El forjador de la espada (republicación) | Amistades Literarias (Edgardo Villarreal)

Buenas letras fantásticas de mi querido amigo Edgardo Villarreal. Visiten a su blog; ¡se maravillarán!

Algún lugar en la imaginación

A pesar de que me encanta la fantasía (es lo que más leo), es poco lo que me he atrevido a escribir de este género. No sé por qué motivo me pase; quizá por miedo de no “dar el ancho” o porque simplemente al sentarme a escribir fluyen más otras cosas, pero lo he hecho en un par de ocaciones y este cuento es muestra de ello. El forjador de la espada está asentado en un mundo (fantástico) que he venido construyendo desde ya hace varios años y del que espero escribir más historias pronto.

Se encontraba en la ladera de la montaña, en la entrada de una cueva, la cueva que había descubierto hace apenas unos meses atrás y en la que había construido una forja.

Había ido en busca de ese lugar justo después de haber tenido un revelador sueño en el que le había sido mostrado que…

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La estrella en la cajuela III (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento (Noir, Thriller, Masticadores México)

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VIII

Mel Gibson dirigió el recorrido desde el asiento del copiloto y llegaron a un lugar que parecía estar deshabitado; un lote de antiguas bodegas les dio la lúgubre bienvenida, pero parecía que Mauricio podía ver a dos hombres que les hacían frenéticas señas para que se acercaran.

[—Estaciónate aquí —dijo Gibson.]

[—¿Sí conoces el lugar?]

[—¡Claro que sí! Aunque, bueno, hace tiempo que no venía, pero el dueño de estas viejas bodegas es fanático de la saga de Mad Max… Le gusta eso de las cosas post-apocalípticas con mucha acción.]

“¿No que no tenías amigos a la mano?”, exaltado se preguntó Mauricio. Sin embargo, pensó que Mel Gibson era humano y a veces su mente le fallaba. Tal vez no quiso mencionar esta opción y por alguna razón se la guardó dentro de la manga de su psique.

Podían ver motocicletas, escuchar música heavy

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La estrella en la cajuela II (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento (Noir, Thriller, Masticadores México)

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IV

La siguiente escena, aunque no dramática, es petulantemente extraordinaria: no es común abrir una cajuela y encontrarte a una estrella de Hollywood viéndote con ojos encolerizados mientras una cinta cubre su boca y, esa celebridad, aparte de su claustro, se encuentra amarrada con sogas bien apretadas que sujetan todas sus extremidades.

El olor al alcohol asedió las fosas nasales de Mauricio. También había otro detalle, algo que olía familiarmente muy mal.

El hombre aprisionado entre sogas y cintas adhesivas empezó a convulsionar contra la cajuela del automóvil; de igual manera quiso dar infructuosos brincos que lo lastimaban aún más; se escuchaban unos feroces«HUM… HUM» entretanto trataba de desamarrarse con jirones de sus barrotes de nailon. Incluso, creyó ver que algo de espuma salía por alrededor de su boca.

“Mel Gibson”; después enlistó en su mente: “Arma mortal, Mad Max, Apocalypto

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La estrella en la cajuela I (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores (Cuento largo, Thriller, Masticadores México)

¡Y de nuevo tenemos de vuelta a La estrella en la cajuela! 😀

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FADE IN:

I

 

En una noche de estrellas estrelladas, Mauricio recargaba sus posaderas en un viejo Cadillac.

Desde aquel nocturno panorama, él y su automóvil parecen dos pequeños puntos debajo de la pintura de un cielo púrpura e inmenso. Se podría decir que el amanecer estaba avisando su llegada, pero la verdad es que este narrador no se comprende bien con la astronomía, así que, digamos, solamente estaba muy entrada la noche.

A Mauricio le encantaba contemplar la nada porque en verdad nada veía, parecía que contemplaba aquel cielo tan sublime con aquella mirada de bizarro jinete solitario. Él, inconvenientemente, tenía puestas las gafas de sol porque pensaba que le proporcionaban algún tipo de defensa o, incluso, estatus social.

Esperó minutos y fue a orinar a un feliz cactus, luego volvió al Cadillac y se recostó sobre el cofre. Duró, tal vez, una…

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El olvido del olvido: anti-Memento por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores (Absurdo, Microcuento, Thriller, Masticadores México)

Un microcuento para el día de hoy.

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Don Reynaldo buscaba entre sus botas aquella nota que le dejó Matilda para recordar su pasado, lo básico para su existencia; ahí estaba y mejor se fue a dormir.

Pero, en un natural descuido, él perdió la memoria al despertar, como usualmente pasa, y al no reconocer las botas que tenía al lado de su cama, se puso otras que encontró más cómodas para sus pies, aquellas que habían sido de su difunto hermano, aquel que mató en la colina hace algún tiempo inmemorable.

Sin embargo, don Reynaldo no lo recuerda y, al parecer, nunca más lo recordará.

Blog de Diego Moreno: Kentucky Fried Lit.

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En aquel, en que el mar (segunda divinación) por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores, Poema (Fantasía, Masticadores México)

Segunda edición,
linda segunda edición.

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En aquel,
en que el mar
y la tierra
se asomaron,
se encontraron,
y
se enamoraron;
el inicio de los inicios comenzó:
el hombre divino de los cielos
platicará con uno de sus súbditos alados
mientras sus ojos de avellana
inmolarán miles de recuerdos presentes;
su súbdito sonreirá cándidamente
y él mirará al suelo
con furia y rabia,
y una pizca de nostalgia,
hasta que unas diminutas campanas
entrelazadas con un velo blanco
tintineen…;

[…].

Y el cielo sube, y el cielo baja…;

[…].

Los ojos de Rodrigo,
apuntando hacia la novia,
buscan la mirada de la futura esposa
que, pomposa,
porta un par de pequeñas campanas…,

[…].

Pero el rojo amanecer se la llevó,
todas las idas e huidas quedaron estáticas,
tiempo y espacio se separaron,
aunque detenidos por una mano divina;
Rodrigo ve el vacío de la vida,
con sus ojos llora la triste…

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Existencia (1) | Cuento

La música etérea la despertó cuando las cápsulas se abrieron. Sus alargadas pestañas sacudieron lentamente el hidrógeno congelado. Labios blancos, luego carmesí. Un pequeño cuerpo, perteneciente a una niña, recobra su vida, mirando con fijeza a su alrededor, aun extrañada como si todavía fuera parte de un sueño. Las máquinas, un poco silentes, la saludan. …