundido demasiado con el amor,
en especial aromas
en especial personas
Y sobre todo
dolores.

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Química y nada más. | Amistades Literarias (Marggie Ramírez)

Flores de Alelí

La ciencia dice que el amor es cuestión de hormonas, pura química fundamental donde los neurotransmisores son los encargados de dicho trabajo. Oxitocina, dopamina, serotonina… todo es un ciclo en la neurobiología del amor y yo lo sé, lo he estudiado, lo he aprendido.

La lógica del cuerpo humano ante los sentimientos es un poco más simple de lo que la mayoría piensa, no hay mayor trasfondo en mirar un rostro y quedarse estupefacto con las pupilas dilatadas, no hay demasiadas explicaciones que demuestren la naturalidad de sentir que las rodillas tiemblan al acariciar una mejilla sonrojada. Amar es un acto sencillo para la piel, para los nervios y para el cerebro, todo lo entiende, lo comprende, lo asimila… no hay incógnitas en este proceso que es tan habitual como soñar o beber té, no hay grandes sucesos heroicos anatómicamente tras enamorarse, y yo lo sé, lo he memorizado, lo…

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Geometría | Amistades Literarias (Marggie Ramírez)

¿A dónde van los sueños que se aferran a nuestras almas?

Flores de Alelí

Sentada en un ángulo rectángulo de un paralepípedo me quedo pensando si todas las cárceles tienen nombre, creo que sí, como también hay cientos de prisiones que llevan nombres coloquiales o poseen algún título creativo para que suene bonito.

Desde que nacemos nos colocan esposas imposibles de detectar ante el ojo humano, pero están ahí, nos atan a paradigmas sin preguntarnos antes, nos encadenan a estándares que debes seguir hasta que tu cuerpo ya no sirva más y solo la tierra quiera llevárselo.

¿Pero qué con nuestra libertad?

¿A dónde van los sueños que se aferran a mi alma? ¿O acaso es que los sueños mueren y de paso el alma también?

No quiero seguir llorando escondida sobre la arista mientras imagino las llaves de estas esposas que me atan al olvido; lo único que quiero es romper el molde y caminar, caminar hasta encontrarme.

 El mundo es redondo, no…

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