Sueño (segunda ensoñación) por Diego A. Moreno | Cuento (Fantasía, Surreal, Masticadores México)

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Kosuke dibujaba la alborada que soñó; desde los tonos cálidos que recordaba, se dio cuenta que se trataba de su alma, y así con un fragmento del lápiz con el que dibujó los contornos de su más prístina ontología, después ambientó el espacio celeste, trazando líneas paralelas y concéntricas con un pincel delicado, de cabellos finos recolectados, hasta llegar a un sol penitente, asomándose entre cerros de marfil, enclaustrados sobre una selva de pinos boquiabiertos, y un cielo crispado por la pena de no valerse de la finitud de este dominio abstracto.

Ya conmocionado, se sentó en el taburete que construyó junto a su padre, carpintero de nacimiento, para recordar las bases de un oficio y su vocación, de cuando palo y piedra podían construir un castillo, o una ociosa idea literaria en canciones y naciones; de estas ambas son ocupaciones de almas aterradas que…

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Cacarámba (primera terrorificación) por Diego A. Moreno | Cuento (Fantasía, Terror, Masticadores México)

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

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Cacarámba, con ojos desorbitados, estaba en el pórtico hablando consigo misma.

—Cuándo llegarás mi amor, vida, del todo consuelo mío, mío…

Cacarámba siguió sin respuesta, así, meses, años; pero de tanto hablar sola, desde su psique se creó una voz divina, sabia, que todo lo sabía, todo lo sientía. Era, de hecho, la citación de las últimas palabras de su amado, antes de partir para nunca jamás verlo de nuevo.

«Sigue mi consejo, y no mires al ufano Océano, si no, morirás de soledad en él, ya que, el temible abismo de Neptuno, es tan profundo, triste e infinito, que te comerá viva; pero antes de morir, suspirarás la más terrible tristeza…».

Así, Cacarámba recordó por un tiempo esas palabras de su dios interior.

(…).

La vida pasó como un rayo entre la sequía: experimentando el mundo llano y estéril, pasaron por su cuerpo hombres…

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Los señores de la verdad (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento (Fantasía, Terror, Masticadores México)

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

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Despierte, Señor de la Verdad…

Chispas y estrellas terrenales.

Rojo.

Luz.

Las pupilas se dilatan, después se contraen.

El Señor de la Verdad se da cuenta que sigue vivo, nada en su mundo desapareció. Un duro pesimismo entra en su ser; y ese mismo día quiso decir la verdad, acción cáustica que rompería con todo esquema de su labor periodístico.

Oculto, detrás de su escritorio ovalado, se abraza a sí mismo. Congela los minutos de falacias encontradas en un sólo sentimiento: el escozor de esos discursos, espejismos de significados, palabras diáfanas que se diluyen con un poco de criterio o razonamiento crítico.

Abre su boca, apenas dos centímetros, o tres. La vuelve a cerrar. Su compañera intenta motivarlo; ella es Luisa«Algo», de quién no recuerda su apellido, que a final de cuentas es innecesario, prescindible; mejor ponerle un número, muchos números, sí, de los tantos mercenarios…

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La estrella en la cajuela III (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento (Noir, Thriller, Masticadores México)

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

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VIII

Mel Gibson dirigió el recorrido desde el asiento del copiloto y llegaron a un lugar que parecía estar deshabitado; un lote de antiguas bodegas les dio la lúgubre bienvenida, pero parecía que Mauricio podía ver a dos hombres que les hacían frenéticas señas para que se acercaran.

[—Estaciónate aquí —dijo Gibson.]

[—¿Sí conoces el lugar?]

[—¡Claro que sí! Aunque, bueno, hace tiempo que no venía, pero el dueño de estas viejas bodegas es fanático de la saga de Mad Max… Le gusta eso de las cosas post-apocalípticas con mucha acción.]

“¿No que no tenías amigos a la mano?”, exaltado se preguntó Mauricio. Sin embargo, pensó que Mel Gibson era humano y a veces su mente le fallaba. Tal vez no quiso mencionar esta opción y por alguna razón se la guardó dentro de la manga de su psique.

Podían ver motocicletas, escuchar música heavy

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La estrella en la cajuela II (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento (Noir, Thriller, Masticadores México)

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

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IV

La siguiente escena, aunque no dramática, es petulantemente extraordinaria: no es común abrir una cajuela y encontrarte a una estrella de Hollywood viéndote con ojos encolerizados mientras una cinta cubre su boca y, esa celebridad, aparte de su claustro, se encuentra amarrada con sogas bien apretadas que sujetan todas sus extremidades.

El olor al alcohol asedió las fosas nasales de Mauricio. También había otro detalle, algo que olía familiarmente muy mal.

El hombre aprisionado entre sogas y cintas adhesivas empezó a convulsionar contra la cajuela del automóvil; de igual manera quiso dar infructuosos brincos que lo lastimaban aún más; se escuchaban unos feroces«HUM… HUM» entretanto trataba de desamarrarse con jirones de sus barrotes de nailon. Incluso, creyó ver que algo de espuma salía por alrededor de su boca.

“Mel Gibson”; después enlistó en su mente: “Arma mortal, Mad Max, Apocalypto

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La estrella en la cajuela I (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores (Cuento largo, Thriller, Masticadores México)

¡Y de nuevo tenemos de vuelta a La estrella en la cajuela! 😀

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

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FADE IN:

I

 

En una noche de estrellas estrelladas, Mauricio recargaba sus posaderas en un viejo Cadillac.

Desde aquel nocturno panorama, él y su automóvil parecen dos pequeños puntos debajo de la pintura de un cielo púrpura e inmenso. Se podría decir que el amanecer estaba avisando su llegada, pero la verdad es que este narrador no se comprende bien con la astronomía, así que, digamos, solamente estaba muy entrada la noche.

A Mauricio le encantaba contemplar la nada porque en verdad nada veía, parecía que contemplaba aquel cielo tan sublime con aquella mirada de bizarro jinete solitario. Él, inconvenientemente, tenía puestas las gafas de sol porque pensaba que le proporcionaban algún tipo de defensa o, incluso, estatus social.

Esperó minutos y fue a orinar a un feliz cactus, luego volvió al Cadillac y se recostó sobre el cofre. Duró, tal vez, una…

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El olvido del olvido: anti-Memento por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores (Absurdo, Microcuento, Thriller, Masticadores México)

Un microcuento para el día de hoy.

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Don Reynaldo buscaba entre sus botas aquella nota que le dejó Matilda para recordar su pasado, lo básico para su existencia; ahí estaba y mejor se fue a dormir.

Pero, en un natural descuido, él perdió la memoria al despertar, como usualmente pasa, y al no reconocer las botas que tenía al lado de su cama, se puso otras que encontró más cómodas para sus pies, aquellas que habían sido de su difunto hermano, aquel que mató en la colina hace algún tiempo inmemorable.

Sin embargo, don Reynaldo no lo recuerda y, al parecer, nunca más lo recordará.

Blog de Diego Moreno: Kentucky Fried Lit.

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En aquel, en que el mar (segunda divinación) por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores, Poema (Fantasía, Masticadores México)

Segunda edición,
linda segunda edición.

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

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En aquel,
en que el mar
y la tierra
se asomaron,
se encontraron,
y
se enamoraron;
el inicio de los inicios comenzó:
el hombre divino de los cielos
platicará con uno de sus súbditos alados
mientras sus ojos de avellana
inmolarán miles de recuerdos presentes;
su súbdito sonreirá cándidamente
y él mirará al suelo
con furia y rabia,
y una pizca de nostalgia,
hasta que unas diminutas campanas
entrelazadas con un velo blanco
tintineen…;

[…].

Y el cielo sube, y el cielo baja…;

[…].

Los ojos de Rodrigo,
apuntando hacia la novia,
buscan la mirada de la futura esposa
que, pomposa,
porta un par de pequeñas campanas…,

[…].

Pero el rojo amanecer se la llevó,
todas las idas e huidas quedaron estáticas,
tiempo y espacio se separaron,
aunque detenidos por una mano divina;
Rodrigo ve el vacío de la vida,
con sus ojos llora la triste…

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Ofrenda (segunda edición), Parte II por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores (Ciencia Ficción, Thriller, Masticadores México)

¡Segunda edición de Ofrenda! ╰(*°▽°*)╯

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Cuando entré a la escena del crimen, Charles Brown seguía vivo y el asesino, pues, asesinado. ¿Sería ese el término correcto? Un asesino asesinado. Qué patético. Es como si a mí mismo me hubiera encontrado en flagrancia otro detective haciendo cosas de policía corrupto. Lo bueno es que ya no me ensucio más. La jubilación está pronta y necesito mantenerme limpio.

Charles Brown está llorando con un cuchillo en mano, cuchillo que sangra como si tuviera vida propia. Esto no tiene más de media hora de ocurrido. La alarma que nos llegó fue premeditada, pero no fue para evitar «algo», sino para presenciar el resultado de un asesinato de alguien que no era inocente.

Lejísimos de serlo. Un asesino profesional.

Bueno, es casi imposible que un niño de siete años se haya defendido contra un asesino profesional. Esto fue un suicidio, no un acto de defensa…

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