. . . | Poema

Por la tarde renegrida, noche temprana, mañana tardía, mis dedos acarician el cielo diurno, gaseoso, omnívoro, protector malhumorado, mientras las efigies de mis manos se multiplican, danzan, gozan, respiran, devoran y desaparecen. Quiero cambiar tu mirada, esa que me deja angustiada, desesperada, existencial, zozobrada, seca de buenos tiempos, buenos pensamientos, pero el cuerpo celeste te …