Cuando te encuentras a ti mismo y te dan ganas de invitarte dos de tripa y uno de longaniza bien frita | Cuento

Yo, pues, como siempre andaba por «ahí», de ocioso, caminando en la noche por el parque, tal vez ejercitando con rectitud a mi lindo cuerpecito, tal vez respirando aire casi fresco para absolver las penas, o digerir las pesadas cenas, bobeando de un lado a otro, o hasta viendo a un perro cómo defeca mientras …