La estrella en la cajuela III (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento (Noir, Thriller, Masticadores México)

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VIII

Mel Gibson dirigió el recorrido desde el asiento del copiloto y llegaron a un lugar que parecía estar deshabitado; un lote de antiguas bodegas les dio la lúgubre bienvenida, pero parecía que Mauricio podía ver a dos hombres que les hacían frenéticas señas para que se acercaran.

[—Estaciónate aquí —dijo Gibson.]

[—¿Sí conoces el lugar?]

[—¡Claro que sí! Aunque, bueno, hace tiempo que no venía, pero el dueño de estas viejas bodegas es fanático de la saga de Mad Max… Le gusta eso de las cosas post-apocalípticas con mucha acción.]

“¿No que no tenías amigos a la mano?”, exaltado se preguntó Mauricio. Sin embargo, pensó que Mel Gibson era humano y a veces su mente le fallaba. Tal vez no quiso mencionar esta opción y por alguna razón se la guardó dentro de la manga de su psique.

Podían ver motocicletas, escuchar música heavy

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La estrella en la cajuela II (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento (Noir, Thriller, Masticadores México)

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IV

La siguiente escena, aunque no dramática, es petulantemente extraordinaria: no es común abrir una cajuela y encontrarte a una estrella de Hollywood viéndote con ojos encolerizados mientras una cinta cubre su boca y, esa celebridad, aparte de su claustro, se encuentra amarrada con sogas bien apretadas que sujetan todas sus extremidades.

El olor al alcohol asedió las fosas nasales de Mauricio. También había otro detalle, algo que olía familiarmente muy mal.

El hombre aprisionado entre sogas y cintas adhesivas empezó a convulsionar contra la cajuela del automóvil; de igual manera quiso dar infructuosos brincos que lo lastimaban aún más; se escuchaban unos feroces«HUM… HUM» entretanto trataba de desamarrarse con jirones de sus barrotes de nailon. Incluso, creyó ver que algo de espuma salía por alrededor de su boca.

“Mel Gibson”; después enlistó en su mente: “Arma mortal, Mad Max, Apocalypto

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La estrella en la cajuela I (segunda edición) por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores (Cuento largo, Thriller, Masticadores México)

¡Y de nuevo tenemos de vuelta a La estrella en la cajuela! 😀

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FADE IN:

I

 

En una noche de estrellas estrelladas, Mauricio recargaba sus posaderas en un viejo Cadillac.

Desde aquel nocturno panorama, él y su automóvil parecen dos pequeños puntos debajo de la pintura de un cielo púrpura e inmenso. Se podría decir que el amanecer estaba avisando su llegada, pero la verdad es que este narrador no se comprende bien con la astronomía, así que, digamos, solamente estaba muy entrada la noche.

A Mauricio le encantaba contemplar la nada porque en verdad nada veía, parecía que contemplaba aquel cielo tan sublime con aquella mirada de bizarro jinete solitario. Él, inconvenientemente, tenía puestas las gafas de sol porque pensaba que le proporcionaban algún tipo de defensa o, incluso, estatus social.

Esperó minutos y fue a orinar a un feliz cactus, luego volvió al Cadillac y se recostó sobre el cofre. Duró, tal vez, una…

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Zona de confort | Cuento, Masticadores (Acción y Aventuras, Drama, Erótico, Noir, Thriller, Masticadores Eros)

Un relato erótico… ¡y de acción!

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Salgo del escondrijo con olor a sexo. Muchos días, muchos polvos. Ni el alcohol ni los cigarrillos atenuaron el aroma de semen y vagina. Este es el primer día que me aventuro al mundo que está afuera, esperando una señal para no volver a la caverna del sexo; pero veo suciedad, jeringas y un hombre posiblemente muerto en el pasillo. Tenía dos noches más rentadas, y quizás otra, si me quedaba en el cuarto y no pagaba la cuenta y me iba.

Oh, Roxana todavía está ahí dentro, dormida, o semi-despierta, pensando en el hombre que no folló ayer por la noche. Ana ya se había ido, tal vez a trabajar lo último que quedaba de su jornada.Pienso. Pienso. Tal vez exista después. Y…

Me divorcié para disfrutar todo lo que no se me permitió saborear, ¿no? Por eso vuelvo, abro la puerta: la fragancia vaginal, el semen desperdigado…

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Ofrenda (segunda edición) Parte I, por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores (Ciencia Ficción, Thriller, Masticadores México)

¡Ofrenda! Segunda edición ^_^

Será dividida en cuatro partes. Ya pasé una, ahora tenemos esta otra. Esperamos las dos siguientes.

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Veo las pancartas frente a mí, ondulando artificialmente una y otra vez, reclamando la atención de todos los ciudadanos para que voten por el candidato de su elección. Pudiendo usar pantallas holográficas, más baratas de por sí, preferían seguir contaminando con demagogias primitivas. No obstante, antes le veía una gracia particular a este tipo de campañas políticas, eran tragicomedias llenas de absurdos con infinita creatividad.

Dejo de ver la ventana y me paso a otro mundo de cristal, dentro del baño, herrumbroso por el descuido.

Me importa un bledo el devenir, sólo disfruto el absurdo presente. ¿Será que he perdido el gusto a la vida? Veo los guantes en mis manos, mi silenciadora Smiti y un par de ojos sin vida en el espejo. Puedo pasar por el asesino de una novela negra, nomás vean esa cara…

Y lo soy.

Mato, me pagan; aunque no siempre.

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Ofrenda (segunda edición), Parte II por Diego A. Moreno | Cuento, Masticadores (Ciencia Ficción, Thriller, Masticadores México)

¡Segunda edición de Ofrenda! ╰(*°▽°*)╯

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Cuando entré a la escena del crimen, Charles Brown seguía vivo y el asesino, pues, asesinado. ¿Sería ese el término correcto? Un asesino asesinado. Qué patético. Es como si a mí mismo me hubiera encontrado en flagrancia otro detective haciendo cosas de policía corrupto. Lo bueno es que ya no me ensucio más. La jubilación está pronta y necesito mantenerme limpio.

Charles Brown está llorando con un cuchillo en mano, cuchillo que sangra como si tuviera vida propia. Esto no tiene más de media hora de ocurrido. La alarma que nos llegó fue premeditada, pero no fue para evitar «algo», sino para presenciar el resultado de un asesinato de alguien que no era inocente.

Lejísimos de serlo. Un asesino profesional.

Bueno, es casi imposible que un niño de siete años se haya defendido contra un asesino profesional. Esto fue un suicidio, no un acto de defensa…

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